Ana López y Elisardo Becoña

Universidad de Santiago de Compostela

La explicación de la asociación entre consumo de sustancias y trastornos de personalidad presenta algunas dificultades, ya que en muchas ocasiones se desconoce si la personalidad es la que determina el inicio en el consumo de drogas, si es el consumo de drogas el que lleva a un patrón de personalidad desadaptativo, si el consumo de drogas lo que hace es modular una serie de rasgos previos, o si son independientes los patrones de personalidad y el consumo de drogas (Pedrero, 2003). Además, San (2004) apunta que la consideración de los trastornos de personalidad como categorías hace que se solapen muchos criterios diagnósticos, entre distintos trastornos. Es el caso del trastorno antisocial de la personalidad, en el que uno de sus criterios diagnósticos es la realización de actividades ilegales donde se puede incluir el consumo de drogas.

Respecto a las características que diferencian a los consumidores de sustancias con y sin trastorno de personalidad, Nace, Davis y Gaspari (1991) y Fernández (2002) consideran que los sujetos con trastorno de personalidad consumen sustancias ilegales con más frecuencia; tienen un patrón de consumo de alcohol diferente, son más compulsivos y lo usan para manejar su estado de ánimo e incrementar su funcionamiento; presentan más problemas psicopatológicos; más impulsividad; una menor satisfacción con sus vidas y un mayor aislamiento.

 

Martínez y Trujillo (2003) recogen las consecuencias de la presencia de trastornos de personalidad en los consumidores de drogas si no se aborda el tratamiento de forma adecuada: dificultad para alcanzar la abstinencia con frecuentes recaídas en el consumo, baja adherencia al tratamiento y abandono del mismo, consumos importantes de otras sustancias diferentes a la que motiva el tratamiento, uso abusivo y erróneo de los psicofármacos, y deterioro de la relación paciente – terapeuta, entre otras.

El objetivo del estudio al que aquí estamos haciendo referencia, publicado en la revista Psicothema, fue conocer las prevalencias de los patrones y síndromes que evalúa el MCMI-II y la relación de estos con diversas características sociodemográficas y características del consumo de drogas, en una muestra de personas con dependencia de la cocaína que están en tratamiento.

Participaron en el estudio 102 sujetos, 87 hombres y 15 mujeres con diagnóstico de dependencia de la cocaína y que estaban en tratamiento en Centros públicos de Drogodependencias de Galicia. Para poder hacer la evaluación sin que interfirieran los síntomas relacionados con la intoxicación o la abstinencia, se seleccionaron a pacientes que llevaban sin consumir esta droga un mínimo de tres semanas y un máximo de seis.

Los resultados fueron los siguientes: las escalas en las que un mayor porcentaje de sujetos en tratamiento por dependencia de la cocaína obtuvieron una puntuación por encima de 74, y por lo tanto, suponen una probabilidad de presencia de ese trastorno de personalidad, fueron la pasivo-agresiva, la antisocial y la narcisista, seguidas de la histriónica y la dependiente. En las escalas de personalidad patológica destacaron la límite y la paranoide. En otros estudios realizados con consumidores de cocaína en tratamiento, evaluados con el MCMI-II, los resultados han sido similares. En los síndromes clínicos de gravedad moderada, las escalas en las que un mayor porcentaje de sujetos obtuvieron una TB > 74 son la de abuso de drogas, abuso de alcohol, ansiedad e hipomanía. En los síndromes clínicos graves destacó el trastorno delirante. En el indicador de sinceridad (X) hubo un 67.6% de sujetos que tuvieron una TB superior a 74, en el de deseabilidad (Y) hay un 25.5% y en el de alteración (Z) se observó que un 37.3% de los sujetos con una TB superior a 74.

Figura 1. Porcentaje de sujetos con una puntuación TB superior a 74 en las escalas básicas de personalidad y en las escalas de personalidad patológica.

Al comparar las puntuaciones en las distintas escalas de este cuestionario con las variables sociodemográficas y características del consumo de drogas, obtuvimos que en función del sexo es más probable que sean mujeres los sujetos que obtienen una TB> 74 en las escalas de personalidad básica histriónica, agresivo-sádica y compulsiva, y en los síndromes de gravedad moderada de ansiedad e hipomanía, y en el indicador de deseabilidad. Mientras que es más probable que sean hombres los que obtienen una TB > 74 en la escala de abuso de alcohol.

Respecto a la vía de consumo, es más probable que los que tienen una TB > 74 en la escala antisocial y en el indicador de deseabilidad, utilicen la vía inyectada. Y los que tienen una TB > 74 en la escala de depresión mayor, es más probable que usen la vía fumada. Los que tienen una TB > 74 en el patrón antisocial, y en los síndromes de neurosis depresiva, abuso de drogas y depresión mayor, es más probable que hayan consumido heroína alguna vez en la vida. Mientras que los que tienen una TB > 74 en la escala dependiente es más probable que no hayan consumido nunca heroína. Los que tienen una TB > 74 en el patrón antisocial y en la escala de neurosis depresiva, es más probable que hayan realizado tratamientos previos por problemas con el consumo de drogas.

 

Al igual que en el estudio de Kleinman et al. (1990), que señalaban que existían perfiles diferentes entre los consumidores de cocaína y los consumidores de crack, estos últimos con un perfil semejante a los consumidores de heroína, en el presente estudio también pudimos concluir que hay un perfil semejante al de los consumidores de heroína. Otros estudios encuentran subtipos entre los consumidores de drogas (Muñoz, Navas, Graña y Martínez, 2006). En nuestro estudio los sujetos que utilizan como vía principal de consumo la vía inyectada, los que han consumido heroína alguna vez en su vida y los que han realizado tratamientos previos por problemas con el consumo de drogas, es más probable que tengan una TB > 74 en el patrón antisocial.

Queremos destacar, para finalizar, que, aunque el uso del MCMI-II en el ámbito de las drogodependencias está muy extendido, su utilidad no debe limitarse a determinar la posible presencia de trastornos de personalidad. Es un cuestionario útil para valorar los patrones de personalidad de todas las personas que demandan tratamiento y así planificar los objetivos terapéuticos en función de sus características de personalidad, ya que para cada persona el consumo de sustancias tiene una función diferente.

La investigación original sobre la que se basa este artículo puede encontrarse en la revista Psicothema: López, A. y Becoña, E. (2006). Patrones y trastornos de personalidad en personas con dependencia de la cocaína en tratamiento. Psicothema, 18, 577-582.

Ver referencias bibliográficas.

Sobre el autor y la autora:

Ana López Durán es Doctora en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela con la tesis que lleva por título "Características psicopatológicas de personas dependientes de la cocaína en tratamiento". Máster en Drogodependencias por la Universidad de Santiago de Compostela (1999-2001). Principal línea de investigación: diversos aspectos relacionados con el consumo de drogas y la evaluación psicopatológica.

Elisardo Becoña Iglesias es Catedrático de Psicología Clínica del Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad de Santiago de Compostela. Desempeña su principal línea de investigación, el tabaquismo, en la Unidad de Tabaquismo de la misma Universidad y, de manera más general, en adicciones.

 

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