Hace unos días el New York Times ha publicado un artículo sobre la necesidad de detectar la depresión durante y después del embarazo (ver el artículo en aquí). La recomendación procede de un grupo de expertos que han lanzado la voz de alarma, sobre este problema, que comúnmente pasa desapercibido.

Para debatir sobre la trascendencia de la depresión perinatal, Infocop se ha puesto en contacto con diferentes profesionales de la Psicología y Psiquiatría relacionados con este ámbito. Para comenzar con esta serie de entrevistas, Infocop ha entrevistado a Jorge Osma, Doctor en Psicología por la Universitat Jaume I de Castellón y profesor de Psicología de la Universidad de Zaragoza, que nos traslada su punto de vista al respecto. Jorge Osma ha centrado su interés investigador en el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación para el estudio y prevención de la depresión perinatal, participando en el proyecto Mamáfeliz que incluye distintas aplicaciones tecnológicas que permiten la evaluación del estado emocional de la mujer a lo largo del embarazo y el posparto.

Jorge Osma

ENTREVISTA

El impacto de la depresión perinatal es un tema que no suele ser objeto de interés en los medios de comunicación. ¿Qué opinión le merece que el New York Times dedique un artículo a este problema?

Creo que los medios de comunicación juegan un importante papel en la visibilización y sensibilización respecto a temas relacionados con la salud mental. En este caso, el artículo del New York Times ha tenido una importante repercusión mediática y ha puesto en el punto de mira un tema olvidado, la salud mental de la mujer embarazada y en el posparto. El sistema sanitario debe tomar medidas concretas al respecto debido a las importantes repercusiones físicas y emocionales que los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo tienen en la mujer y su bebé.

¿Cuál es el impacto y la gravedad de los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo en mujeres embarazadas?

En contra de lo que se pensaba respecto a la protección emocional durante el embarazo y posparto, los datos indican que un 21% de mujeres embarazadas presentan síntomas clínicamente significativos de ansiedad y el 64% de estas los mantendrá en el posparto (Heron et al., 2004). Respecto a la prevalencia de la depresión prenatal se estima que se encuentra alrededor del 18,4% y en el posparto en 19,2% (O`Hara y Wisner, 2014). En Europa, el estudio de Grote et al. (2010), con mujeres embarazadas de Alemania, España, Bélgica, Polonia e Italia, ofrece datos de prevalencia con el Edinburg Postpartum Depression Scale (EPDS; Cox et al., 1987), que oscilan entre el 6-8% en las muestras de Alemania y España y un 13-16% en Bélgica, Polonia e Italia.

La ansiedad y depresión perinatal (durante el embarazo y hasta un año tras el parto) están asociadas a resultados negativos para el feto y el futuro bebé. Durante el embarazo, se relacionan con un aumento de las complicaciones en el parto, incluyendo un parto prematuro, bajo peso al nacer, o preeclampsia (hipertensión inducida durante el embarazo). Durante el primer año de posparto, se asocian con resultados pobres en el comportamiento, nivel cognitivo y emocional del bebé (Sockol, 2015).

Habitualmente se suele dar prioridad al control del estado físico de las mujeres embarazadas, dejando de lado la evaluación del estado de salud mental. A su modo de ver, ¿qué implicaciones tiene esta forma de proceder? ¿Qué consecuencias tiene para este colectivo?

Las implicaciones son muy serias. El propio procedimiento, al no considerar el screening y evaluación del estado emocional de la mujer como protocolo a seguir, niega la posibilidad de que la mujer experimente síntomas depresivos y/o ansiosos durante el periodo perinatal. Por tanto, el propio sistema se convierte en un obstáculo para ofrecer un servicio de salud integral en este periodo. Esto produce un infra-diagnóstico e infra-tratamiento de estos problemas emocionales y, como consecuencia, la cronificación de los síntomas ansiosos y depresivos en la mujer y los efectos negativos que estos pueden producir en el desarrollo físico, cognitivo y emocional del feto y/o bebé.

A la luz de los datos, ¿considera que los trastornos de ansiedad y depresión en mujeres embarazadas están recibiendo la atención que se merecen?

Desgraciadamente no.

¿Qué acciones, a su modo de ver, se podrían implementar en el sistema sanitario para mejorar esta situación?

Lo primero sería identificar a las mujeres embarazas con factores de riesgo  para el desarrollo de estos trastornos (p.ej., historia de trastornos de ansiedad y depresión previos, falta de apoyo familiar o social, embarazo no deseado o planificado, problemas económicos, etc.) a través de métodos de screening y evaluación. Esta medida posibilitaría llevar a cabo intervenciones preventivas psicosociales que reduzcan la posibilidad de sufrir estos trastornos. Por otra parte, la evaluación del estado emocional de la mujer de manera longitudinal, durante el embarazo y el posparto, permitiría la identificación rápida de síntomas ansiosos y depresivos, lo que daría pie a la utilización de tratamientos psicológicos basados en la evidencia. Esta medida reduciría el deterioro y cronificación de los síntomas y los efectos adversos en el feto y/o bebé, mejoraría la vivencia del embarazo y maternidad de la mujer y también el vínculo materno-filial. Todas estas medidas requieren la formación del personal sanitario (matronas, obstetras, médicos de familia, etc.) y la especialización de psicólogos generales sanitarios, psicólogos especialistas en psicología clínica y psiquiatras en el área de la salud mental perinatal.

