Mónica López1 y Jorge F. del Valle2

1Universidad de Groningen, Países Bajos

2Universidad de Oviedo, España

Se estima que en España hay más de 14.000 niños viviendo en hogares de protección infantil mientras esperan una familia. Uno de los grandes obstáculos para la salida de estos niños a un acogimiento familiar es la escasez de familias acogedoras en España.

Ante esta situación, se ha aprobado recientemente una reforma profunda del marco jurídico de protección de la infancia español, siendo uno de los aspectos más notables la priorización del acogimiento familiar frente al residencial. La reforma establece que no se acordará el acogimiento en hogares residenciales de ningún menor de tres años.

Una de las principales implicaciones de esta reforma legislativa es la necesidad de aumentar el banco de familias acogedoras. Esta tarea de captación de nuevas familias, reconocida internacionalmente como una de las más complejas del sistema de protección, ha de afrontarse en un momento dominado por la  escasez de recursos, tanto dentro de los servicios sociales destinados al desarrollo de acciones de captación, como en el contexto de las familias españolas.

En un momento en el que se apuesta tan firmemente por el acogimiento familiar, y por la definición formal del rol del acogedor, parece más que conveniente pararse a reflexionar sobre la respuesta ofrecida por los servicios de acogida a las personas que hacen posible esta compleja intervención. Por ello, en el presente estudio hemos tratado de analizar la experiencia de los acogedores familiares en España desde su propia perspectiva. Se han realizado entrevistas con 200 acogedores en familias extensas y ajenas de 5 regiones españolas, en las que se ha indagado sobre su motivación para convertirse en acogedores, sus fuentes de estrés y gratificación, su satisfacción con los servicios y sus necesidades.

Las motivaciones más frecuentes para convertirse en acogedor son altruistas, relacionadas con el deseo de producir un impacto positivo en la vida de niños que han sufrido en el seno de sus familias, así como otros motivadores intrínsecos relacionados con el deseo de añadir un nuevo miembro a la familia. Este resultado supone una llamada de atención a posibles vulnerabilidades del sistema de acogidas ya que motivaciones relacionadas con experimentar la paternidad  o maternidad pueden resultar en una mayor sensación de pérdida y duelo cuando la acogida llega a su fin.

Aunque el nivel de satisfacción con los programas de acogida es por lo general alto, los acogedores han otorgado valoraciones más bajas a la información recibida sobre el niño inicialmente y las ayudas económicas. Los aspectos del acogimiento mejor valorados han sido la rapidez de respuesta y el grado de apoyo de los profesionales cuando se solicita información o ayuda.

Las necesidades percibidas citadas con mayor frecuencia han sido el incremento del apoyo económico para cubrir los costos de la crianza del niño acogido, mayor sensibilidad y apoyo por parte de los profesionales, la simplificación y aceleración de los procedimientos, la disponibilidad de servicios especializados, mejor información sobre los niños acogidos, y ayuda para lidiar con las familias biológicas.

Una dimensión del apoyo que parece estar siendo descuidada es la relativa al llamado mundo emocional de la acogida. Los profesionales parecen fallar a la hora de hacer sentir a la familia valorada, reconocer sus opiniones o implicar a los acogedores como parte esencial del equipo que trabaja por el bienestar del menor. En investigación previa se ha puesto de manifiesto como una de las claves para mantener a los acogedores en este exigente rol es proporcionarles el apoyo y como las interacciones insatisfactorias y la falta de comunicación con los profesionales pueden aumentar el riesgo de ruptura de la acogida. Además de reclamar apoyo emocional, los acogedores han expresado la necesidad de apoyos especializados, como servicios de atención psicológica, que les ayuden a hacer frente a su inseguridad, sus sentimientos de pérdida cuando cesa la acogida y las características especiales de los niños acogidos.

Los resultados de este estudio sugieren una serie de implicaciones importantes para la práctica. Principalmente se han identificado deficiencias en el apoyo y la formación para los acogedores. Uno de los retos más importantes para el fomento de los servicios de acogida en España será encontrar formas creativas de aprovechar al máximo los beneficios intrínsecos del acogimiento, y reducir al mínimo los déficits que hemos detectado, en un momento en que los recursos escasean. Incluso teniendo en cuenta estas limitaciones, creemos que al hacer a los servicios de acogida y sus profesionales más conscientes de las necesidades y experiencias de los acogedores, podemos mejorar la sensibilidad y la empatía de los profesionales hacia las familias, lo que precisamente se ha revelado como una de las necesidades más importantes en este estudio.

El éxito de un programa de acogida no depende exclusivamente de los acogedores sino también de los profesionales que lo conforman, entre otros, a través del apoyo que ofrecen. Es crucial que los profesionales sean conscientes de los factores que condicionan una experiencia positiva de acogida. Por ello, consideramos que el contenido e implicaciones de este estudio son de vital relevancia para los profesionales al ofrecer pautas sobre cómo mejorar la intervención con las familias acogedoras.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicothema:

López López, M. & Del Valle, J.F. (2016). The foster care experience: An exploration of foster carers motivation, satisfaction and needs. Psicothema, 28(2), 122-129.

Mónica López López es profesora en la Facultad de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Universidad de Groningen, Países Bajos.

Jorge F. del Valle es catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo y director del Grupo de Investigación en Familia e Infancia (GIFI).

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