La práctica regular de actividad física se asocia de forma consistente con una mejor salud mental, una reducción de síntomas psicológicos y un mayor bienestar psicológico a lo largo de todo el ciclo vital. La evidencia indica que, moverse más, no solo contribuye a mejorar el estado de ánimo o reducir el estrés, sino que puede desempeñar un papel relevante tanto en la prevención como en el abordaje complementario de distintos problemas de salud mental, especialmente, en contextos clínicos y poblaciones vulnerables.
Así lo afirma un estudio publicado en la Revista de Psicología Aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico, a través del cual se analizan de forma integral los efectos de la actividad física sobre la salud mental en la población general, sintetizando la evidencia procedente de diversas revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados durante la última década.
El trabajo parte con una definición de “salud mental”, en línea con la que ofrece la Organización Mundial de la Salud, entendida, no solo como la ausencia de trastornos mentales, sino como un estado de bienestar emocional, psicológico y social que permite a las personas afrontar los retos de la vida cotidiana. Desde esta perspectiva, la actividad física se plantea como una estrategia potencialmente eficaz para la promoción, la prevención y el tratamiento de problemas de salud mental, aunque la literatura existente hasta ahora se caracteriza por su dispersión y heterogeneidad.
Con el fin de ofrecer una visión de conjunto más estructurada y consistente, el estudio adopta un enfoque integrador basado en una revisión paraguas, una metodología que permite sintetizar los resultados de múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis, depurando la denominada «lluvia de evidencia» y facilitando la interpretación de hallazgos relevantes para la práctica aplicada y la toma de decisiones en políticas públicas.

Un análisis de gran alcance sobre actividad física y salud mental.
La revisión incluye un total de 197 artículos, extraídos de búsquedas realizadas en las bases de datos PubMed y Scopus, con un tamaño muestral acumulado estimado de más de 4,5 millones de participantes. Los estudios analizados abarcan un amplio periodo temporal (2012–2022) y cubren diferentes dominios de la salud mental, desde problemas como la depresión, la ansiedad, los trastornos neurodegenerativos, los trastornos psicóticos y el consumo de sustancias psicoactivas, hasta el bienestar psicológico.
Los resultados se organizan en función del tipo de evidencia reportada en los estudios revisados, clasificándola como favorable, de baja evidencia o sin efecto. Esta categorización permite identificar patrones consistentes y áreas donde los resultados son más sólidos, así como ámbitos en los que la evidencia sigue siendo limitada o contradictoria.
De forma global, la revisión muestra que entre el 71% y el 82% de los estudios incluidos reportan efectos favorables de la actividad física sobre distintos dominios de la salud mental, lo que refuerza la idea de su potencial impacto positivo en este ámbito.
Evidencia sólida en depresión, ansiedad y trastornos neurodegenerativos.
Uno de los problemas más estudiados es la depresión, que concentra el mayor número de investigaciones analizadas. En este ámbito, la evidencia indica de manera consistente que la actividad física se asocia con una reducción de los síntomas depresivos, tanto en población general como en personas con diagnóstico clínico, aunque los tamaños del efecto varían entre pequeños, moderados y grandes en función del tipo de intervención y de la población estudiada.
Los autores señalan que las intervenciones basadas en ejercicio aeróbico, ejercicios de fuerza y prácticas mente-cuerpo, así como aquellas combinadas con tratamientos psicoterapéuticos, muestran una mayor probabilidad de producir efectos clínicamente relevantes en la reducción de la sintomatología depresiva. Además, la actividad física aparece no solo como una herramienta terapéutica, sino también como una estrategia eficaz en la prevención y rehabilitación de la depresión.
En relación con la ansiedad, el estudio identifica una evidencia predominantemente favorable, con efectos de moderados a grandes en la reducción de los síntomas ansiosos, especialmente en intervenciones que incluyen ejercicios aeróbicos, de alta intensidad o prácticas mente-cuerpo. No obstante, sus autores advierten de que algunas investigaciones no han encontrado efectos significativos, lo que pone de manifiesto la necesidad de seguir investigando para precisar las condiciones bajo las cuales la actividad física resulta más eficaz en estos casos.
