La necesidad de abordar la brecha de género en salud

8 Mar 2023

Hoy, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Tal y como aseguran diferentes expertos, el género es uno de los principales determinantes sociales de la salud, lo que significa que las desigualdades de género tienen un impacto significativo en la salud de la población.

La brecha de género en la salud se refiere a las diferencias en la prevalencia de enfermedades, resultados de salud y acceso a la atención médica entre hombres y mujeres. En algunos países (como la Federación Rusa, Georgia o Armenia), los hombres tienen más probabilidades de sufrir mayores riesgos para la salud, pero en otros países esta tendencia es a la inversa. Este es el caso de España, que ocupa el puesto 33 de 90 países en presentar una mayor brecha de salud hacia las mujeres (ver más información aquí).

Autor: Ivan Oboleninov Fuente: 
pexels Fecha descarga: 02/03/2023

En los países donde se produce esta brecha de salud para las mujeres, los estudios han demostrado que las mujeres experimentan peores resultados en la atención médica, como mayores problemas para acceder a controles acerca de su estado de salud. Asimismo, las mujeres son más propensas que los hombres a experimentar problemas de salud mental comunes, siendo las mujeres jóvenes identificadas como un grupo de especial riesgo que, a su vez, presenta más problemas de suicidio (ver aquí).

A pesar de que los avances en la medicina y la tecnología han mejorado la salud y el bienestar de las personas, las mujeres todavía enfrentan desigualdades en el acceso a la atención médica y en la calidad de la misma.

Se han propuesto diferentes hipótesis para explicar esta brecha de género en salud. En primer lugar, las mujeres están habitualmente subrepresentadas en los ensayos clínicos, a lo que se suma el hecho de que la investigación médica propuesta por mujeres, para mujeres, no recibe la misma financiación que la investigación médica propuesta por hombres para hombres (más información aquí).

En segundo lugar, existe un mayor desconocimiento sobre los aspectos de la biología femenina en comparación con la biología masculina, es decir, a lo largo de la historia, la biología de la mujer no ha recibido el mismo interés como objeto de estudio en medicina (Rogers et al., 2008; Zucker et al., 2020). Asimismo, las mujeres han sido excluidas de los ensayos clínicos de medicamentos aludiendo a que las fluctuaciones hormonales femeninas hacen más difícil el estudio de los efectos de los fármacos (Foulkes et al., 2019; Zucker et al., 2020). De esta forma, la ciencia médica está sustentada bajo suposiciones de que tratamientos médicos similares funcionarán por igual para ambos sexos, sin haber sido esta cuestión debidamente contrastada.  Algunos estudios que sí han investigado este problema, muestran que las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir los efectos secundarios adversos de los medicamentos porque históricamente las dosis de los medicamentos se han basado en ensayos clínicos realizados en hombres (Soldin et al., 2008; Unger et al., 2022; Zucker et al., 2020).

En tercer lugar, incluso cuando se incluyen mujeres en la investigación preclínica y clínica, los resultados de los estudios no llegan a desglosar los resultados por sexo, un requisito que es necesario para determinar la existencia de diferencias significativas en eficacia y seguridad (Klinge et al, 2008).

Finalmente, otras investigaciones muestran que las mujeres también sufren retrasos para recibir un diagnóstico y sus quejas médicas no son tenidas en cuenta en la misma medida que las de los hombres, debido a prejuicios de género por parte de algunos profesionales sanitarios (Mauvais-Jarvis et al, 2020). La tendencia a minimizar o ignorar los síntomas que presentan las mujeres, además de dar lugar a un diagnóstico tardío o incorrecto, puede tener graves consecuencias para la salud y la calidad de vida de las mujeres. En un estudio reciente, se encontró que las mujeres con enfermedades crónicas como la diabetes y la enfermedad cardíaca reciben menos atención médica que los hombres con las mismas enfermedades (Bertakis et al., 2020). Otro ejemplo de esta brecha de género en la investigación médica es la enfermedad cardíaca, que es la principal causa de muerte en mujeres en todo el mundo. A pesar de esto, la mayoría de los estudios sobre enfermedades cardíacas se han realizado en hombres (Maas & Appelman, 2010). Como resultado, la enfermedad cardíaca en mujeres se diagnostica con menos frecuencia y se trata de manera inadecuada, lo que aumenta el riesgo de complicaciones y muerte. Otros estudios muestran que, en general, las mujeres experimentan más retrasos en la atención médica que los hombres, lo que resulta en un peor pronóstico para las enfermedades que padecen (Schootman et al., 2018). Esta discriminación también se extiende a la atención médica en salud reproductiva, donde las mujeres a menudo enfrentan barreras en el acceso a la atención médica relacionada con la salud reproductiva, incluyendo anticoncepción, aborto y atención prenatal (Jones et al., 2019).

En relación con la salud mental, numerosos estudios indican que las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir trastornos mentales que los hombres. Además, la discriminación de género también puede afectar a la salud mental de las mujeres, generando un ciclo de discriminación y mala salud mental. Según un estudio realizado en España por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2016), las mujeres tienen una mayor prevalencia de trastornos mentales que los hombres, incluyendo trastornos de ansiedad y depresión. Los autores del estudio indican que existen múltiples factores que pueden contribuir a esta brecha de género en salud mental, como las diferencias biológicas, los roles de género y la discriminación de género, entre otros.

En un informe más reciente, realizado por la Confederación Salud Mental España (2021), se advierte también que la brecha de género en salud mental sigue siendo una realidad en nuestro país. Según el estudio, las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir trastornos mentales que los hombres, incluyendo trastornos de ansiedad, depresión y trastornos alimentarios. Además, las mujeres también tienen más probabilidades de sufrir situaciones de violencia de género, que pueden tener un impacto significativo en su salud mental. El estudio destaca la importancia de abordar la discriminación de género en todos los ámbitos de la sociedad y garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud mental para todas las personas, independientemente de su género.

En resumen, la brecha de género en salud es un problema complejo que tiene sus raíces en una variedad de factores, como la subrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos o la falta de comprensión de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, así como debido a la presencia de discriminación por género. Para cerrar esta brecha, se deben tomar medidas que garanticen que las mujeres reciben una atención médica igualitaria y adecuada, incluyendo una investigación más sólida y una mayor conciencia de la diversidad biológica y de género.

Según afirman los expertos, la lucha frente a la discriminación por género en el ámbito de la salud requiere adoptar un enfoque transversal de género en todas las políticas, así como llevar a cabo una transformación integral en todas las áreas del sector sanitario (Alcalde-Rubio et al., 2020; Mauvais-Jarvis et al, 2020). Más de 20 años de investigación muestran que las desigualdades de género siguen arraigadas en los sistemas de salud y los sesgos de género y las actitudes sexistas afectan a la atención al paciente y en concreto, a la atención a las mujeres en nuestro contexto sanitario (Alcalde-rubio et al., 2020; Mazure et al., 2015). De esta manera, y aunque se han realizado investigaciones sobre la relevancia de las desigualdades de género en la atención de la salud, todavía sigue siendo muy escasa la investigación sobre intervenciones eficaces para proporcionar a los profesionales sanitarios herramientas prácticas que faciliten la aplicación de intervenciones clínicas orientadas al género, por lo que se debe impulsar la investigación y la práctica profesional en este terreno (Alcalde-Rubio et al., 2020, Samaei et al., 2022).

Puedes consultar las referencias aquí.

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