José Martín Salguero e Itziar Iruarrizaga

Universidad Complutense de Madrid

En los últimos años, la Psicología ha mostrado un especial interés por el estudio de las emociones desde una perspectiva evolucionista y funcionalista. Este planteamiento asume un papel indispensable de la emociones en nuestra supervivencia, considerándolas como procesos internos capaces de activar y coordinar cambios perceptivos, fisiológicos, cognitivos y conductuales dirigidos a ofrecer una respuesta efectiva a las demandas del ambiente.

Desde esta perspectiva, las emociones representan una fuente útil de información acerca de la relación que se establece entre la persona y su medio. El hecho de poseer determinadas habilidades para reflexionar acerca de esta información e integrarla en nuestro pensamiento, puede suponer un requisito importante a la hora de manejar nuestras vidas y de favorecer una adecuada adaptación.

En la actualidad, la investigación en torno a la Inteligencia Emocional (IE) se ha presentado como un contexto idóneo para estudiar las diferencias individuales que se dan en dichas habilidades y para determinar cuál es su implicación en el bienestar físico, social y psicológico de las personas.

De los diferentes modelos teóricos que han tratado de explicar el concepto de IE, el que mayor evidencia empírica ha mostrado hasta la fecha es el propuesto por los autores Jonh Mayer y Peter Salovey (1997), según el cual, la IE queda definida como la habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; la habilidad para acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para entender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones y promover el crecimiento emocional e intelectual.

 

Un cuerpo cada vez más creciente de trabajos científicos ha tratado de analizar la implicación de la IE en diferentes áreas del funcionamiento de las personas, entre ellas, la salud física, el bienestar psicológico, las relaciones sociales o el afrontamiento de situaciones estresantes (una exhaustiva revisión de trabajos científicos puede encontrarse en Extremera y Fernández-Berrocal, 2005).

El objetivo de la presente investigación fue analizar la relación entre el nivel de IE y la emocionalidad negativa de una muestra de personas de diferentes edades (desde 18 a 60 años), así como explorar la existencia de un perfil característico de IE de aquellas personas con mayor emocionalidad negativa.

Para evaluar la IE, utilizamos la Trait Meta-Mood Scale (TMMS), en su versión española (TMMS-24, Fernández-Berrocal, Extremera y Ramos, 2004), una medida de autoinforme que recoge la creencia de cada persona acerca de su capacidad para atender, comprender o regular sus propias emociones y estados de ánimo, y que los investigadores han denominado Inteligencia Emocional Percibida. El nivel de emocionalidad negativa se estimó a través de rasgo de ansiedad (ISRA, Miguel-Tobal y Cano-Vindel, 1986), el rasgo y expresión de ira (STAXI-2, Miguel-Tobal et al., 2001) y el nivel de tristeza/depresión (CTD, Jiménez y Miguel-Tobal, 2003).

 

Los resultados mostraron cómo las subescalas de la TMMS se relacionaron de forma significativa con los diferentes indicadores de emocionalidad negativa. Así, mientras que la tendencia a atender a los estados emocionales se relacionó de forma positiva con el rasgo de ansiedad, el rasgo y expresión de la ira, y el nivel de tristeza/depresión, tanto la claridad emocional como la regulación emocional mostraron un patrón opuesto; esto es, aquellas personas que se percibían capaces de poder comprender y regular sus estados emocionales informaban igualmente de menores síntomas de ansiedad, menor rasgo y expresión inadecuada de la ira y menores niveles de tristeza/depresión.

Así, aquellas personas con una mayor emocionalidad negativa se caracterizan por un perfil de IE basado en altos niveles de atención emocional y una pobre confianza en su capacidad para comprender y regular sus estados emocionales. Una de los argumentos para explicar estos resultados se basa en la posibilidad de que una constante atención a nuestras emociones y estados de ánimo, si no se acompaña de la adecuada comprensión y regulación de los mismos, facilite la puesta en marcha de un proceso rumiativo, dirigido a averiguar el por qué de tales emociones, cuáles son sus causas, sus consecuencias o cómo es la reacción emocional, que puede dar lugar a una intensificación y mantenimiento de dicho estado emocional.

En conclusión, los resultados del presente trabajo añaden evidencia acerca de la importancia que las habilidades emocionales recogidas en la IE poseen a la hora de comprender el bienestar emocional y apuntan a la utilidad del uso de medidas aplicadas de intervención dirigidas a fomentar tales habilidades como una posible estrategia para reducir la emocionalidad negativa y, por tanto, mejorar el ajuste emocional de las personas.

Referencias bibliográficas

Mayer, J. y Salovey, P. (1997). What is emotional intelligence? In P. S. y. D. Sluyter (Ed.), Emotional development and emotional intelligence: Implications for educators (pp. 3-31). New York: Basic Books.

Extremera, N. y Fernández-Berrocal, P. (2005). Inteligencia emocional y diferencias individuales en el meta-conocimiento de los estados emocionales: una revisión de los estudios con el Trait Meta-Mood Scale. Ansiedad y Estrés, 11, 101-122.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Ansiedad y Estrés: Salguero, J. M. y Irurriazaga, I. (2006). Relaciones entre Inteligencia Emocional percibida y emocionabilidad negativa: ansiedad, ira y tristeza/depresión. Ansiedad y Estrés, Vol. 12 (2-3), pp. 207-221.

Sobre los autores:

José Martín Salguero Noguera es Licenciado en Psicología, Máster en Intervención en la Ansiedad y el Estrés por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y candidato al título de Doctor en el Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos), de la UCM. Ha dedicado gran parte de su labor de investigación al estudio de la relación entre inteligencia emocional, estrés y salud, centrándose actualmente en analizar la influencia de la inteligencia emocional en el desarrollo de alteraciones psicopatológicas tras los atentados terroristas del 11 de marzo en la población de Madrid.

Itziar Iruarrizaga Díez es Doctora en Psicología y Profesora Titular del Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Sus principales líneas de investigación y publicaciones se centran en el estudio de la ansiedad y el estrés, las emociones y la salud, el estudio de las consecuencias psicológicas de experiencias traumáticas, entre ellas las consecuencias de los atentados terroristas del 11 de marzo en Madrid, la neuropsicología y las drogodependencias.

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