El 26 de enero un artículo del New York Times, titulado Panel calls for depression screenings during and after pregnancy, advertía de la necesidad de la detección de la depresión perinatal, debido a los grandes riesgos que conlleva, tanto para la salud de la madre como la del bebé.

El artículo recogía un reciente trabajo de un grupo independiente de expertos designado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de EE.UU., y publicado en la revista JAMA, que apoya, de acuerdo a la evidencia científica, la necesidad de implementar estrategias de detección de la depresión de manera rutinaria en mujeres embarazadas y durante el posparto.

Se trata de la primera vez que el grupo de expertos designado para elaborar la actualización de las directrices para la detección de la depresión en adultos introduce una recomendación específica para la detección de la depresión en el embarazo y posparto. Tal y como señala el artículo del New York Times, “la recomendación (…) se establece como consecuencia de las nuevas evidencias de que los trastornos mentales en el periodo perinatal son mucho más prevalentes de lo que se pensaba anteriormente, de que en muchos casos lo que se ha denominado depresión posparto en realidad comienza durante el embarazo y de que si se dejan sin tratamiento, estos trastornos del estado de ánimo pueden ser prejudiciales para el bienestar de los niños”.

Asimismo, el artículo debate algunos de los obstáculos que pueden impedir la implementación de esta medida, entre ellos: la falta de formación específica para detectar problemas de salud mental por parte de los profesionales sanitarios que atienden a este grupo (fundamentalmente obstetras y pediatras), la dificultad que implica cambiar el modo habitual de proceder (centrado en la atención de los problemas de salud física) e, incluso, la reticencia de las propias madres a expresar sus síntomas de ansiedad, depresión o sus pensamientos obsesivos debido al temor a ser juzgadas como “malas madres” y a la estigmatización asociada al diagnóstico de un trastorno mental.

Finalmente, el artículo establece la necesidad de acompañar esta medida con recursos suficientes y adecuados para poder poner en marcha programas de tratamiento eficaces. A este respecto, de acuerdo con la evidencia científica, el tratamiento recomendado por este grupo de expertos como primera línea de intervención en depresión perinatal es la terapia cognitivo-conductual. En relación con el tratamiento farmacológico, los expertos que han elaborado  la actualización de las recomendaciones, advierten que el consumo de algunos antidepresivos durante el embarazo podría causar datos en el feto potencialmente graves, si bien establecen que el riesgo es bajo.

Fuente:

Panel Calls for Depression Screenings During and After Pregnancy

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