Pablo Santamaría1, Pilar Capilla Ramírez2 y Héctor González-Ordi3

TEA ediciones1

Centro Integral Psicosomático2

Universidad complutense de Madrid3

En septiembre de 2011, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró la Cumbre Mundial sobre Enfermedades Crónicas, donde se reconoció que estas enfermedades, entre ellas los trastornos mentales y los trastornos por dolor crónico, suponen un desafío de "proporciones epidémicas", con un grave impacto en el desarrollo socio-económico de los países (World Health Organization, 2011).

Se trata de la segunda vez en la historia de la ONU que la Asamblea General convoca una cumbre para abordar un tema de salud (el otro tema de salud tratado ha sido el SIDA), por lo que se pueden deducir la magnitud y las repercusiones de estas patologías a nivel mundial, cuyo coste asociado se prevé que supere los 47 billones de dólares en los próximos 20 años de acuerdo a la previsiones del Global Economic Burden of Non-communicable Diseases (Bloom et al., 2012).

El grave impacto económico y social de las enfermedades crónicas reclama la gestión eficiente de los recursos. Un paso esencial es el desarrollo de políticas centradas en el paciente para la promoción de la salud, la prevención primaria y secundaria, el tratamiento y la atención de las enfermedades crónicas, tal y como insta a hacer el Consejo de la Unión Europea en sus directrices de actuación (Consejo de la Unión Europea, 2011). 

Otro paso complementario es la correcta identificación de los casos de simulación de síntomas en las bajas laborales (o incapacidades) temporales o permanentes por enfermedades crónicas.

Los estudios internacionales suelen establecer porcentajes de simulación cercanos al 30% en las solicitudes de bajas laborales, incapacidades o indemnizaciones, oscilando entre el 10 y el 50% según el estudio (Chafetz, 2008; Gervais et al., 2001; Mittenberg et al., 2002; Schmand et al., 1998; Stevens et al., 2008, 2008), demostrando la relevancia potencial que puede tener este posible fraude en el monto económico y social indicado.

A pesar de la relevancia de la simulación a nivel económico y profesional, apenas existe investigación en España que indague sobre la percepción de los profesionales sobre cuál es su prevalencia, a qué perfil sociodemográfico suele vincularse y qué evidencias se emplean para su detección. Conocer esta información fue el objetivo de esta investigación.

Para ello se dispuso de una muestra de 161 médicos procedentes de 26 provincias españolas a los que se les aplicó un cuestionario que indagaba sobre qué patologías percibían como más frecuentemente simuladas, cuál era el posible perfil sociodemográfico de los simuladores (edad, sexo, ingresos, profesiones…) y  cuáles eran las estrategias que utilizaban para la detección de simulación.

Los resultados obtenidos en este estudio mostraron que, lejos de observar tasas inferiores de simulación en nuestro contexto, los valores obtenidos, de acuerdo a la percepción de los profesionales, han sido iguales o superiores a los obtenidos en la literatura internacional, destacando la mayor prevalencia de la simulación de trastornos musculoesqueléticos y trastornos afectivos o emocionales.

En los análisis realizados han destacado que los percibidos como más simulados son los trastornos relacionados con dolores crónicos (esguince cervical, lumbalgia, cervicalgia y fibromialgia) y con trastornos de la ansiedad y del estado de ánimo (depresión), todos ellos con porcentajes estimados de simulación, de acuerdo a la percepción de los profesionales, cercanos o superiores al 50%. Las patologías percibidas con menores tasas de simulación y valores estimados inferiores al 35% fueron las patologías dolorosas agudas (cervicalgia y lumbalgia aguda), los traumatismos craneoencefálicos (leve y moderado) y la fiebre de origen desconocido y colon irritable.

Los resultados de este estudio también mostraron una marcada asociación de la simulación a un perfil sociodemográfico ajustable al modelo adaptativo de simulación (González-Ordi et al., 2012) en el que la presencia de condiciones sociolaborales adversas aumenta la presencia de simulación.

Así los profesionales encuestados consideran más prevalente la simulación conforme menores son los ingresos, en medianas edades (particularmente 46-55 años, habitualmente con mayores cargas familiares y sociales asociadas y más beneficiadas con disponer de una baja laboral) y en profesiones menos estimulantes y vocacionales. De acuerdo a la percepción de los profesionales encuestados, el perfil prototípico del simulador suele comenzar sufriendo originalmente algún tipo de lesión o trastorno y decide prolongarlo en el tiempo para obtener beneficios a nivel económico o laboral.