En relación con la evidencia científica, ¿cuál es el estado de la cuestión respecto al desarrollo de instrumentos de detección?

Afortunadamente contamos con entrevistas clínicas, cuestionarios y escalas de screening y evaluación que cuentan con índices adecuados de fiabilidad y validez en español. También contamos con instrumentos específicos para la evaluación del estado emocional de la mujer en el periodo perinatal (p.e., EPDS; Cox et al.,  1987; PDSS; Beck y Gable, 2002; MMS; Le y Muñoz, 1998, entre otras), siendo la más conocida y utilizada la Escala Edinburgh para la Depresión Postnatal (EPDS; Cox et al.,  1987; validación española de García-Esteve et al., 2003), que se recomienda en distintas guías de intervención en España (p.ej., Comunidad Autónoma de Aragón).

¿Qué beneficios/costes supondría la implementación de los mismos dentro del sistema sanitario?

Los beneficios de su uso para el sistema sanitario serían, a nivel general, la mejora de la intervención integral a la mujer en el periodo perinatal, y a nivel específico, su fácil utilización, fiabilidad y validez de los resultados, detección temprana de síntomas depresivos y ansiosos, rapidez en la derivación y atención psicológica/psiquiátrica (programas de prevención  o tratamiento), permitiendo un seguimiento del estado emocional a lo largo del tiempo, entre otros.

Los costes derivados de estos procedimientos se relacionarían con la adquisición de los instrumentos de screening/evaluación, la formación del personal sanitario implicado en la atención de la mujer embarazada y en el posparto, la incorporación de estas medidas en las guías de atención a la mujer en el periodo perinatal y su supervisión, clarificar la participación y responsabilidad de los distintos profesionales sanitarios y diseñar e implementar programas de prevención y tratamiento de los trastornos emocionales en la mujer embarazada y en el posparto, entre otros. Como puede observarse el coste derivado de estas medidas no sería elevado en comparación con otros métodos de evaluación, diagnóstico y tratamiento desde una perspectiva física/médica.

Actualmente forma parte de un equipo de investigación que ha elaborado una propuesta que contempla el uso de las nuevas tecnologías para evaluar la depresión y ansiedad durante el embarazo y el posparto. ¿Podría hablarnos de esta herramienta?

El proyecto Mamáfeliz pretende demostrar la utilidad y eficacia de distintos dispositivos tecnológicos en el screening y evaluación de factores de riesgo y síntomas depresivos/ ansiosos en la mujer embarazada y en el posparto. Hasta el momento hemos desarrollado una página web (www.mamafeliz.es, ya no está disponible) y una aplicación para Smartphones (https://play.google.com/store/apps/details?id=es.eduqtech.mamafeliz&hl=es) disponible gratuitamente para Android en Play Store.

Creemos que el uso generalizado de Internet y las aplicaciones móviles entre la población, convierten a estos instrumentos en unos aliados imprescindibles para la prevención de la depresión y ansiedad perinatal.

Hemos realizado otros estudios a través de Internet con colegas de la Universidad de Palo Alto (San Francisco), George Washington University (Washington) y la Universidad de St. Gallen (Suiza). Concretamente utilizando Google AdWords, hemos llevado a cabo un estudiopara conocer las opiniones y preferencias de las mujeres respecto a los contenidos y formatos que les interesarían en el caso de querer participar en un programa preventivo para la depresión perinatal (en prensa). Actualmente, llevamos a cabo otro estudio internacional con profesionales sanitarios vinculados al área materno-infantil para conocer sus opiniones y actitudes respecto al uso de las nuevas tecnologías en su trabajo, servicios que desearían incluir, beneficios y costes que observan, etc.

¿Qué ventajas y costes supondría la aplicación de este procedimiento de detección en el sistema sanitario?

Las ventajas de estas herramientas (páginas web, aplicaciones para móviles, etc.) si se utilizaran combinados con otros servicios dentro del Sistema Nacional de Salud podrían ser: su familiaridad en la vida cotidiana de la población, son fáciles de usar y cómodos, pueden utilizarse cuando la usuaria lo desee facilitando así la organización de su tiempo, se les otorga objetividad y rigor científico, al responder desde casa sin la presencia del profesional puede aumentar la sinceridad, pueden ofrecer retroalimentación de los datos obtenidos, reducen el tiempo de las intervenciones de los profesionales sanitarios que solo intervendrían cuando se detecta un riesgo moderado/elevado de trastorno depresivo/ansioso, entre otras. No conocemos el coste que estas herramientas podrían tener si se comercializaran como uso particular o para los sistemas de salud, pero sí estamos convencidos de que los beneficios serían mayores que los costes asociados, dado el vacío generalizado con el que nos encontramos actualmente.

Para finalizar, ¿le gustaría realizar algún comentario más?

Agradecer la cobertura de esta información por parte de INFOCOP y, por último, animar a los psicólogos generales sanitarios y especialistas en psicología clínica a que aumenten su formación en salud mental perinatal y que reivindiquen su incorporación a los servicios sanitarios que atienden a las mujeres embarazadas y en el posparto (atención primaria y unidades de maternidad). Nuestra contribución en el abordaje de la salud integral de la mujer en el periodo perinatal es fundamental.

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