Cristina Medina, J. Blas Navarro, Iris Baños, Patricia Martinena, Jordi Vicens-Vilanova, Neus Barrantes-Vidal, Susana Subirà y Jordi E. Obiols

Universidad Autónoma de Barcelona

Las alteraciones conductuales son un predictor de esquizofrenia bastante potente, según han demostrado diferentes estudios. Adolescentes aparentemente sanos pueden presentar conductas alteradas en la línea de las que sujetos esquizofrénicos manifiestan.

 

Según el DSM-IV, la esquizotipia se caracteriza básicamente por un patrón general de deficiencias sociales e interpersonales, asociadas a un malestar agudo y a una capacidad reducida para las relaciones personales; así como a distorsiones cognoscitivas o perceptivas; y a excentricidades del comportamiento, que comienzan todas ellas al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos.

En diferentes estudios se ha descrito la relación existente entre alteraciones conductuales adolescentes y características de personalidad esquizotípica. Así, los sujetos que puntúan alto en esquizotipia presentan más alteraciones conductuales; relacionándose diferencialmente las distintas alteraciones conductuales con los subtipos positivo y negativo.

La mayoría de los estudios que abordan este tema, hasta el momento, han subrayado la habilidad de los profesores para identificar conductas que pueden ser usadas para detectar personas en riesgo de padecer esquizofrenia. No obstante, teniendo en cuenta que muchos concluyen con la falta de acuerdo entre estos y otros informantes de alteraciones conductuales adolescentes (por ejemplo, Medina y col., 2007b), se plantea la importancia de estudiar las variables que pueden estar influyendo sobre esta cuestión. Concretamente, y en consonancia con los intereses del equipo de investigación, los autores de este trabajo se preguntan si la presencia de rasgos de personalidad esquizotípica hacen más ambigua la conducta de los adolescentes, con la consecuente dificultad para definirla de manera coincidente por parte de distintos observadores, es decir, padres, maestros y los propios adolescentes que informan sobre alteraciones conductuales de éstos.

Para estudiarlo, este grupo de investigación aplicó a 160 tríadas de padres, maestros y adolescentes de 13 a 16 años seleccionados de escuelas de Barcelona, por una parte, las tres formas de la escala de alteraciones conductuales de Achenbach; y por la otra, el O-LIFE para medir personalidad esquizotípica.

Los resultados mostraron que a medida que la puntuación en esquizotipia era más alta, la discordancia también aumentaba. Concretamente, un mayor número de experiencias inusuales en los adolescentes aumenta la discordancia en problemas de pensamiento e internalizantes. La discordancia también fue mayor en agresividad y ansiedad/depresión, a medida que la desorganización cognitiva era mayor en los adolescentes. Así mismo, a más anhedonia introvertida, mayor discordancia respecto a problemas sociales, ansiedad/depresión, problemas de atención externalizantes y en general. Por último, la mayor impulsividad no conformista incrementó la discordancia en cuanto a problemas de atención, delincuencia y agresividad.

No sólo el nivel de esquizotipia resultó influyente para la concordancia entre padres, maestros y los propios adolescentes al informar de las alteraciones conductuales de estos jóvenes, sino que la variable sexo resultó ser una variable crucial. Se encontró que en chicas la discordancia entre informantes en ansiedad/depresión es mayor que en chicos. No obstante, esto varía al considerar los efectos de interacción entre sexo y esquizotipia.

De este modo, pudo observarse un efecto diferencial en chicos y chicas del aumento de la impulsividad no conformista y de la anhedonia introvertida. Concretamente, la discordancia entre informantes era mayor al evaluar ansiedad/depresión en chicos cuando la impulsividad no conformista era mayor; al revés que en chicas. Además, la discordancia en la subescala internalizante aumentó a la vez que lo hizo la de anhedonia introvertida en chicas, pero decreció para el caso de los chicos.

Parece claro que ninguna de las fuentes de información pueden sustituirse por las demás a la hora de evaluar las alteraciones conductuales adolescentes, sobre todo cuando se trata de alteraciones internalizantes, y de ansiedad/depresión en chicas.

