Cándido J. Inglés1, Jesús
Rodríguez Marín1 y Julio A. González
Pienda2
1
Universidad Miguel Hernández de
Elche
2Universidad de Oviedo
El análisis de las atribuciones que realizan los
estudiantes sobre las causas de sus resultados académicos resulta importante por
la influencia directa que ejercen sobre el rendimiento académico y sobre
otros aspectos cognitivo-motivacionales, tales como, la percepción que
tenemos de nosotros mismos, la concepción que tenemos sobre nuestra capacidad a
la hora de llevar a cabo una tarea o la motivación que tenemos para
aprender.
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Cada estudiante tiene una tendencia
relativamente estable a atribuir el éxito o el fracaso académico a unas
determinadas causas, independientemente de la situación escolar en la que se
encuentre. Este hecho, unido a la existencia de patrones de atribución
desadaptativos, en los que la atribución de los resultados a una determinada
causa influye negativamente en el ajuste personal y escolar de los estudiantes,
incrementa la importancia de contar con instrumentos de medida que nos permitan
identificar estos patrones y actuar sobre ellos. |
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La Escala de Atribución de Sydney (SAS) ha sido
ampliamente utilizada con estudiantes de Educación Primaria y Secundaria de
diferentes países y culturas. Sin embargo, sus propiedades psicométricas son
desconocidas en estudiantes universitarios. Por ello, el objetivo de este
trabajo fue analizar la fiabilidad y validez de la SAS en una muestra de
estudiantes españoles de Educación Superior.
Los cambios realizados en la estructura y formato de la SAS
permitieron reducir los 72 ítems iniciales a 30, distribuidos equitativamente en
seis subescalas resultantes de la interacción entre resultados académicos (éxito
y fracaso) y las causas de éstos (habilidad, esfuerzo y causas externas). Los
resultados del análisis factorial confirmaron esta estructura factorial. De esta
forma se identificaron seis factores en la escala, tres para situaciones de
éxito y tres para situaciones de fracaso.
Al relacionar las atribuciones causales con la eficacia
percibida por los estudiantes universitarios para llevar a cabo la tarea, se
observó que aquellos estudiantes que se percibían más eficaces atribuían más
su éxito a causas internas (a su habilidad para realizar la tarea y al
esfuerzo realizado), mientras que los estudiantes que se percibían menos
eficaces consideraban que factores como la suerte, la facilidad de la tarea,
etc. habían sido la causa de su logro académico. En cuanto a los fracasos, los
estudiantes que se percibían poco eficaces creían que la falta de capacidad y la
influencia de causas externas negativas (mala suerte, etc.) eran las
responsables de este fracaso.
Igualmente, los motivos que habían llevado a los estudiantes a
elegir su carrera también se relacionaron con las atribuciones, constatándose
que aquellos estudiantes que presentaban mayor motivación intrínseca en la
elección de sus estudios atribuyeron más el éxito académico a su capacidad y al
esfuerzo realizado, mientras que aquellos estudiantes que presentaban una
elevada motivación extrínseca consideraron que su capacidad y las causas
externas (suerte, facilidad de la tarea, etc.) eran las responsables de sus
éxitos.
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Finalmente, se relacionaron las atribuciones
causales con la satisfacción académica de los estudiantes respecto al estudio,
al rendimiento y al conocimiento adquirido. En este sentido, se encontró que los
estudiantes que presentaban una elevada satisfacción con sus estudios, es decir,
aquellos que consideraban que el tiempo, el esfuerzo y, en general, la forma de
estudiar eran satisfactorios, atribuyeron sus éxitos en mayor medida a su
habilidad y esfuerzo. Estas atribuciones de los resultados positivos a la
habilidad y al esfuerzo se hallaron también en los estudiantes que se
sentían satisfechos con su rendimiento y en aquellos que se mostraban
satisfechos con los conocimientos teóricos y prácticos que habían adquirido.
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Por el contrario, los estudiantes que se sentían menos
satisfechos con su estudio y con su rendimiento atribuyeron sus éxitos en mayor
medida a causas externas y sus fracasos a la falta de esfuerzo, mientras que los
estudiantes menos satisfechos con su rendimiento atribuyeron sus fracasos a
causas externas y a su falta de capacidad.
Este estudio ha contribuido a la evaluación e identificación de
variables cognitivo-motivacionales relacionadas con el rendimiento académico en
Enseñaza Superior. Concretamente, los resultados indican que la Escala de
Atribución de Sydney (SAS) es una medida de autoinforme fiable y válida para
evaluar las atribuciones causales académicas de estudiantes universitarios
españoles. Además, la SAS facilita la identificación de estudiantes que
presentan un patrón atribucional desadaptativo, caracterizado por la creencia de
que los fracasos son debidos a déficits personales (como la baja capacidad) y
los éxitos a factores externos al propio estudiante. Esta percepción de falta
control sobre sus resultados hace que los estudiantes tengan una visión más
negativa de sí mismos y que disminuya su motivación para aprender, afectando
negativamente a su rendimiento académico. Por tanto, es lógico suponer que los
programas de intervención dirigidos a estudiantes con pobre o deficiente
rendimiento escolar deberían incluir, entre otras técnicas, la modificación de
estilos atribucionales desadaptativos por otros más adaptativos.
El artículo original en el que se basa este trabajo puede
encontrarse en Psicothema: Inglés, C. J., Rodríguez-Marín, J. y
González-Pienda, J. A. (2008). Adaptación de la Sydney Attribution Scale en
población universitaria española. Psicothema, 20, 166-173.
Sobre los autores:
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Cándido J.
Inglés es Profesor Contratado
Doctor en el Área de Psicología Evolutiva y de la Educación del Departamento de
Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Sus
principales líneas de investigación se centran en la identificación y análisis
de variables explicativas del rendimiento escolar de estudiantes de Educación
Secundaria y Superior y en la evaluación, prevención y tratamiento de las
dificultades interpersonales en la adolescencia. |
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Jesús
Rodríguez Marín es
Catedrático de Psicología Social en el Departamento de Psicología de la Salud de
la Universidad Miguel Hernández de Elche. Es miembro, entre otras, de la
Health Psychology Division (American Psychological Association,
Div. 38). Sus principales líneas de investigación se desarrollan en el ámbito de
la Psicología Social de la Salud. |
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Julio A. González
Pienda es Catedrático de Psicología
Evolutiva y de la Educación y Director del Departamento de Psicología en la
Universidad de Oviedo. Es miembro numerario de la Internacional Academy for
Research in Learning Disabilities (IARLD). Sus investigaciones están
relacionadas con las variables cognitivas, socioafectivas, familiares y
contextuales y su relación con el rendimiento académico y las dificultades de
aprendizaje. |
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