José Carlos Sánchez

Universidad de Salamanca

Realizar o no una conducta saludable (p.ej., dejar de fumar) depende de los costos y beneficios que supone la realización de dicha conducta, al menos parcialmente. Y decimos parcialmente porque hay que tener en cuenta el valor subjetivo de las consecuencias relacionadas con las conductas saludables.

Desde la teoría prospectiva se predice que las personas estarán más dispuestas a realizar una conducta saludable si se les motiva para que piensen en términos de pérdidas asociadas a la no realización de dicha conducta (mensajes presentados como pérdida), que si se les motiva para que consideren las ganancias potenciales que pueden obtener si la realizan (mensajes presentados como ganancia).

 

La mayoría de los estudios confirman esto: el mensaje presentado como pérdida es más efectivo que el mensaje presentado como ganancia. Sin embargo, no han faltado trabajos que han demostrado lo contrario. Una explicación a esta inconsistencia la encontramos en el tipo de conducta a realizar. El efecto del mensaje no es lo mismo en una conducta de detección (por ejemplo, un chequeo, una mamografía) que en una conducta de prevención (por ejemplo, la utilización de un preservativo).

Las conductas de detección conllevan un cierto riesgo, ya que las personas hacen una evaluación subjetiva de las mismas (¿y si me encuentran algo malo?), sin embargo las conductas de prevención anticipan el comienzo de una enfermedad y mantienen el estatus de salud actual del sujeto.

Es más, una conducta de prevención puede llegar a ser una conducta de riesgo si uno elige no emprender esa acción (por ejemplo, ponerse un preservativo). ¿Qué importancia tiene esto a la hora de transmitir mensajes para que las personas realicen conductas saludables? Continuando con el argumento antes expuesto, diríamos que los mensajes presentados como pérdida son más efectivos en promover conductas de detección, y los mensajes presentados como ganancias son más efectivos en promover conductas de prevención.

Ahora bien, dada la diversidad de ámbitos de salud existentes y conductas de salud estudiadas, resulta difícil afirmar que la influencia del mensaje esté en función del tipo de conducta. Esto deja abierta la posibilidad de otros tipos de explicaciones alternativas.

Una explicación reside en cómo los sujetos procesan la información que se les presenta, si están motivados o no para procesar esa información; y la otra, hace alusión a en qué medida el sujeto se considera capaz (autoeficacia) de realizar tal conducta. Para comprobar la influencia que estas dos variables pueden tener en relación con el tipo de mensaje (ganancia versus pérdida) y con el tipo de conducta (detección versus prevención), realizamos un estudio con una muestra de 580 personas, a las que se les proporcionó información sobre un virus y se les evaluaba el nivel de realización de la conducta solicitada.

 

Los datos obtenidos demostraron que en las conductas de prevención, los sujetos que se consideran autoeficaces para realizar esta conducta la llevarán a cabo, independientemente de cómo se les presente el mensaje (de pérdida o de ganancia). En sentido inverso, los sujetos que no se consideran capaces de realizar esta conducta (no autoeficaces), no realizarán la conducta, tanto si se les presenta el mensaje como pérdida o como ganancia.

En conductas de detección, lo que resulta efectivo es que los sujetos puntúen alto en autoeficacia y se les presente un mensaje de pérdida. La variable motivación para procesar la información también resultó significativa, pero en menor medida que la variable autoeficacia.

Las aplicaciones de este estudio son de suma utilidad, por ejemplo en las campañas destinadas a promover el cambio conductual y la promoción de conductas saludables. Lo interesante aquí es que se presta una mayor atención y se apela al nivel de autoeficacia de los sujetos para realizar estas conductas y no tanto al mensaje, tal y como se ha venido defendiendo tradicionalmente y como se sigue haciendo en la actualidad.

En definitiva, los mensajes se han de centrar más en aumentar la autoeficacia de los sujetos y no tanto en las pérdidas o ganancias que acarrea el realizar o no una conducta. He aquí el reto que desde aquí presentamos a las campañas orientadas a promover conductas saludables u otro tipo de conductas (por ejemplo, reducción de los accidentes de tráfico).

Para una versión completa de este artículo, el lector puede recurrir a la revista Internacional Journal of Clinical and Health Psychology: Sánchez, J. C. (2006). Efectos de la presentación del mensaje para realizar conductas saludables: el papel de la autoeficacia y de la motivación cognitiva. Internacional Journal of Clinical and Health Psychology, Vol. 6 (3), 613-630.

Sobre el autor:

José Carlos Sánchez García es Licenciado y Doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesor y actual Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca, Sánchez es también Especialista en Psicología Clínica y Psicología Industrial. Sus áreas de investigación son, entre otras, la aplicación de la teoría social cognitiva en diferentes campos de la Psicología (salud, emprendedores, organizaciones), y el estudio de los grupos y organizaciones en sus diferentes aspectos. Tiene publicados diferentes libros sobre estos temas, así como artículos en revistas nacionales e internacionales.

 

 

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