Cuando la atención se centra en los adolescentes que puntúan alto en esquizotipia, la concordancia entre informantes obtenida es aún menor. Las conductas características que ya otros autores encontraron relacionadas típicamente con cada subtipo de esquizotipia suelen ser en las que mayor concordancia hay a la hora de percibirlas. Por ello, se considera a la conducta no predominante en los distintos subtipos de esquizotipia un claro indicio que puede llegar a generar dificultad para percibirla de forma similar por parte de los diferentes observadores e informantes, con la consecuente aparición de discordancia entre ellos en estas escalas.

 

Con objeto de seleccionar sujetos vulnerables a la esquizofrenia y poner en práctica programas de intervención temprana, es necesaria una herramienta lo más exacta y objetiva posible para evaluar las alteraciones conductuales adolescentes, un criterio predictor altamente demostrado. Se hace más evidente la necesidad de un tipo de aproximación multidimensional, multisituacional y multiinformante al evaluar estas alteraciones conductuales, especialmente en adolescentes con personalidades caracterizadas por rasgos esquizotípicos.

El artículo original en la que se basa esta noticia puede encontrarse en la revista Salud Mental: Medina, C., Navarro, J.B., Baños, I., Martinena, P., Vicens-Vilanova, J., Barrantes-Vidal, N., Subirá, S., Obiols, J.E. (2007). ¿Explica la esquizotipia la discordancia entre informantes de alteraciones conductuales adolescentes? Salud Mental, 30 (4), pp. 24-30.

Sobre las y los autores:

Cristina Medina es Psicóloga y personal de investigación en el Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus líneas de investigación están centradas en percepciones y procesos familiares en torno a la emoción expresada en esquizofrenia, y a las alteraciones conductuales como medios de detección precoz de trastornos psicóticos en adolescentes con esquizotipia.

J. Blas Navarro es Profesor de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su investigación se centra en la modelización multinivel y en el tratamiento de valores desconocidos. También participa en diferentes líneas de investigación en psicopatología.

Iris Baños es Licenciada en Psicología y Máster en Psicopatología del Adulto por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde realiza tareas de investigación desde 2003. Su línea de investigación principal se centra en la influencia del consumo de cannabis sobre el nivel de insight en pacientes con primer episodio psicótico.

Patricia Martinena es Licenciada en Psicología por la Universidad de Glamorgan (Reino Unido). Se ha especializado en neuropsicología y psicopatología del adulto. Vinculada al Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, Martinena ha publicado varios artículos y está especializada en trastornos del espectro esquizofrénico, así como en psicopatología en la población inmigrante.

Jordi Vicens-Vilanova es Profesor asociado de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona y Psicólogo adjunto del Servicio de Psiquiatría del Hospital Duran i Reinals. Su línea de investigación actual se centra en la cognición social de los trastornos psicóticos. Ha participado en diferentes investigaciones centradas en los marcadores de riesgo del trastorno esquizofrénico y es autor y coautor de artículos de divulgación científica en el campo de la esquizofrenia.

Neus Barrantes-Vidal obtuvo el doctorado en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona y realizó el Máster en Diagnóstico y Tratamientos Psicológicos en el Hospital Clínico de Barcelona. Es Profesora titular en el Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. La actividad investigadora que desarrolla se ha centrado en el estudio de factores de riesgo para los trastornos del espectro psicótico, especialmente en la esquizotipia, así como también en el papel de la interacción genes-ambiente en la genésis y patoplastia de los trastornos depresivos. Adicionalmente, tiene un especial interés en la relación entre la vulnerabilidad a la psicopatología y la creatividad.

Susana Subirà es Profesora titular de Psicopatología de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Psicopatologia i Neuropsicologia de la UAB. Investigadora en temas relacionados con las psicosis, el trastorno límite de la personalidad y la psicopatología de género. Es así mismo, directora del Màster de Psicopatologia Clínica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Jordi E. Obiols es Doctor en Medicina por la Universidad de Barcelona, Especialista en Psiquiatría y Catedrático de Psicopatología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es coordinador del Programa de Doctorado de Psicopatología infantil, juvenil y de adultos de la UAB y director del Máster de Psicopatología Clínica del Adulto, también de la UAB.