Continuando con la serie de artículos que Infocop viene publicando en estos días, titulada "La era de la explosión de los índices bibliométricos", se publica hoy el segundo artículo de este monográfico.

Darío Páez1, Jesús Salgado2 y Marta Rodríguez3

(1) Catedrático de Psicología Social de la UPV, (2) Catedrático de Psicología Social de la USC y (3) técnico en Evaluación del Servicio de Calidad y Evaluación Institucional del Vicerrectorado de Calidad e Innovación docente de la UPV

En este artículo se revisan las diferencias de productividad entre áreas científicas y los factores asociados a la producción científica para reflexionar sobre el estado actual de la Psicología en España. A pesar de las dificultades de extrapolar de análisis colectivos a individuales, consideramos pertinente dar una visión, tanto colectiva como individual, sobre los antecedentes de la producción científica, ya que éstos son aspectos complementarios y relevantes en el debate público actual.

1. Diferencias entre áreas y la posición de la Psicología

La diferencia en producción científica media entre áreas es clara. La producción en áreas de Ciencias Naturales como Biología Molecular, Física o Química (cantidad de artículos) y su impacto (citas que reciben los artículos) es muy superior a las de Psicología. También se observa diferencia respecto a Medicina (Páez & Salgado, 2010). Por ejemplo, al evaluar la producción en Psiquiatría y Psicología con el índice de impacto relativo h (Salgado & Páez, 2007), Rutter (autor conocido por sus trabajos en Psiquiatría Infantil y Psicología Evolutiva) tiene un h=80. El primer psicólogo sin vínculos con la Psiquiatría que aparece en esta plataforma es Diener (psicólogo social especializado en bienestar y adalid de la Psicología Positiva) con un h de 60. Por otro lado, autores como Beck, de reconocido prestigio en la clínica cognitiva-conductual, o Kahneman, único psicólogo premiado con un Nobel (de Economía), obtienen un h=30. En Psicología Cognitiva (Ferrand, 2007), la distribución del índice es: Tulving (h=65), Schacter (h=64), Baddeley (h=63), Posner (h=46) y Humphreys (h=43). En Sociología, autores tan reputados como Bourdieu, sociólogo francés de fama internacional ya fallecido, o Inglehart, líder del ambicioso programa internacional sobre valores, obtienen un h de 31 y 22 respectivamente. En consecuencia, los niveles de impacto científico varían según las tradiciones de investigación, los recursos y la cantidad de investigadores e investigadoras de cada área.

Esta circunstancia también se constata en la Psicología española. Realizada la evaluación de la producción científica a partir de la cantidad de artículos indexados en el Institute for Scientific Information (ISI), y sobre la base de los cerca de 3.400 postulantes a proyectos científicos de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP) durante el año 2007 (Jiménez-Contreras, Robinson-García & Cabezas-Clavijo, 2011), se evidenció que la Psicología (media de artículos por PDI universitario 2000-2006: 2,26) tiene un nivel inferior a Química y Física (medias respectivas: 4,6 y 4,3) y similar a Economía. Si analizamos el porcentaje de artículos publicados en revistas de mayor factor de impacto (esto es, categorizadas dentro del cuartil 1), se observa que más del 95% de los artículos de Química y Física se publican en estas revistas, frente al 46% de los de Psicología y el 30% de Economía. Según Jiménez-Contreras y cols. (2011), la media de citaciones por artículo reproduce la jerarquía anterior: Química (14,2), Física (12,3), Psicología (6,9) y Economía (3,5).

También parecen existir facilidades y normas de producción diferenciadas por áreas psicológicas. Tomando el promedio de artículos de los 100 autores más productivos de cada área (Olivas-Avila y Musi-Lechuga, 2010), obtenemos el siguiente rango de productividad: Psicobiología (25,3), Personalidad (20,2), Básica (14,5), Metodología (13,5), Social (8,1) y Psicología Evolutiva y de la Educación (5,6).

2. Producción científica nacional y factores económicos, culturales e institucionales

Si comparamos la producción científica española en Psicología con la producción internacional, se observan importantes diferencias. En producción de artículos, España se sitúa en el noveno puesto, aunque si consideramos la media de citas por documento, se sitúa en el puesto decimosexto (King, 2004). Respecto a la relación PIB-artículos, la Psicología española se sitúa en el puesto decimoquinto (Navarrete-Cortes, Quevedo-Blaso, Chachio-Moreno, Ríos, & Buela-Casal, 2009).