Ante esta acuciante necesidad profesional, llaman la atención los resultados de la tercera parte de la encuesta, la referida a las estrategias que utilizan los profesionales para la detección de la simulación ya que destaca la falta de procedimientos sistemáticos y protocolizados entre los profesionales encuestados. Así, ninguno de los encuestados mencionó en ningún caso el uso de pruebas o protocolos objetivados o sistematizados para la detección de simulación o exageración, confiando fundamentalmente en criterios más subjetivos y relacionados esencialmente a los criterios de sospecha del DSM (discrepancia información objetiva y subjetiva, falta de cooperación, contexto médico-legal, aspectos antisociales...), criterios que han sido duramente criticados por diversos autores por su subjetividad y por el alto número de falsos positivos que pueden ir asociados (p.ej., Berry y Nelson, 2010; Gerson, 2002; Rogers, 2008a).

Sin duda la labor de valoración de las incapacidades temporales y permanentes debidas a estas enfermedades resulta un reto lleno de complejidades y dificultades, pero no es menos cierto que la introducción de protocolos y medidas objetivas de detección de simulación permitiría una mejora de la calidad de la evaluación. La inclusión de protocolos específicos de evaluación debería ayudar tanto a facilitar la detección del paciente simulador como a asegurar la determinación de que el paciente honesto realmente lo es y no es tratado como un falso positivo (considerado erróneamente como simulador). Tanto la confirmación (presencia) como refutación (ausencia) de la existencia de conductas fraudulentas de exageración de síntomas y discapacidad son objetivos igualmente importantes a la hora de implementar un protocolo de evaluación.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Clínica y Salud :

Santamaría, P., Capilla, P. y González, H. Prevalencia de Simulación en incapacidad temporal: percepción de los profesionales de la salud, Clínica y Salud, 24 (2013), 139-151.

Referencias:

González-Ordi, H., Santamaría, P., & Capilla, P. (2012). La simulación como estilo de respuesta. En H. González Ordi, P. Santamaría, & P. Capilla (Eds.), Estrategias de detección de la simulación. Un manual clínico multidisciplinar. (pp. 19–64). Madrid: TEA Ediciones.

Pablo Santamaría-Fernández.  Licenciado en Psicología y Máster en Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en la creación, desarrollo y adaptación de instrumentos de evaluación, con especial interés en la evaluación de la personalidad y la detección de simulación de trastornos, habiendo sido adaptador de múltiples pruebas relevantes en este área (v.g., MMPI-2-RF, PAI, SIMS...). Ha desarrollado su labor profesional en el departamento de I+D+i de TEA Ediciones desde el año 2000, pasando a ser su director en el año 2011 hasta la actualidad.

Pilar Capilla Ramírez. Doctora en Psicología. Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, Psicoterapeuta. Máster en Terapia de Conducta. Máster en Biomecánica del Aparato Locomotor. Máster en Valoración del Daño Corporal incapacidades y Minusvalías. Directora Médico del Centro Integral Psicosomático de Madrid y Médico de FREMAP. Co-editora del libro Estrategias de Detección de Simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Actividad Investigadora actualmente en simulación de síntomas en dolor crónico y trastornos afectivos.

Héctor González Ordi. Doctor en Psicología. Especialista en Psicología Clínica. Profesor del Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos), Facultad de Psicología, Universidad Complutense de Madrid. Co-adaptador del Inventario Estructurado de Simulación de Síntomas - SIMS. Co-editor del libro Estrategias de Detección de Simulación. Un manual clínico multidisciplinar. Centrado en la investigación y desarrollo de protocolos multisistema-multimétodo-multidisciplinar de evaluación de la validez de los síntomas en dolor crónico, ansiedad, depresión y estrés postraumático, en el contexto médicolegal.

Artículos Relacionados
Fibromialgia: la importancia de distinguir entre Simulación y Exageración
Mitos y concepciones erróneas en torno a la evaluación de la simulación y la validez de los síntomas
La detección de la simulación de síntomas: de la impresión clínica al desarrollo de protocolos estandarizados
En busca de un método rápido para detectar la simulación del deterioro cognitivo
ESTRATEGIAS DE DETECCIÓN DE LA SIMULACIÓN: UN MANUAL CLÍNICO MULTICISCIPLINAR
CELEBRACIÓN DEL CURSO “LA DETECCION DE LA SIMULACIÓN EN EL ÁMBITO CLÍNICO, LEGAL Y FORENSE”
DETECCIÓN DE LA SIMULACIÓN EN EL CONTEXTO MÉDICOLEGAL
SIMS – INVENTARIO ESTRUCRADO DE SIMULACIÓN DE SÍNTOMAS