Según los resultados de una encuesta llevada a cabo por Save The Children, la salud mental de los niños de Mosul ha empeorado de forma alarmante como consecuencia del conflicto armado y los años que llevan viviendo bajo la presencia del ISIS.

Se trata de la mayor encuesta realizada hasta la fecha sobre el impacto del conflicto iraquí en la salud mental infantil, en la que han participado 65 niños de un campo de desplazados al sur de Mosul.

Los datos muestran que los niños tienen graves secuelas psicológicas (incapacidad para expresar emociones, trastornos del sueño, comportamiento mecánico, e incluso incapacidad para jugar), debidas a los recuerdos de la violencia extrema que viven constantemente y que les hace temer por sus vidas cada día.

Debido al conflicto, el 90% de los niños que participaron en el estudio tiene al menos un familiar que ha fallecido, del que se ha visto separado durante la huida o que ha sido secuestrado. Además, el 85% de los menores encuestados han sufrido violencia o han sido testigos de cómo la sufrían otros niños. En concreto, han presenciado el asesinato de familiares, han visto cadáveres y sangre, y las bombas han destruido sus casas.

Según los expertos, a largo plazo y con un tratamiento psicológico adecuado e inmediato, estos menores serían capaces de reconstruir sus vidas, de otra manera podrían sufrir daños físicos y psicológicos permanentes.

El apoyo de los padres y la familia es vital para ayudar a los niños a sobrellevar el estrés extremo. Sin embargo, muchos padres también están psicológicamente muy afectados por el conflicto y son incapaces de ayudar a sus hijos. Además, los datos muestran que los niveles de violencia doméstica han aumentado en los campos de desplazados; el 85% de los niños relata haber sido golpeados o haber visto a otros recibir golpes, algo que les provoca ira y tristeza.

Expertos de Save the Children afirman que la exposición a niveles extremos de violencia está causando a todos los niños entrevistados signos claros de “estrés tóxico”. Afirman que, si no reciben tratamiento, estas vivencias pueden tener un grave impacto en su salud mental y física para toda la vida, lo que aumenta la posibilidad de padecer enfermedades cardiacas, depresión, ansiedad, diabetes y abuso de sustancias.

Fuente:

Save the Children

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