¿Cuáles pueden ser las explicaciones de estas diferencias de productividad? La primera y más obvia es la cantidad de recursos dedicados a la investigación y a la producción científica. Allí donde hay más recursos, hay más producción. La asociación entre nivel de desarrollo económico y producción científica (Schofer, 2002) es clara y países como EE.UU., Reino Unido, Japón, Alemania y Francia, ocupaban los puestos del primero al quinto, respecto a la producción de ciencia (cantidad de artículos producidos en el mundo y artículos más citados) en el ámbito mundial (King, 2004). La economía española era la novena-décima en importancia sobre el Producto Nacional Bruto (PNB) mundial antes de la crisis y su producción científica se correspondía con este peso en lo referente a la cantidad de publicaciones. Según los índices bibliométricos del ISI Web of Knowledge (WoK) de Thomson Reuters, respecto al periodo 1996-2006, España ocupaba el décimo lugar en publicaciones, entre 145 países, y el undécimo puesto en el ranking de citas totales recibidas. De hecho, España pasó de aportar el 0,7% de las publicaciones científicas mundiales en 1981, a aportar el 2,20% en el 2000 y el 2,89% en 2009 (Fundación CyD, 2009). Este aumento ha coincidido con un aumento en la inversión I+D y el crecimiento del cuerpo de investigadores.

Una segunda explicación a estos resultados, hace referencia a los aspectos culturales o valores, normas y prácticas que dominan y son deseables en una sociedad. Los valores colectivistas y jerárquicos, en particular, el predominio de prácticas endogámicas y la preponderancia de la red de contactos sociales sobre el mérito y el rendimiento son factores culturales que disminuyen la productividad. Gelfand, Bhawuk, Nishii y Bechtold (2004) evidenciaron una clara relación entre ciertos rasgos de cultura social y el desarrollo de la ciencia. Las sociedades con baja producción científica presentan un predominio de valores y prácticas de colectivismo endogrupal –grado en que se expresa orgullo, lealtad y cohesión hacia la organización o familia- (r(40)=-.44 y r(40)=-.45, p<.01). Sin embargo, en las que predominan las prácticas llamadas colectivistas institucionales (de refuerzo colectivo y de funcionamiento institucional) se da una mayor producción de ciencia aplicada (r (40)=.39, p<.05). Y según Carl, Gupta & Javidan (2004), en aquellas sociedades en las que se perciben menos prácticas autoritarias, se da mayor desarrollo científico (r (40)=-.52, p<.001).

En el caso de las sociedades del sur de Europa, y por ende España, se observa un colectivismo endogrupal pese a la existencia de una evolución hacia un mayor individualismo (Gelfand et al., 2004). En nuestras universidades, el colectivismo endogrupal estaría asociado a la endogamia (tendencia a contratar y seleccionar científicos no tanto por sus méritos, sino por su pertenencia a un grupo) y habría una menor presencia de prácticas colectivistas institucionales (Camblor, 2001; Navarro y Rivero, 2001). Este perfil se corroboró cualitativamente (Rodríguez, 2007), evidenciando el desarrollo de la ciencia en España por la mejora de la formación universitaria y de la investigación en los últimos 20 años, así como la existencia de endogamia, la falta de evaluación por méritos y la necesidad de mayor financiación. Es más, pese a tener unos recursos económicos y humanos medio-bajos en el contexto de los países desarrollados (De Miguel y Sarabia, 2003), España, junto con otros países relativamente colectivistas y endogámicos (China, India, Corea y Portugal), ha mostrado el desarrollo más importante de la ciencia en los últimos 20 años. Este aumento de la producción "barata" se explica por el desarrollo económico general, el aumento de plazas y de recursos científicos (aunque limitado) y la generalización de políticas de refuerzo de la producción de artículos indexados (Jin & Rousseau, 2005). Globalmente, Gelfand y cols. (2004), encontraron que, al controlar el PNB, la asociación negativa entre éxito científico y colectivismo endogrupal desaparece. La asociación entre individualismo y mayor éxito en el desarrollo de la ciencia puede deberse principalmente a la mayor riqueza per capita de las culturas individualistas.

