Igor Bombín (1) y Alfonso Caracuel (2)
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Reintegra: Centro de Rehabilitación Neurológica - Oviedo y (2) Centro de Psicología y Neuropsicología Clínica - Granada

El cuerpo de conocimientos de la Psicología es tan vasto, y su aplicación práctica resulta tan variada y abarca poblaciones tan dispares, que inexorablemente se ha producido una progresiva especialización en diferentes áreas para poder ejercer la profesión con garantías para el público. Entendemos que el reconocimiento de una especialidad por organismos oficiales no ha de suponer la renuncia al resto de especialidades, o la inclusión forzada de las mismas dentro de aquella que ha sido reconocida por los legisladores. Es más, es responsabilidad de todos los profesionales de la Psicología el seguir pujando por el reconocimiento de la Psicología en otros ámbitos clínicos. Tal es caso de la Neuropsicología, que en los últimos años está suscitando un interés creciente en la propia sociedad y entre otros profesionales sanitarios, generándose una creciente demanda de especialistas en este área. Sin embargo, las leyes actuales exigen que la contratación en los servicios públicos sanitarios de un profesional de la Neuropsicología, vaya supeditada a que dicho profesional posea el título de Psicólogo Clínico Especialista. Así, nos encontramos ante un claro ejemplo de desajuste entre la legislación sanitaria y la realidad epistemológica de la Psicología. Cómo resolvamos, en primera instancia los propios psicólogos, y posteriormente la sociedad, esta necesidad de diferentes especialidades, va a determinar en gran medida el papel de la Psicología como profesión sanitaria.

La Neuropsicología se ha definido en un sentido amplio, como la ciencia que estudia las relaciones entre cerebro y conducta. En esta definición, se habla del cerebro desde una perspectiva neurobiológica: como un órgano sujeto a las leyes físicas, y por tanto susceptible de alteraciones por cambios morfológicos-bioquímicos, que pueden causar su alteración funcional. Por otro lado, cuando habla de conducta, se entiende en un sentido amplio, con especial énfasis en la interacción entre los procesos cognitivos, la conducta observable, principalmente propositiva, y las emociones.

Las dos grandes áreas de la Neuropsicología son la evaluación y la rehabilitación. El objetivo de la primera es el conocimiento de la naturaleza y funcionamiento de los procesos cognitivos, su interrelación, y su relación con la conducta, las emociones y, en general, con el desempeño funcional de la persona en su medio. Esto se consigue mediante un proceso analítico, comparable a la metodología experimental, a través de la sucesiva eliminación de hipótesis alternativas posibles. Dicho análisis sólo se puede realizar de forma adecuada si se posee a priori un marco teórico de referencia sobre el funcionamiento cognitivo normal, así como un conocimiento exhaustivo de las alternativas diagnósticas. Ocurre con relativa frecuencia, que se confunden disciplina y metodología, de tal manera que se confunde aplicación de tests neuropsicológicos con realizar un abordaje neuropsicológico. De igual forma, a menudo la rehabilitación neuropsicológica es vista por profesionales ajenos como un mero ejercicio de entrenamiento o estimulación cognitiva, a modo de gimnasia mental. Desde esta perspectiva simplista, el único cometido de quien realiza rehabilitación neuropsicológica es presentar unos ejercicios que el paciente ha de completar con el mayor éxito posible. Así, existe últimamente una creciente demanda de material publicado o programas de ordenador que contengan estos ejercicios, con la presunción de que cualquier persona (psicólogo o no) puede aplicarlos adecuadamente. La consecuencia para el paciente de procurarle una rehabilitación no basada en los postulados de la Neuropsicología Clínica, es que no recibe un tratamiento eficaz, con lo que se concurriría en una negligencia asistencial.

La Neuropsicología aborda patologías con un marcado componente neurológico, poniendo a disposición del paciente su metodología de trabajo propia para determinar la naturaleza, extensión y relación de los diferentes déficits cognitivos, alteraciones conductuales y emocionales y otras manifestaciones psicopatológicas; si bien es cierto que, en ocasiones, una parte de este análisis lo debe hacer en conjunción con otros profesionales, como el Psicólogo Clínico. El modelo planteado tradicionalmente en la Psicología a nivel internacional, es el de una relación de intersección, en la que Psicología Clínica y Neuropsicología Clínica (además de muchas otras especialidades), comparten conocimientos y técnicas, procedentes de su propia evidencia científica, pero también de la de otras ramas de la Psicología, pero que en su mayor parte resultan independientes. La consecuencia práctica, es que en la gran parte de las instituciones sanitarias, socio-sanitarias y sociales, ambos expertos han de ser integrantes de los equipos multidisciplinares, tal y como sucede a nivel internacional y también en nuestro país cuando se diseñan los equipos para la atención de personas con demencia, daño cerebral, enfermedades mentales graves, trastornos del neurodesarrollo, etc. En la práctica clínica, esta colaboración sucede de hecho, con roles diferenciados, aunque con algunas tareas compartidas.