Darío Páez (1), Myriam Campos (1), Itziar Fernández (2), Elena Zubieta (3) y María Martina Casullo (3)

(1) Universidad del País Vasco (UPV), (2) Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y (3) Universidad de Buenos Aires (UBA)

Estudios previos confirman que personas con estilo de apego adulto seguro - visión positiva de sí mismo y del mundo social – refieren haber tenido padres más cálidos o empáticos, presentando frente a adultos inseguros, mejores capacidades para normalizar sus estados emocionales.

Además, las investigaciones sugieren que los niños con cuidadores sensibles - o madres con modelo de apego seguro - expresan toda la gama de emociones, ya que éstos responden a todo tipo de expresión y vivencia afectiva en sus hijos, enseñándoles a elaborarlas verbalmente. De hecho, se ha encontrado que los individuos seguros son mejores interpretando emociones faciales negativas, y que perciben mejor las emociones positivas que los ansiosos.

Por tanto, es lógico plantear que quienes hayan sido criados por un cuidador sensible y responsivo, presentarán un estilo de apego seguro - o con mayor probabilidad, uno menos inseguro -, y una buena capacidad de regulación emocional basada en la minimización del displacer y la aceptación y modificación de las emociones negativas, reforzando las positivas. Es decir, mostrarán una alta Inteligencia Emocional (IE) y una mayor vivencia de afectividad positiva y satisfacción consigo mismo o felicidad.

Los resultados de nuestro estudio evidenciaron cómo los estilos de crianza parental y el ambiente familiar percibidos pueden ser considerados como antecedentes y promotores claves de esquemas cognitivos positivos de interpretación del mundo y de uno mismo, así como de IE. Ésta se midió como la comprensión y regulación emocional, junto con la baja dificultad para identificar y para verbalizar emociones. También se evaluó en base a la presencia de estrategias de manejo y control emocional para mantener un buen estado de ánimo o modificar uno malo en las relaciones interpersonales. Las personas con alta IE usan formas de afrontamiento emocional adaptativas (ver Páez, Velasco y Campos, 2004). Además, los datos muestran que los jóvenes con estas características presentan mayor felicidad.

Concretamente, quienes recuerdan haber sido educados por unos padres que garantizaban una relación basada en la comprensión y la contención emocional y que estimulaban la libertad de decisión, presentan una visión menos negativa de si mismos y no desconfían ni sienten temor ante la posibilidad de establecer relaciones de cercanía con los demás. También muestran mayor reflexión emocional (IE) y altos niveles de afectividad positiva. Además, la posibilidad de presentar un estilo de apego seguro es mayor cuando la madre, o el cuidador de forma genérica, garantiza la responsividad o calor emocional en la relación y no es percibida como sobreprotectora.

Así, los jóvenes con apego seguro y una alta IE auto-percibida y de rendimiento, hacen mayor uso de la reevaluación positiva ante situaciones que provocan ira o tristeza – reconstruyen la situación centrándose en lo positivo, auto-reconfortándose y minimizando sus consecuencias negativas –. Por otra parte, quienes presentan un estilo seguro y mayor capacidad de modificar sus estados de ánimo en las relaciones interpersonales, presentan mayor auto-control ante la tristeza en base al uso de respuestas de aceptación, sugiriendo que aguantar e ignorar la situación, aprender a vivir y aceptar el estrés interpersonal es eficaz.

A su vez, aquellos que presentan mayores índices de IE y de afectividad positiva, se esfuerzan más en minimizar sus reacciones afectivas de cólera, haciendo uso principalmente de la expresión emocional regulada. Es decir, buscan expresar constructivamente sus emociones en el momento y lugar adecuados, de manera que los recursos sociales que poseen queden protegidos sin que la confianza en uno mismo disminuya - forma de aproximación emocional distinta de la descarga incontrolable de emociones negativas o ventilación emocional-, lo cual se asocia a una mayor afectividad positiva.

