Desde que se creó, a principios de 2012, la Comisión de Psicólogos/as Educativos –un grupo de trabajo formado por representantes de la Conferencia de Decanos de Psicología, del Consejo General la Psicología, de asociaciones de psicología de la educación, y de integrantes del mundo académico y profesional- se han realizado numerosas acciones para conseguir un reconocimiento oficial de la figura del psicólogo educativo en nuestro país.

Con el objetivo de hacer un repaso al recorrido de la situación de esta figura profesional y conocer las recientes novedades y perspectivas de futuro, Infocop Online ha entrevistado a Juan Fernández Sánchez, coordinador de la Comisión de Psicólogos Educativos y catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, quien nos informa de la reciente aprobación de un Máster oficial en Psicología de la Educación en la UCM y de las implicaciones de dicha titulación.

Juan Fernández Sánchez

ENTREVISTA

Para comprender los cambios que se están experimentando en la actualidad en torno al reconocimiento de la figura del profesional del psicólogo educativo en España, ¿podría explicarnos brevemente cuál es el punto del que partimos, es decir, el pasado de esta rama de la psicología?

La realidad imperante hasta nuestros días, tanto en España como en buena parte del resto del mundo, es que el psicólogo llegaba a ser psicólogo educativo porque en su día encontró trabajo precisamente en esos ámbitos de la educación. Sin embargo, la disciplina científica de la Psicología de la Educación cuenta en su haber con más de un siglo de aportaciones científicas a escala internacional. ¿Por qué esta paradoja de un área del saber bien consolidada, científicamente hablando, que, no obstante, no es utilizada para ofrecer, a los distintos agentes de la comunidad educativa, unos profesionales –psicólogos/as educativos- debidamente capacitados? La brecha entre desarrollo científico de una disciplina y la falta de preparación específicamente profesional es un lastre histórico que debiera ser solventado lo antes posible.

Conscientes de esta realidad, grupos de psicólogos/as de toda España comenzaron a mantener reuniones a lo largo y ancho de la geografía nacional (Barcelona, Oviedo, Segovia, Madrid, Santander…) para tratar de dar una solución adecuada a este problema. Todas estas reuniones dieron su fruto. Se logró un cierto consenso por parte del Consejo General de la Psicología de España, de la Conferencia de Decanos de Psicología y de estos grupos de psicólogos para establecer una vía de unión entre la academia y el mundo profesional: el máster específico en Psicología de la Educación. El objetivo más esencial de este máster es poner a disposición de graduados o licenciados en psicología los principales contenidos de la Psicología de la Educación a fin de que éstos sean transformados en herramientas útiles y eficientes en los campos de la educación formal, no formal e informal. Atrás debiera quedar la situación del psicólogo/a generalista (graduado o licenciado)que ha de hacer lo que buenamente puede cuando se enfrenta a retos para los cuales el mundo académico no le preparó debidamente, siendo así que, ¡oh ironía!, éste sí dispone de suficiente corpus teórico para una adecuada preparación profesional.

Actualmente, ¿qué logros se han alcanzado para el reconocimiento oficial de la figura del psicólogo educativo?

Hay un motivo de alegría reciente para los psicólogos/as educativos: la aprobación por parte de la ANECA, este mes de octubre de 2013, del Máster en Psicología de la Educación de la Complutense. Este máster es el fruto del consenso de todas las anteriores reuniones mencionadas previamente (psicólogos educativos), a la par que del acuerdo conseguido entre las siguientes instituciones: la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (FEDADi), la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (CEAPA), la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), el Consejo General de la Psicología y la Conferencia de Decanos de Psicología de las Universidades Españolas. Cuenta además con el apoyo de los diputados, responsables del tema de la educación, de los distintos grupos políticos: PP, PSOE, IU, UPyD, CIU y PNV.

Los núcleos más básicos de preparación académico y profesional de este máster de 90 créditos (ECTS) son: la evaluación diagnóstica y educativa; el asesoramiento psicológico a estudiantes, padres, profesores y autoridades académicas; la intervención de tipo correctiva, preventiva (prevención primaria, secundaria y terciaria) y la optimización. Además, en estos mismos momentos se está negociando un acuerdo entre la Oficina de Estados Iberoamericanos (OEI) y el Rectorado de la Complutense para que este máster oficial pueda ser también el  máster que capacite a los psicólogos generalistas de estos Estados, posibilitándoles llegar a ser auténticos psicólogos/as educativos.

Con la aprobación de este Máster oficial, ¿qué retos y perspectivas de futuro se plantean para los psicólogos educativos?

El reto más inmediato en España para estos nuevos psicólogos/as educativos es que cuando acaben el Máster en Psicología de la Educación, ya pues debidamente preparados y acreditados, puedan sin más requisitos burocráticos –ahora se les exige haber cursado el Máster de Formación del Profesorado (sic)-, poderse presentar a oposiciones o concursos de plazas para psicólogos educativos en los diversos ámbitos de la educación formal no universitaria. Ya se han mantenido varias reuniones, a escala nacional, tanto con los parlamentarios responsables de la educación de diversos grupos políticos, como con representantes del Ministerio de Educación (MECD) y parece que se está fraguando un consenso sobre la necesidad de dar cobertura legal específica a la figura del psicólogo/a educativo, tras haber cursado el pertinente máster oficial en Psicología de la Educación.

Desde un punto de vista estrictamente académico, también parece llegado el momento del consenso sobre una troncalidad de contenidos, centrada en las evaluaciones, los asesoramientos y las intervención, que garantice una idónea formación común para los psicólogos educativos españoles e incluso, por lo antes señalado –convenio OEI y UCM-, para los psicólogos iberoamericanos.

Además, alguna de las especificidades más relevantes del siglo que ahora comienza –la digitalización general de nuestras sociedades- parece demandarnos que se abra un abanico de posibilidades a la hora de poder cursar el máster en Psicología de la Educación. De ahí que ya se hayan comenzado los trabajos para que, junto con los másteres presenciales, podamos disfrutar de másteres en línea y de otros, en parte presenciales y en parte online. Por todo lo anteriormente apuntado, no parece en modo alguno exagerado decir que nos espera un inmediato futuro de fundadas esperanzas por lo que atañe al reconocimiento oficial de la figura específica y claramente diferenciada del Psicólogo/a Educativo.

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