Otra posible explicación, asociada a la anterior, es la denominada institucional. Las instituciones mas descentralizadas, más igualitarias, con mayor libertad de decisión para el investigador, distantes del modelo vertical burocrático de la antigua universidad alemana o del "mandarinato" francés, refuerzan la productividad (Schofer, 2002). Ahora bien, son las universidades más antiguas (la Complutense, la de Barcelona y la Autónoma de Barcelona), las que tienen mayor productividad científica global (Fundación CyD, 2010). Si consideramos el desarrollo económico del país, la inversión en ciencia y las características institucionales antes descritas como favorables en análisis colectivos, estas últimas no tienen un peso explicativo (Schofer, 2002). Este hecho replica en el ámbito micro-social lo encontrado por Gelfand y cols. (2004) en el ámbito macro-social: controlando el PNB, la asociación negativa entre producción y colectivismo desaparece. Por tanto, la asociación entre individualismo y mayor éxito en el desarrollo de la ciencia, también puede deberse principalmente a la mayor riqueza de las culturas e instituciones igualitarias (caracterizadas por una agregación de recursos, que el crecimiento económico proporciona, y una generación de una masa crítica para la producción científica).

Otras explicaciones de la productividad son de carácter más microsocial y de rol. Cabe señalar la disminución de la productividad después de obtener una plaza estable, la menor productividad después de cierta edad y la excesiva carga docencia-investigación. En Psicología se ha evidenciado que la estabilidad no disminuye la producción (Joy, 2010) y que, según los estudios longitudinales, existe una relación curvilínea entre edad y producción, con declive de producción alrededor de los 45 años (Levin y Stephan, 1991; González-Brambila y Veloso, 2007).

Respecto al contraste entre docencia e investigación, no se han refrendado los meta-análisis de la calidad docente y la productividad. En EE.UU. se ha observado una ligera asociación positiva entre docencia y productividad (Páez y Salgado, 2010). Sin embargo, en las universidades con doctorados, la investigación la realizan investigadores bien pagados y la docencia se delega en profesores asociados, mal pagados y de trabajo inestable. En los últimos tres años, la media de publicaciones, según PsycInfo, en una muestra de psicólogos de universidades con doctorados (que constituyen aproximadamente el 18% de las instituciones universitarias de EE.UU.) es 3-4, mientras que en las de sólo Máster (un 41% del total) es 0-1 (Joy, 2010). Por otro lado, aunque EE.UU. es la mayor potencia de producción científica, el sistema no es el más eficiente. Respecto al impacto de citas medias por artículos, países como Dinamarca, Suecia, Países Bajos y Suiza tienen mayor productividad científica que EE.UU. (King, 2004; Fundación CyD, 2009).

En Psicología, los países con un impacto superior a EE.UU. (3,21) son Inglaterra (5.0), Países Bajos (4,5), Suecia (4,4), Francia (4,1), Alemania (4,0), Bélgica (3,96) y Dinamarca (3,28). Al respecto, España (2,3) y Japón (2,4) tienen una media similar (Navarrete-Cortés et al, 2009).

3. Conclusiones para la Psicología

La productividad científica en Psicología académica es media; más baja que en Medicina y Ciencias Naturales, pero más alta que en Sociología. También hay diferencias entre áreas de Psicología. La explicación más apoyada por los estudios comparativos entre naciones y áreas científicas es: "hay más producción cuando hay recursos económicos". Además de valores y características institucionales lo que explica la productividad diferencial es la cantidad de recursos: se invierten 150.000 euros/estudiantes/año en Harvard, MIT y Princenton, 50.000 en Oxford y Cambridge, y 10.000 en las universidades españolas (Aunión, 2012).

El actual ministro de Educación (Aunión, 2012) explicaba la ausencia de universidades españolas entre las 100 mejores del ranking de Shangai por motivos culturales-institucionales (endogamia, poca relación entre resultados científicos y remuneración, etc.). Como demostró Hofstede (2001), y ya se ha visto, el crecimiento económico es el que genera culturas individualistas y no a la inversa. Por tanto, los aspectos culturales-institucionales son en gran medida consecuencia de la escasez de recursos.

El mantenimiento de inversión en la educación pública mejora la productividad de la Psicología española y de la ciencia en general. Sin embargo, hoy se impone a las instituciones una situación contradictoria: reducciones presupuestarias con exigencia de Excelencia. La investigación ya ha perdido mil millones desde 2009 (Aunión, 2012). ¿Cuáles son entonces las mejoras institucionales que fortalezcan/promuevan la producción? Entre otras, conocer mejor e importar la experiencia institucional de los países escandinavos, Suiza y Países Bajos se perfila, a priori, más fructífero que intentar copiar la estructura polarizada, elitista y cara de EE.UU.

Referencias: Pinchar aquí.

Sobre los autores: