Informar sobre salud mental sin caer en el sensacionalismo, el morbo o los estereotipos no solo es una cuestión de ética periodística, sino también una herramienta clave para la promoción del bienestar psicológico, la defensa de los derechos y la prevención del suicidio. Utilizar un lenguaje respetuoso, contextualizar adecuadamente la información, evitar titulares dañinos y ofrecer recursos de ayuda puede marcar la diferencia entre perpetuar el estigma o contribuir activamente a una sociedad más informada e inclusiva.
Así lo indica la nueva guía «Informar sin estigmatizar», impulsada por el Observatorio de Salud Mental de Feafes Salud Mental Extremadura, un documento que recoge un conjunto de recomendaciones dirigidas a los y las profesionales de los medios de comunicación y a todas aquellas personas que informan sobre salud mental.
La publicación actualiza y refuerza una serie de orientaciones prácticas para comunicar sobre salud mental desde el respeto, la veracidad y la sensibilización social, subrayando el papel fundamental que desempeñan los medios en la construcción del imaginario colectivo. No en vano, tal y como recoge el documento, cerca del 90% de la información que recibe la población sobre salud mental procede de los medios de comunicación, lo que convierte su tratamiento informativo en un factor determinante para reducir —o reforzar— los prejuicios sociales.

Salud mental, estigma y medios de comunicación.
La guía parte de una premisa clara: la salud mental es una parte inseparable del bienestar general y no existe salud sin salud mental. En este sentido, recuerda que «también está bien no estar bien», evitando patologizar los malestares cotidianos o los sinsabores inherentes a la vida. El documento diferencia claramente entre el malestar emocional —que puede aparecer en cualquier momento vital— y los trastornos mentales graves, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión o los trastornos de ansiedad, que generan un sufrimiento intenso, requieren atención especializada continuada y, en muchos casos, pueden implicar un elevado grado de discapacidad.
Las personas con trastorno mental grave se enfrentan de forma recurrente a situaciones de estigmatización, rechazo y discriminación, lo que impacta negativamente no solo en su bienestar psicológico, sino también en el de sus familias. En este contexto, la guía subraya que los medios de comunicación pueden ser parte del problema o parte de la solución. La difusión de mensajes erróneos, imágenes estereotipadas o enfoques sensacionalistas contribuye a reforzar prejuicios profundamente arraigados, como la falsa asociación entre trastorno mental y violencia, dificultando que las personas pidan ayuda o expresen su sufrimiento emocional.
Comunicar con estigma: errores frecuentes que deben evitarse.
El documento identifica numerosas prácticas comunicativas que perpetúan el estigma y que siguen siendo habituales en distintos formatos informativos. Entre ellas, etiquetar a las personas por su diagnóstico, utilizar expresiones como «enfermo mental» o «loco», o reducir la identidad de una persona a su problema de salud mental. También se considera estigmatizante el uso de titulares alarmistas o sensacionalistas, que exageran o distorsionan la información para captar atención, especialmente cuando se vincula la salud mental con hechos violentos sin base objetiva.
Otro error frecuente es frivolizar o banalizar la salud mental, empleando términos clínicos fuera de contexto o como metáforas, así como confundir sistemáticamente los trastornos mentales con peligrosidad. La guía alerta, además, sobre el tratamiento irresponsable de diagnósticos o «problemas psiquiátricos» sin respetar la legislación vigente en materia de protección de datos, recordando que se trata de información especialmente sensible.
Ejemplos claros de comunicación estigmatizante serían afirmaciones como que «las personas con trastornos mentales son peligrosas o violentas», que «ir al psicólogo es solo para locos», que «la salud mental es una señal de debilidad» o que «quien intenta suicidarse solo quiere llamar la atención». Estos mensajes no solo son falsos, sino que refuerzan el miedo, el rechazo social y el silencio.
Comunicar sin estigma: promover una mirada responsable y humana.
