El pasado mes de febrero, la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association-APA) hizo públicos los resultados de la encuesta Stress in America 2013, un estudio realizado periódicamente por la APA como parte de su campaña Mind/Body Health (Salud Mental y Física), y cuyo propósito es el de examinar el nivel de estrés de la población de los EE.UU., así como dar cuenta del grave impacto que este problema psicológico está teniendo en la salud física y emocional de sus ciudadanos.

La encuesta, titulada Stress in America™: Are Teens Adopting Adults’ Stress Habits? (Estrés en América: ¿Están los adolescentes adoptando los hábitos estresantes de los adultos?), se realizó a través de Internet de la mano de la compañía Harris Interactive Inc. -en representación de la APA-, y contó con la participación de 1.950 adultos mayores de 18 años y 1.018 adolescentes de entre 13 y 17 años residentes en los Estados Unidos, a quienes se instó a identificar las principales fuentes de estrés que inciden en su vida diaria, preguntándoles sobre el nivel de estrés percibido y el tipo de estrategias utilizadas con el fin de manejarlo.

Las conclusiones de este estudio alertan sobre el inicio cada vez más temprano de los hábitos estresantes, manifestándose en la adolescencia patrones de conducta relacionados con el estrés, similares a los que presentan los adultos.

Los datos de la encuesta revelan que la mayoría de los adolescentes (83%) identifica la escuela como la fuente más común de estrés. A este respecto, los jóvenes reconocieron haber padecido durante el curso escolar diversos síntomas, tales como irritabilidad, nerviosismo, tristeza, cansancio o dolor de cabeza, entre otros, y manifestaron estar experimentando niveles de estrés más altos de lo que consideran saludable (5,8 versus 3,9, respectivamente, en una escala de 10), superando levemente el promedio reportado por los adultos (5,8 entre adolescentes versus 5,1 entre los adultos).

Sin embargo, independientemente de los niveles de estrés, el 42% no cuenta con las estrategias adecuadas para manejarlo o las habilidades necesarias para identificarlo y prevenir las posibles consecuencias a largo plazo. Cuando tratan de hacerlo, un alto porcentaje afirma haber recurrido a actividades sedentarias relacionadas con el tiempo de exposición a la pantalla, tales como videojuegos (46%), ver la televisión (36%) o navegar por Internet (43%), y menos de la mitad de los adolescentes se involucra en actividades físicas (37%) y deportivas (28%). La encuesta indica que aquellos adolescentes que padecieron altos niveles de estrés durante el pasado año escolar, son más propensos a involucrarse en actividades sedentarias.

En cuanto al género, más niñas que niños adolescentes (37% frente al 27%) señalaron haber experimentado síntomas de estrés durante el pasado año escolar (relacionados principalmente con la presión social), y haber llevado a cabo hábitos de conducta poco saludables, especialmente en la alimentación.

No obstante, a pesar del impacto que el estrés tiene sobre sus vidas, los jóvenes son menos conscientes que los adultos sobre los efectos que éste puede tener sobre su desarrollo físico (54% versus 39%)  y su salud mental (52% versus 43%).

Tal y como sucede con los adolescentes, los datos del estudio muestran una brecha entre el porcentaje de adultos que considera importante hacer frente al estrés y el porcentaje que afirma hacerlo de forma eficaz. De hecho, 1 de cada 10 adultos asegura que no lleva a cabo ninguna actividad para manejar el estrés, y cerca del 44% reconoce no hacer lo suficiente o no estar seguro de tomar las medidas necesarias para tal fin. Aquellos adultos que recurren a actividades activas y saludables para hacerle frente, tienden a experimentar niveles más bajos de estrés y a presentar hábitos de comportamiento más sanos.

La encuesta explora también la influencia del estrés sobre conductas saludables como los hábitos adecuados de alimentación, ejercicio y sueño. A este respecto, tanto los adultos como los adolescentes señalan que el estrés afecta tanto al sueño como a la alimentación. Asimismo, a pesar de que todos coinciden en los beneficios del ejercicio físico, son pocos los que lo practican. Concretamente, más de un tercio de los adultos (37%) y uno de cada cinco adolescentes (20%) no realiza ejercicio o lo practica una vez por la semana.

A la hora de solicitar ayuda profesional, los adolescentes son más propensos que los adultos a señalar el relevante papel que juega el psicólogo en la lucha contra el estrés (43% frente al 33%), sin embargo, únicamente el 5% de los adolescentes y adultos reportan haber visitado a un profesional de la salud mental por este motivo.

A tenor de estos resultados, la encuesta concluye dejando patente la importancia de “romper este legado poco saludable” que se observa en los jóvenes. Para tal fin, señala la necesidad de intervenir en el estrés y la salud mental a edades tempranas, brindando a los adolescentes un mayor apoyo en las escuelas, en el hogar, en las comunidades, etc., a través de profesionales de la salud que enseñen a los jóvenes a lidiar con el estrés, explicándoles qué es y qué consecuencias tiene para la salud tanto física como mental, enseñándoles estrategias para manejarlo de forma adecuada, y proporcionándoles herramientas para crear estilos de vida saludables “que les permitan crecer y convertirse en adultos sanos”.

Fuente:

American Psychological Association (2014). Stress in America: Are Teens Adopting Adults’ Stress Habits? (Disponible en: http://www.apa.org/news/press/releases/stress/index.aspx)

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