Con respecto a los trastornos neurodegenerativos, la evidencia también es mayoritariamente favorable. Los estudios revisados indican que la actividad física se asocia con mejoras en la cognición global, la memoria, la atención y la calidad de vida, así como con una reducción de síntomas psicológicos en personas con demencia u otras patologías neurológicas.
Actividad física, trastornos psicóticos y consumo de sustancias.
La revisión analiza 28 estudios que abordan los trastornos psicóticos, de los cuales, el 71% reporta mejoras significativas asociadas a la actividad física. Entre los beneficios observados se incluyen la reducción de la gravedad de los síntomas positivos y negativos, así como mejoras en funciones cognitivas y calidad de vida. Asimismo, se apunta a un posible papel protector de la actividad física frente a la aparición de psicosis y esquizofrenia, aunque los autores subrayan la necesidad de seguir profundizando en esta línea de investigación.
Por el contrario, el consumo de sustancias psicoactivas constituye uno de los dominios menos estudiados. Aun así, la mayoría de los trabajos disponibles sugieren que la actividad física puede contribuir a reducir la ansiedad y la depresión en personas con drogodependencias, mejorar la calidad de vida y actuar como factor protector frente al consumo de sustancias. Sin embargo, la evidencia en este campo sigue siendo limitada y no permite extraer conclusiones definitivas.
Bienestar psicológico: beneficios consistentes y un impacto favorable en todos los estudios analizados.
Uno de los hallazgos más claros de la revisión se refiere al bienestar psicológico. En este dominio, todas las investigaciones analizadas reportan efectos favorables de la actividad física, con beneficios en la percepción de salud, el bienestar psicológico y social, la calidad del sueño, la autoestima, la resiliencia y la autoconfianza.
Estos efectos positivos se observan en diferentes etapas del ciclo vital, desde la infancia y la adolescencia hasta la edad adulta y la vejez, así como en poblaciones con condiciones de salud específicas, lo que refuerza el papel de la actividad física como una estrategia accesible y sostenible para el cuidado integral de la salud mental.
Intensidad, tipo de ejercicio y combinación con otros tratamientos.
La revisión señala que la actividad física de intensidad moderada y vigorosa es la que presenta los mejores resultados en términos de salud mental, aunque los autores advierten de que los tamaños del efecto no son concluyentes y que existe una notable heterogeneidad en los diseños de los estudios analizados.
Asimismo, se destaca que la actividad física resulta especialmente útil cuando se combina con intervenciones psicoterapéuticas, actuando como un complemento que puede potenciar los efectos del abordaje habitual y favorecer un enfoque biopsicosocial más completo en la atención a la salud mental.
Implicaciones prácticas y cautela en la interpretación.
A partir de estos hallazgos, el estudio subraya importantes implicaciones prácticas para profesionales del ámbito sanitario, educativo, deportivo y psicológico. Entre ellas, destaca la necesidad de diseñar programas de actividad física que no solo promuevan la condición física, sino que incorporen explícitamente objetivos de bienestar psicológico y salud mental, tanto en contextos preventivos como terapéuticos.
No obstante, los autores insisten en la necesidad de interpretar los resultados con cautela. La revisión presenta limitaciones derivadas de la heterogeneidad metodológica de los estudios incluidos, la variabilidad en las medidas utilizadas y la dificultad para establecer relaciones dosis-respuesta claras en términos de frecuencia, intensidad, duración y tipo de actividad física.
En este sentido, concluyen señalando la importancia de seguir desarrollando investigaciones que permitan precisar con mayor rigor qué modalidades de actividad física resultan más eficaces para cada dominio de la salud mental, así como profundizar en los efectos sobre variables positivas, como el bienestar psicológico, que han recibido menor atención en la literatura existente.
Fuente.
Tristancho-Celis, C., Parra-Jaramillo, L., Quiceno-Florez, C., Sandberg, T., Franco, A., Salazar-Tamayo, D., … & Aguirre-Loaiza, H. (2025). Efectos de la actividad física sobre la salud mental: una revisión paraguas de carácter integral. Revista de Psicología Aplicada al Deporte & al Ejercicio Físico, 10, e16, 1-24. https://doi.org/10.5093/rpadef2025a16
