La adolescencia y los primeros años de la edad adulta son un período de la vida con muchas transiciones. Los jóvenes crecen, tanto física como psicológicamente, y comienzan a pasar tiempo lejos de su familia, con amigos y compañeros.

Este puede ser un momento en el comienzan a asumir nuevos roles que son gratificantes y, simultáneamente, suponen un desafío; sin embargo, también puede haber momentos de gran estrés, que, en ocasiones, pueden derivar en un trastorno mental.

Así lo afirma la EFPA (European Federation of Psychologists Associations-Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos), en un comunicado emitido el pasado mes de octubre, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, cuyo lema este año 2018 se centra en la salud mental infanto-juvenil y en la trascendencia de cuidarla.

Tal y como señala la EFPA, la adolescencia es un período de la vida en el que los principales problemas de salud no suelen ser físicos, sino que están relacionados con el comportamiento: suelen ser comportamientos que comprometen la salud o conductas de alto riesgo que pueden conllevar daños graves, con resultados a veces incluso fatales. Los más graves están asociados con el uso indebido de sustancias, con una calidad de vida perjudicial para la salud y la mala salud mental.

A este respecto, indica, “en las últimas décadas ha surgido un enfoque de prevención, donde buscar el bienestar de todos los jóvenes es la mejor manera de lidiar con los problemas de salud mental de los adolescentes, en lugar de enfocarse en ayudar a la persona una vez que el problema se ha instaurado”. Este enfoque está orientado a evitar riesgos y mantenerlos alejados de situaciones potencialmente perjudiciales.

La promoción y la prevención de la salud mental se consideran dos caras de la misma moneda, con el objetivo común de aumentar la capacidad de los jóvenes para hacer frente a los desafíos de la vida -con efectos perjudiciales mínimos-, y, al mismo tiempo, maximizar su bienestar, e impulsar la autorrealización personal y el compromiso social.

La Federación lamenta que, pese a que a nivel mundial parecen haber mejorado las condiciones de vida, registrándose una menor tasa de muertes entre los jóvenes, aún hoy día afrontan numerosos retos, como, por ejemplo, el encontrarse inmersos en un mundo tecnológico donde las relaciones personales online pueden ser muy diferentes a las del mundo real. También se enfrentan, junto con todos los grupos de edad, a cambios ambientales, políticos y socioeconómicos que, en algunos países, han llevado a conflictos armados y crisis humanitarias, lo que ha obligado a muchas familias, con miembros jóvenes, a huir de sus hogares.

Dado lo anterior, la EFPA pone de relieve el papel clave que desempeñan los psicólogos en el campo de la ciencia de la prevención, y subraya la necesidad urgente de desarrollar políticas públicas basadas en la evidencia que proporcionan algunas investigaciones en este campo, especialmente psicológicas, instando a sus asociaciones miembro a tomar medidas en sus propios países para apoyar este objetivo.

Según señala, estas políticas públicas deben ser "amigables con los adolescentes" (adolescent friendly) y dirigidas a promover su competencia personal y social, su compromiso social y sus oportunidades de vida, a fin de construir fuertes redes de apoyo entre iguales para los jóvenes.

A modo de ejemplo, recoge dos programas de apoyo a niños y adolescentes, implementados en Dinamarca y Portugal, y llevados a cabo por psicólogos, con el propósito de mejorar la salud mental y el aprendizaje de los jóvenes, y “darles voz”, promoviendo su participación activa en contextos sociales y políticas públicas.

No obstante, la EFPA subraya que este enfoque en la prevención universal y en el bienestar general y el compromiso social no puede evitar todos los problemas de salud mental entre los adolescentes. Por ello, manifiesta que quienes desarrollan problemáticas de esta índole, tienen derecho a acceder a un sistema de salud local y sostenible, para hacer frente a sus problemas y recibir una atención adecuada.

En línea con el informe del Relator Especial de la ONU (emitido en junio de 2017), la Federación se muestra tajante al afirmar que los servicios de salud mental tienen mucho trabajo que hacer para mejorar sus estándares. La EFPA concluye resaltando el rol de los psicólogos como alternativa positiva, y la importancia de que trabajen para garantizar que todos los servicios de salud mental den prioridad a la prevención y respeten los derechos humanos.

Fuente: EFPA

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