Frente a estas prácticas, la guía propone una comunicación basada en las personas, no en las etiquetas, que fomente el respeto, la empatía y la comprensión. Informar con rigor implica documentarse adecuadamente antes de publicar, utilizar fuentes fiables y contrastadas y tratar la salud mental con la misma seriedad que cualquier otro ámbito de la salud.
Comunicar sin estigma supone también romper mitos con datos reales, visibilizar que el sufrimiento emocional puede afectar a cualquier persona y que buscar ayuda profesional es un paso positivo hacia el bienestar emocional. La guía recuerda que las personas con trastorno mental grave pueden mantener relaciones afectivas sanas, trabajar, vivir de forma autónoma y construir una familia, desmontando así una visión reduccionista y limitante.
Ejemplos de comunicación responsable serían mensajes como que cuidar la salud mental es una muestra de fortaleza y autocuidado, que acudir al o la profesional de la psicología forma parte del cuidado de la salud psicológica o que existen recursos y apoyos para acompañar los procesos de recuperación.
Un decálogo para informar mejor sobre salud mental.
El documento incorpora un decálogo de comunicación en salud mental, que constituye una guía práctica para periodistas y comunicadores. Entre sus recomendaciones destacan dar voz a las personas con experiencia en primera persona, ya que sus testimonios ayudan a romper estereotipos; documentarse adecuadamente y recurrir a entidades especializadas; recordar que un trastorno no define a la persona; evitar representaciones gráficas estereotipadas; cuidar el lenguaje y evitar términos ofensivos; y no relacionar la salud mental con la violencia sin fundamento.
Asimismo, el decálogo subraya la importancia de evitar el paternalismo, destacando capacidades y no solo limitaciones, y recuerda que una de cada cuatro personas tendrá un problema de salud mental a lo largo de su vida, siendo cada caso único. En este sentido, la guía insiste en que una buena comunicación no es neutral: combatir el estigma favorece la inclusión social y la garantía de derechos.
Informar sobre suicidio: una responsabilidad clave para la prevención.
Uno de los apartados centrales de la guía aborda las buenas prácticas en la información sobre la prevención del suicidio, un ámbito especialmente sensible donde el tratamiento informativo puede tener consecuencias directas. El documento insiste en la necesidad de hablar de suicidio con cuidado, criterio y responsabilidad, evitando colocarlo en el centro de la noticia o convertirlo en un foco reiterado.
Entre las recomendaciones se incluye dar el contexto justo, informar desde la prevención, mostrar señales de alerta, difundir recursos de ayuda —como la Línea 024 de atención a la conducta suicida o el Servicio de Información y Orientación en Salud Mental— y ofrecer mensajes de esperanza y apoyo. La guía advierte expresamente contra la descripción de detalles sensibles, como el método, el lugar o las circunstancias concretas, así como contra la glorificación, la banalización o la difusión de notas y mensajes personales, incluso cuando circulan en redes sociales.
El documento recuerda que el suicidio es el resultado de un sufrimiento profundo y complejo, influido por múltiples factores, como problemas de salud mental, aislamiento social, experiencias traumáticas, pérdidas, pobreza, desempleo o adicciones. Romper mitos —como que «el suicidio es un acto egoísta», «una llamada de atención» o «un impulso sin más»— es esencial para salvar vidas.
Comunicar bien también es cuidar.
La guía concluye subrayando que el papel de los medios de comunicación importa. Informar con respeto, sin estigmas ni morbo, contribuye a la prevención y al cuidado de la salud mental colectiva. Hablar bien del suicidio puede salvar vidas, mientras que callar o comunicar mal puede generar justo el efecto contrario. En definitiva, comunicar bien también es una forma de cuidar, y los medios tienen la capacidad —y la responsabilidad— de convertirse en aliados clave en la promoción de la salud mental y la lucha contra el estigma.
Se puede acceder a la guía completa desde la página web de FEAFES Extremadura o bien directamente aquí.