 

Esto sugiere que el autocontrol puede ayudar al ajuste conductual pero, sin el componente de verbalización y expresión modulada de las emociones, probablemente provocará un gasto de inhibición que refuerce el estrés. De hecho, los jóvenes con mejor nivel hedónico, mejor IE y estilo de apego más saludable, dicen que su familia se caracteriza por favorecer la expresión libre y directa de los sentimientos, y por la existencia de fuertes lazos emocionales o relaciones interpersonales de apoyo. Además, ante los problemas interpersonales se promueven la regulación emocional y el control de las conductas agresivas, lo cual se asocia a menor probabilidad de tener un apego inseguro.

La utilización de la resolución de problemas – toma de decisiones cognitivas y planificación para el desempeño de acciones directas de cara a solventar la situación modificándola y a reestablecer una balanza de afectos positiva- también es una característica de personas con mejor IE y balanza de afectos, y con menor probabilidad de presentar apego inseguro.

Realmente, los jóvenes con apego problemático y menor IE perciben que en su familia se promueve menos la autonomía y más el control, viendo a sus miembros menos autosuficientes, menos seguros de si mismos y más controladores entre ellos. Además, estos jóvenes presentan un estilo conductual y cognitivo de evitación a la hora de afrontar problemas, junto con menores estrategias para su resolución directa, recurriendo mayormente para ello al pensamiento desiderativo. También critican y se distancian más social y afectivamente de quienes consideran como responsables de sus complicaciones, lo cual evidencia un perfil de afrontamiento claramente deficitario, que asegura una vivencia emocional mayormente negativa.

Por tanto, parece confirmarse que tanto un estilo de socialización emocional infantil, centrado en la expresividad y calidez como un clima familiar expresivo, cohesivo, bajo en conflicto y promotor de la independencia, son correlatos importantes de la IE y de una mayor felicidad en los jóvenes.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Ansiedad y Estrés: Páez, D., Fernández, I., Campos, M., Zubieta, E. y Casullo, M. M. (2006). Apego seguro, vínculos parentasles, clima familiar e Inteligencia Emocional: socialización, regulación y bienestar. Ansiedad y Estrés, Vol. 12 (2-3), pp. 319-341.   

Sobre el autor y autoras:

Darío Páez es Profesor Catedrático en Psicología Social en la Facultad Psicología, Dpto de Psicología Social de la Universidad del País Vasco (UPV). Es autor, entre otras muchas obras, de Alexitimia y Cultura con M.M. Casullo (Paidos, 2000) y de Psicología Social, Cultura y Educación, junto con I. Fernández y E. Zubieta (Pearson Educación, 2003). Desde el año 2000 dirige el Grupo de Investigación sobre Salud, Cultura, Cognición y Emoción en dicha Universidad.

Myriam Campos es Licenciada en FICE - Psicología por la Universidad de Deusto y Terapeuta Familiar, ha sido Becaria Predoctoral de la UPV, dentro del Grupo de Investigación dirigido por D. Páez, con el que tiene, y junto con I. Fernández, diversas publicaciones sobre Inteligencia Emocional, Afrontamiento y Salud. En la actualidad es investigadora dentro del convenio entre la Facultad de Psicología de la UPV y la Diputación Foral de Guipúzcoa, para la Evaluación de Programas de Educación Emocional.

Itziar Fernández es Profesora Doctora en Psicología Social por la UPV, en la actualidad es profesora en el Dpto. de Psicología Social y de las Organizaciones de la Facultad de Psicología de la UNED. Sus principales líneas de investigación se centran en el estudio transcultural de actitudes, autoconceptos y emoción y factores psicosociales de catástrofes y situaciones de riesgo.

Elena Zubieta es Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Doctora en Psicología Social por la UPV, en la actualidad desarrolla su labor como investigadora del CONICET (Argentina) y es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sus líneas de investigación versan sobre las representaciones sociales de la inteligencia, las emociones y la cultura.

María Martina Casullo, Catedrática y Dra. en Psicología por la Universidad de Ohio, es profesora regular de la Facultad de Psicología de la UBA y docente e investigadora de CONICET. Además, dirige el Doctorado de la Universidad de Palermo, PhD en Psicología, la Maestría en Psicología y Salud y la Revista Psicodebate, Psicología, Cultura y Sociedad . Entre sus publicaciones se encuentran Evaluación del bienestar psicológico en Iberoamérica (Buenos Aires. Paidós, 2002) y Los estilos de Apego (Buenos Aires: JVE Eds., 2005).

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