Pedro Eguren Saez1, Héctor Gutiérrez Rodríguez1, Isabel Herrero Pérez2 y José Luis López Taboada2

1Universidad Autónoma de Madrid

2O.N.CE.

El presente artículo pretende dar a conocer una investigación que sobre maltrato y discapacidad visual recientemente hemos terminado un equipo de cuatro investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y de trabajadores de la ONCE.

Esta investigación se ha realizado con el 70 por ciento de la población total de alumnos discapacitados visuales escolarizados en centros ordinarios de educación, de entre 9 y 16 años, de la Comunidad Autónoma de Madrid, incluyendo también a familias y profesores.

A través del uso de cuestionarios específicamente adaptados, hemos indagado sobre la incidencia del maltrato entre iguales, y el maltrato por parte del profesorado y la estructura familiar.

 

Algunas conclusiones:

En general, de los datos que se derivan de nuestro estudio, no parece existir una mayor incidencia de situaciones de maltrato, tanto entre iguales, como por parte de los profesores y de los padres, en comparación con la población sin discapacidad visual.

En cuanto a si la discapacidad visual funciona como un factor de riesgo o como un factor de protección, los datos, particularmente los relacionados con el maltrato entre iguales, muestran una menor incidencia de maltrato entre iguales en los niños ciegos totales. Esta tendencia se invierte a medida que aumenta el resto de visión. Parece mostrase, por lo tanto, una mayor normalización en la incidencia según va aumentando el resto de visión, equiparándose los resultados a la población sin discapacidad, mientras que se observa un mayor grado de protección hacia los ciegos totales o con escaso resto de visión, funcionando la discapacidad más como factor de protección que como factor de riesgo.

Respecto a la diferencia de género, sólo se han podido tomar datos relacionados con el maltrato entre iguales, y estos nos dicen que entre los alumnos con discapacidad visual que se declaran ellos mismos agresores, hay una mayor prevalencia de estas situaciones en chicos que en chicas; resultados que coinciden con los estudios sobre maltrato entre iguales en población sin discapacidad.

 

Los resultados muestran diferencias significativas en la prevalencia de distintas modalidades de maltrato, tanto como víctima, como en los casos en los que se declaran como agresores. Los alumnos con discapacidad visual reciben más las siguientes agresiones: No dejar participar, Insultar, Poner motes, Esconder cosas, Obligar a hacer cosas. Sin embargo, no se dan cuenta o no son conscientes de que este tipo de agresiones les suceda a otros compañeros del centro. Una posible explicación se basaría en los estudios que muestran niveles más bajos de autoestima en los niños con discapacidad visual frente a los niños sin discapacidad, que les llevaría a pensar que estas situaciones les ocurren más a ellos que al resto, minimizando la presencia de estas agresiones en los demás.

Según los resultados obtenidos de los profesores, más del 59% señala que sus alumnos con discapacidad visual juegan o deambulan solos, sin amigos. Este dato coincide con la opinión de los propios alumnos, que reconocen que sus compañeros no les dejan participar. Parece que la exclusión social podría ser un comportamiento significativamente diferenciador en esta población.

Aunque la mayoría de las respuestas de los profesores no muestran la presencia de conductas de negligencia, maltrato activo o conductas antisociales, hay dos conductas que destacan en un porcentaje por encima del resto: el 66% de los profesores manifiesta que sus alumnos con discapacidad visual muestran excesiva preocupación por el sexo y el 37% indican que estos alumnos piensan que los demás pueden quererles hacer daño.

La visión que tienen los padres sobre las relaciones en el ámbito escolar son muy positivas. El 56% de los padres piensan que las relaciones entre los alumnos son normales y el 44% que son buenas o muy buenas. Un porcentaje parecido de padres tienen la misma opinión sobre las relaciones entre los profesores y los alumnos. El 61% de los padres piensan que las relaciones entre los profesores son normales y un 39% que son buenas.

La opinión de los padres respecto a los tipos de conflictos que sufren sus hijos coincide con la expresada por los alumnos. Un 29% de los padres dicen que sus hijos sufren agresiones verbales relacionadas con su discapacidad, dato que coincide con lo manifestado por los alumnos (Insultos y motes) y el 18%, además, sufre exclusión social, coincidiendo con la opinión de los alumnos que expresan que no les dejan participar.

 

Podríamos concluir con la idea de que la población estudiada no muestra diferencias claras en lo que se refiere al sufrimiento de situaciones de maltrato entre iguales en comparación con los alumnos sin discapacidad, aunque se muestran diferencias en el tipo de maltrato que pueden recibir, pero no en la incidencia de este respecto a los demás compañeros que no tienen discapacidad visual. De hecho, los datos muestran que la ceguera total es un factor de protección, y que, según aumentamos en el resto visual, la incidencia de estas situaciones se va acercando al de la población sin discapacidad.

Donde si se muestran ciertas diferencias entre la muestra estudiada y la población sin discapacidad, es en la confianza que los primeros tienen en la familia y en el profesorado como elemento de protección cuando les suceden estas situaciones. En general, la población sin discapacidad confía y busca más la ayuda en sus iguales (amigos) que en la familia o el profesorado. Esta situación junto a la opinión de las familias hace pensar que la red de amistades de los alumnos con discapacidad visual en los centros integrados no es muy amplia, lo cual no impide que cuando a alguno de estos alumnos le ocurre algo sean ayudados mayoritariamente por los compañeros de clase.

El artículo original puede consultarse en la revista Psicología Educativa: Eguren, P., Gutiérrez, H., Herrero M. I. y López, J. L. (2006). Maltrato y discapacidad visual. Psicología Educativa, 12 (1).

Sobre los autores:

Héctor Gutiérrez Rodríguez es profesor contratado en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación la Universidad Autónoma de Madrid, y doctor en Psicología por la misma universidad. Su interés se basa en el estudio de las relaciones entre iguales en edad escolar y en el desarrollo social en la infancia y adolescencia, centrándose, en los últimos años, en el estudio de situaciones de maltrato entre iguales en el ámbito educativo.

 

 

José Luis López Taboada es técnico de educación en el Ayuntamiento de Alcorcón y profesor asociado en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Trabaja habitualmente en temas relacionados con convivencia escolar, juego y orientación profesional.

 

 

Isabel Herrero Pérez es Diplomada en Trabajo Social y Licenciada en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid. En la actualidad, y desde 1990, es Trabajadora Social del Centro de Recursos Educativos de la O.N.C.E.

 

 

Pedro Eguren Sanz es en la actualidad Psicólogo en el Centro de recursos Educativos Antonio Vicente Mosquete de la O.N.C.E en Madrid. Ha sido, así mismo, profesor del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, de la Universidad Autónoma de Madrid, hasta octubre de 2006.

 

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