Javier Cejudo y Mª Luz López-Delgado

Facultad de Educación de Ciudad Real (UCLM)

Es indudable que las continuas transformaciones sociales, tecnológicas y del propio sistema educativo, hacen necesaria una reflexión en torno a la figura del colectivo docente. Estos cambios son demandados por la sociedad en general y por los investigadores en particular. En este sentido, el famoso neurocientífico  estadounidense Antonio Damasio afirma que “el objetivo de una buena educación es organizar nuestras emociones para que podamos cultivar las mejores y eliminar las peores”. Del mismo modo, el neurocientífico español Francisco Mora señala que es necesario enseñar y aprender desde la alegría. Esta afirmación, que compartimos plenamente, conlleva un debate sobre las competencias del profesorado, y que históricamente se han centrado en competencias de índole técnica dejando a un lado las competencias de índole socioemocional.

Asimismo, actualmente muchos psicólogos y educadores recalcan que las emociones son fundamentales en el proceso de enseñanza-aprendizaje por dos razones:

a. El proceso de enseñanza-aprendizaje se define por la interacción entre personas.

b. La identidad personal y profesional de los docentes, en muchas ocasiones son inseparables y en el aula se convierten en factores de influencia en la autoestima y en el bienestar personal y social del alumnado.

De hecho, el rol docente implica una importante carga de trabajo emocional, tanto por lo que exige de sensibilidad a las emociones ajenas como por lo que exige de manejar apropiadamente las emociones propias y ajenas para facilitar y optimizar la calidad de las relaciones interpersonales que caracterizan a las organizaciones escolares. Sin lugar a dudas, se puede afirmar que los procesos emocionales de alumnos y profesores están presentes en el aula, estas relaciones interpersonales pueden generar crecimiento en ambas partes, o también desgaste y sufrimiento en alguna de ellas.

La inclusión de la educación emocional en los planes de estudio destinados a la formación del profesorado pasa por la necesidad de que la misma forme parte de su bagaje pedagógico y para ello es preciso que se constituya en un campo de conocimiento relevante en su formación. Son varios estudios los que ponen de manifiesto que el profesorado esta concienciado de la necesidad de trabajar la educación emocional en el aula, sin embargo no dispone ni de la formación ni de los recursos para desarrollarla.

Nuestros resultados han mostrado que de todas las dimensiones de la inteligencia emocional, los docentes opinan que las dimensiones interpersonales son las más importantes dentro del conjunto de competencias socioemocionales en el ejercicio de la docencia. En un análisis más detallado los docentes opinan que las características personales relacionadas con la inteligencia emocional que pueden ser más necesarias para el óptimo desempeño del trabajo del profesorado son, en este orden: a) la gestión emocional de los demás; b) las habilidades de relación; y c) el control de la impulsividad. Por otro lado, los docentes opinan que las dimensiones intrapersonales son menos necesarias para el óptimo desempeño del trabajo de un docente. Siendo las menos importantes: a) la percepción emocional propia; b) la regulación emocional propia; y c) la gestión del estrés.

De modo que, nuestros resultados apuntan a que un posible efecto colateral de la mejora de la IE del profesorado pudiera ser también, indirectamente, la mejora de su competencia para afrontar con garantía de éxito el proceso de enseñanza-aprendizaje, dada la relación que hemos hallado entre IE y reconocimiento de la importancia de las características de la inteligencia emocional que pueden ser más necesarias para el óptimo desempeño del trabajo de un docente.

Si bien esto es sólo, por el momento, una conjetura, futuras investigaciones dirigidas a mejorar la competencia docente a través de la mejora de la inteligencia emocional  podrían explorar si los programas de educación emocional del profesorado también están contribuyendo a  incluir en las prácticas educativas en el aula la educación de las competencias emocionales del alumnado. Sin embargo, en la formación de los profesionales de la docencia no se ha incluido formación relacionada con las competencias emocionales a pesar de la importancia que los docentes otorgan a estas competencias en el adecuado desarrollo del proceso de enseñanza y el aprendizaje. Es sin duda, nuestro deseo seguir contribuyendo a poner de manifiesto la importancia de la inteligencia emocional en la labor docente.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicología Educativa:

Cejudo, J., y López-Delgado, M. L. (2017). Importancia de la inteligencia emocional en la práctica docente: un estudio con maestros. Psicología Educativa, 23, 29-36.

Referencias:

Bisquerra, R., Pérez-González, J. C., y García Navarro, E. (2015). Inteligencia emocional en educación. Madrid: Síntesis.

Cejudo, J., López-Delgado, M. L., Latorre, J. M., y Rubio, M. J. (2015). La formación en educación emocional de los docentes: una visión de los futuros maestros. Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, 26(3), 45-62.

Pekrun, R., y Linnenbrink-Garcia, L. (Eds.). (2014). International handbook of emotions in education. New York: Routledge.

Uitto, M., Jokikokko, K., y Estola, E. (2015). Virtual special issue on teachers and emotions in Teaching and teacher education (TATE) in 1985-2014. Teaching and Teacher Education, 50, 124–135. http://dx.doi.org/10.1016/j.tate.2015.05.008

Javier Cejudo es licenciado en Psicología por la UCM, y doctor en Educación por la UNED. Es profesor del Departamento de Psicología en la Facultad de Educación de Ciudad Real impartiendo docencia en los grados de Educación Primaria e Infantil. Su principal línea de investigación está relacionada con la promoción de la educación de la inteligencia emocional y de las competencias socioemocionales en el ámbito educativo, así como, la evaluación de programas de educación emocional.

Maria Luz López Delgado, doctora en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora de la Facultad de Educación de Ciudad Real de la Universidad de Castilla la Mancha en el área de Psicología Evolutiva y de la Educación. Sus investigaciones se centran en el estudio de la incidencia de la inteligencia emocional en los procesos educativos dentro del contexto escolar.

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