Juan Pedro Sánchez-Navarro, José María Martínez-Selva, Francisco Román y Ginesa Torrente

Universidad de Murcia

Las imágenes suscitan emociones y por eso son utilizadas por distintas disciplinas con la finalidad de alterar o influir en la conducta de las personas. Por ejemplo, la fobia no es otra cosa que una emoción de miedo muy potente ante un estímulo que el paciente fóbico percibe como altamente amenazante. Sin embargo, ¿cabría esperar una reacción mayor si se alteraran las características físicas del estímulo fóbico, como, por ejemplo, su tamaño? Por otra parte, ¿cabría esperar un mejor tratamiento si progresivamente se expusiera al sujeto fóbico a imágenes de mayor tamaño que representen su miedo?

 

El estudio de las propiedades físicas de los estímulos emocionales es un campo que puede tener repercusiones en distintos ámbitos de la Psicología aplicada y experimental. Desde una perspectiva aplicada, es muy importante conocer las características físicas de los estímulos que son esenciales para ejercer una influencia en el observador para, por ejemplo, persuadirlo e intentar cambiar su actitud hacia el estímulo representado.

En el ámbito clínico, el empleo de tratamientos basados en la exposición a estímulos o escenas, se lleva a cabo sin saber si el tamaño de la imagen mostrada puede tener alguna influencia sobre el resultado esperado. Por ejemplo, si el estímulo fóbico (una araña, una serpiente, etc.) es mayor, cabría esperar un impacto más fuerte sobre el paciente fóbico. Desde una perspectiva experimental, los estudios relacionados con las respuestas emocionales suscitadas en laboratorio presuponen de un modo implícito que el tamaño de las imágenes emocionales no es un factor que influya en las respuestas que se pretenden provocar.

Para valorar la importancia que puede tener el impacto de las características físicas de los estímulos visuales afectivos en generar emociones, planteamos un estudio en el que presentamos a dos grupos de sujetos imágenes con distinto contenido afectivo (agradable, neutro y desagradable), en dos tamaños diferentes (120x90 cm. ó 52x42 cm.).

Se midió la reactividad emocional provocada por las imágenes a través de índices fisiológicos, a saber: la magnitud de la respuesta de sobresalto, la frecuencia cardiaca y la actividad eléctrica de la piel. En una tarea inmediatamente posterior, en la que los sujetos observaban sin restricción de tiempo cada una de las imágenes, obtuvimos la valoración subjetiva que realizaban acerca del tono afectivo y el arousal o activación de las imágenes, y, como medida conductual, el tiempo que los sujetos observaban cada una de ellas.

 

Nuestros resultados mostraron que cada uno de estos índices variaba en función del tono afectivo o del arousal de las imágenes (la magnitud del parpadeo reflejo de sobresalto era mayor durante la exposición a imágenes de tipo desagradable, mientras que las imágenes de mayor arousal provocaban respuestas eléctricas de la piel más elevadas, una desaceleración del ritmo cardiaco más acentuada y un tiempo más prolongado de visualización de las imágenes en la tarea posterior de visión sin restricción de tiempo. Sin embargo, no encontramos diferencias en las respuestas suscitadas por las imágenes en función de su tamaño. Estos datos nos indican que la respuesta emocional no parece depender del tamaño de las imágenes empleadas, sino de su contenido informativo, en este caso afectivo.

Este resultado tiene importantes connotaciones, particularmente dentro de aquellas áreas aplicadas que emplean técnicas visuales en su quehacer diario (como el tratamiento de fobias, el campo de la comunicación, etc.), puesto que pone de manifiesto que el contenido de la imagen es el factor responsable de los cambios fisiológicos, de las demandas de procesamiento y de la conducta observable, con independencia del tamaño de los estímulos o del color de las imágenes (resultado éste último encontrado por Peter J. Lang en su laboratorio de la Universidad de Florida. En conclusión, de nuestro estudio se desprende que el tamaño de los estímulos afectivos no importa para la generación de la respuesta emocional.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista The Spanish Journal of Psychology: Sánchez-Navarro, J. P., Martínez-Selva, J. M., Román, F., y Torrente, G. (2006). The effect of content and physical properties of affective pictures on emotional responses. The Spanish Journal of Psychology, 9, 145-153.

Sobre los autores y autora:

Juan Pedro Sánchez-Navarro es Profesor de Psicobiología en la Universidad de Murcia. Su principal línea de investigación se centra en el estudio de los correlatos psicofisiológicos y neurales de la respuesta emocional, así como en la relación entre emoción y procesos cognitivos.

José María Martínez Selva es Catedrático de Psicobiología en la Universidad de Murcia. Posee una dilatada carrera investigadora en psicofisiología de la atención (respuesta de orientación), reactividad cardiovascular (estrés e hipertensión) y emoción (relaciones entre emoción y toma de decisiones).

Francisco Román Lapuente es profesor Titular de Neuropsicología y Director de la Unidad de Neuropsicología de la Universidad de Murcia. Sus investigaciones se centran, por un lado, en las implicaciones emocionales de los pacientes con daño cerebral adquirido en su proceso de rehabilitación y, por el otro, en la identificación de marcadores neuropsicológicos, genéticos y neurobiológicos subyacentes a la dislexia del desarrollo.

Ginesa Torrente es profesora de Psicología Social en la Universidad de Murcia. Su campo de investigación se centra en los factores sociales que influyen en el comportamiento, los determinantes familiares relacionados con la conducta antisocial en adolescentes y los factores sociales que influyen en la adaptación de sujetos inmigrantes.

 

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