Días atrás, diversos medios de comunicación se hacían eco de la reciente publicación de un test psicológico diseñado para detectar el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria (TCA). El instrumento en cuestión, denominado Test de Siluetas para Adolescentes (TSA), ha sido elaborado por Carmen Maganto y Soledad Cruz, docentes e investigadoras del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad del País Vasco.

 

Concretamente, el test evalúa el riesgo de desarrollar anorexia y bulimia en los adolescentes, midiendo el grado de distorsión e insatisfacción con la imagen corporal, teniendo en cuenta, además, el índice de masa corporal (IMC).

Infocop Online se ha interesado por este instrumento y, por tal motivo, entrevista para sus lectores y lectoras a una de sus autoras, Carmen Maganto, profesora de Psicología de la Universidad del País Vasco y directora de la línea de investigación Imagen corporal y trastornos de alimentación en adolescentes en el País Vasco.

En esta entrevista Carmen Maganto nos habla de los trastornos de la conducta alimentaria en la adolescencia, de las características de este instrumento y de su aplicabilidad en el ámbito clínico y educativo.

ENTREVISTA

Usted cuenta con una larga trayectoria investigadora en este tipo de trastornos. ¿Qué datos podría resaltar con respecto a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA)? ¿Cuáles son los datos epidemiológicos que actualmente se manejan para estos problemas en nuestro país?

Podría resaltar varios aspectos que se vienen confirmando a nivel clínico: a) que los TCA se incrementan en adolescentes y jóvenes y que se inicia cada vez en edades más tempranas; b) que la frecuencia en varones ha aumentado, pero no con la misma frecuencia que en mujeres; c) que los trastornos bulímicos se presentan con mayor frecuencia que los trastornos de anorexia; y d) que existe en la actualidad un "pico" nuevo de aparición de dichos trastornos, el de las mujeres tras el primer parto en su deseo de recuperar una figura, una silueta, como la que tenían antes de estar embarazadas.

Respecto a los datos epidemiológicos en nuestro país, los resultados no son uniformes porque variables como la edad de la muestra con la que se hacen los estudios, los instrumentos de evaluación elegidos, o el lugar y el modo de recoger los datos, inciden en las divergencias encontradas. No obstante, y aunque haya variaciones en distintas comunidades españolas, se puede afirmar que en adolescentes y jóvenes de entre 12 y 20 años, los datos epidemiológicos son los siguientes: la prevalencia de los TCA se sitúa en torno al 4% y 5%, aumentando al 6,5% en población universitaria. Especificando por tipo de trastorno alimentario, entre el 0,3% y 0,6% sufren de anorexia, entre el 0,6% y 0,8% padecen bulimia, y entre el 3% y 4% presentan algún trastorno de conducta alimentaria no especificado. De estos porcentajes, la ratio de varones es del 0,6% frente a mujeres, que se sitúa en el 3,8%.

 

Los TCA han recibido gran atención por parte de los profesionales de la Psicología: protocolos de evaluación, diseño de programas de intervención con diferentes colectivos, etc. ¿Qué le ha llevado a su equipo a elaborar un instrumento de esta naturaleza? ¿Qué necesidades se querían cubrir con su diseño?

En primer lugar, apenas existen instrumentos de evaluación diseñados y estandarizados en nuestro país en relación a la imagen corporal. Además, los que existen, se centran en la evaluación de la insatisfacción, variable importante, pero no suficiente para evaluar los problemas de imagen corporal y el riesgo de trastorno alimentario.

Por ello, un segundo aspecto importante es valorar la distorsión de la imagen corporal, un elemento no incluido en otros tests sobre imagen corporal en el estado español. De ambos aspectos, el nivel de insatisfacción y distorsión es lo relevante a la hora de hablar de factores de riesgo.

En tercer lugar, era necesario además que el instrumento de evaluación contemplara no sólo a las mujeres sino también a los varones, aspecto éste incluido en el Test de Siluetas para Adolescentes.

Finalmente, este instrumento se estandariza para adolescentes, muestra en la que la prevención es posible y urgente, y ha supuesto para las autoras tener que ofrecer datos de población no clínica sobre peso, altura e índice de masa corporal en adolescentes.

Nos gustaría conocer con un poco más de detalle este instrumento. ¿Podría comentar las principales características de este test? ¿Contamos con datos sobre la fiabilidad y validez del instrumento? ¿Se han realizado estudios al respecto?

Es un instrumento de fácil aplicación y corrección gracias al diseño que la editorial TEA ha propuesto para el mismo. Además, es breve, cosa que se agradece en las evaluaciones de despistage y de diagnóstico; y valora no sólo datos sobre insatisfacción y distorsión con la imagen corporal, sino también otros relevantes sobre el modelo estético corporal que tiene el sujeto, la presión social de padres y progenitores sobre peso y aspecto físico, así como la adecuación o no al IMC esperable a su edad.

Esta última cuestión puede dar al clínico pistas sobre su actuación profesional al margen de los TCA. Pero quizás el máximo valor del TSA resida en la posibilidad de identificar a aquellos sujetos en riesgo de padecer un TCA, atendiendo a las variables de imagen corporal. Los estudios estadísticos realizados con otros tests de referencia reconocida en el ámbito internacional, y los datos aportados sobre validez y fiabilidad del instrumento, avalan los resultados obtenidos.

Profundizando un poco más en la pregunta anterior, ¿qué novedades ofrece este instrumento a los profesionales de la Psicología que trabajan con personas que padecen un TCA? ¿Qué es lo más novedoso del Test de Siluetas para Adolescentes?

Para los profesionales que trabajan con personas que padecen un TCA, lo que les aporta es la valoración que estos sujetos tienen sobre el modelo estético corporal vigente y su adhesión adecuada o exagerada al mismo. También es importante la información aportada con respecto a la presión de iguales y/o progenitores frente a dicho modelo o, por el contrario, la presión para ajustarse a dicho modelo. Además, ofrece datos sobre su nivel de distorsión e insatisfacción.

Posiblemente, para los sujetos identificados y diagnosticados con TCA, la novedad puede provenir del cambio que se produce tras el tratamiento, comprobando si estos problemas de imagen corporal se han modificado. Esto es válido, como antes he explicado, tanto en varones como en mujeres.

La utilidad clínica y educativa del instrumento está más focalizada a la prevención, ya que permite identificar el riesgo de padecer el trastorno de conducta alimentaria.

Una de las características de este instrumento, como usted ha indicado, es que puede evaluar en pocos minutos la insatisfacción y distorsión de la imagen corporal de los adolescentes. ¿Qué aplicabilidad cree que puede tener el TSA en el ámbito clínico y educativo de nuestro entorno?

La identificación temprana de un factor de riesgo es de gran utilidad para prevenir cualquier trastorno. En este caso, identificar el riesgo de padecer un TCA permite al psicólogo orientador en un centro educativo, al profesional sanitario de Atención Primaria en un centro de salud, o al clínico en su trabajo profesional, tener información que le permita tomar decisiones sobre una evaluación más completa o una intervención terapéutica específica, dependiendo de los resultados de esta prueba y de otras complementarias.

 

Para finalizar, ¿le gustaría añadir alguna otra cuestión con respecto al tema que nos ocupa en esta entrevista?

Me gustaría agradecer a todas las personas que han colaborado en la realización del Test de Siluetas para Adolescentes, especialmente a Asier del Río y Olga Roiz, colaboradores inestimables, a la Universidad del País Vasco por propiciar investigaciones de este calado y a la editorial TEA por la publicación de dicho test con el diseño de aplicación y corrección y que ha facilitado la utilidad del mismo.

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