Juan Delgado Sánchez-Mateos

Universidad de Salamanca

De entre las múltiples dedicaciones de los psicólogos, en educación, organizaciones y empresas, salud, consejo psicológico, intervención en situaciones críticas, etc., una de las menos frecuentes es la de la investigación. Los investigadores, que mayoritaria aunque no exclusivamente se encuentran en las universidades, dedican sus esfuerzos a ampliar la capacidad de disposición de conocimientos y técnicas psicológicas.

Para que esa investigación científica llegue a los psicólogos profesionales y a la sociedad, el vehículo es la publicación de los resultados de los trabajos en revistas especializadas. En ellas, son requisitos unánimes la utilización de un lenguaje claro, conciso, así como la estructuración del texto en apartados definidos de antemano: por ejemplo, el dedicado al método, en el que se describen las características de los participantes estudiados; los instrumentos utilizados; etc. En general, son normas que sancionan cómo organizar los informes de datos o hallazgos, cómo presentar tablas y gráficas, y cómo, en general, resolver los problemas técnicos que surgen cuando se preparan informes de investigaciones en Psicología.

Es tan alta la importancia de esos requisitos, que existe un estándar internacional seguido por la práctica totalidad de las revistas especializadas en Psicología. Ese estándar ha evolucionado a partir de unas primeras normas propuestas en 1929 por la asociación profesional mayoritaria de psicólogos estadounidenses, la APA (American Psychological Assosiation) (APA, 2001, 2006). En otras áreas profesionales existen normas análogas, como las denominadas Vancouver, utilizadas en investigaciones biomédicas.

 

En las facultades de Psicología se enseñan las normas APA, siguiéndolas se escriben los trabajos de curso, tesinas de licenciatura y tesis doctorales. Juegan así otro importante papel: el estilo APA se constituye en el vehículo de los valores y actitudes centrales de la Psicología, modela la forma de pensar la investigación, constituye un modelo de pensamiento, establece los cauces que permiten la socialización de los psicólogos en su comunidad de discurso.

Pero la sujeción a normas no suele ser cómoda, ni su imposición siempre bien recibida. En lo que nos ocupa, periódicamente han surgido quejas contra la obligatoriedad del estilo APA en la redacción de los informes de indagación o investigación en Psicología. Las razones aducidas son muy comunes y rara vez van más allá de un conjunto de sobreentendidos, o de (¡ay!) malentendidos. En todo caso, nada ocurre sin razón, y probablemente el descontento sea una señal de algo interesante.

El filósofo Jürgen Habermas, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003, distinguía en un trabajo clásico (Habermas, 1968) entre dos sistemas sociales: el sistema ciencia – técnica y el sistema interacción – comunicación. Su bien conocida propuesta de que no existe conocimiento sin un interés último, puede dar claves que, obviamente yendo mucho más allá, permitan aclarar por qué el lenguaje APA se ve contestado con frecuencia.

 

Habermas distingue dos intereses del conocimiento: un interés práctico (sistema interacción – comunicación) y un interés técnico (sistema ciencia – técnica). En Psicología, el interés práctico se concentraría en conseguir la realización de las personas, su salud, su libertad, su adaptación, o su calidad de vida. Los profesionales trabajan en un mundo de lenguaje compartido, coloquial, utilizando términos comprensibles por todos, jugando papeles claros, compartiendo o discutiendo normas o estereotipos sociales, etc. La empatía y las relaciones interpersonales son claves en el desarrollo de estos objetivos prácticos.

El interés técnico es diferente, es el de aumentar la capacidad de disposición de recursos y conocimientos técnicos al servicio de los profesionales y de la sociedad. Psicólogos que construyen pruebas para el diagnóstico de problemas de memoria, estudian el papel de la emoción en la organización de los recuerdos, identifican gestos faciales específicos asociados a emociones como la vergüenza, etc. No es lo importante aquí el papel que juega el psicólogo, o su empatía, sino su competencia profesional, su eficacia o ineficacia. En este ámbito, los psicólogos utilizan términos técnicos, no coloquiales, para referirse a los conceptos implicados en su trabajo. Forman parte, dijimos, de una comunidad de discurso, que utiliza ese lenguaje técnico. Éste es el ámbito del uso de las normas de publicación (APA, Vancouver, etc.), el espacio en el que el lenguaje y la estructuración del discurso han de tecnificarse.

Ocurre en Psicología que los profesionales con intereses prácticos también publican sus trabajos, como no puede ser de otra forma: también indagan sistemáticamente e igualmente trabajan en la ampliación del conocimiento psicológico. Pero se ven obligados a utilizar un lenguaje (APA) que no se adapta bien a la complejidad de su objeto de estudio. Algunas de las objeciones a la obligatoriedad de esas normas bien pueden provenir de esa diferencia de intención, por ello de lenguaje, de quienes trabajan en el sistema interacción – comunicación. El lenguaje normalizado y técnico no es adecuado aquí.

En todo caso, la distinción de sistemas sociales, que va mucho más allá de las normas de publicación de los hallazgos de investigación, puede que sirva como marco para la discusión de los múltiples e importantes papeles que juegan los psicólogos en la sociedad: los de mejorar las condiciones de vida de todos, y los de acercarse a una de las fronteras más complejas del conocimiento, a saber, el estudio de la mente y el comportamiento humanos.

Referencias

American Psychological Association. (2001). Publication manual of the American Psychological Association. (5th. ed.). Washington, DC: Author.

American Psychological Association. (2006). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association: Versión abreviada. Washington, DC: Author.

Habermas, J. (1968). Ciencia y técnica como "ideología". Madrid, Tecnos. (Editado en castellano en 1989).

Sobre el autor:

Juan Delgado Sánchez-Mateos es Profesor Titular del Departamento de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología de las Ciencias del Comportamiento, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca, donde ha enseñado desde el curso académico 1977-78 asignaturas de metodología de la investigación experimental en Psicología.

Actualmente, Juan Delgado está implicado en la reforma de los métodos de análisis de datos en las ciencias del comportamiento, línea de trabajo crítica con el modo en que se ha venido desarrollando el uso de la estadística en estas ciencias y en la que ha publicado recientemente varios trabajos. Igualmente, está trabajando en la reforma de la docencia, usando desde el curso 2001-2002 plataformas informáticas que permiten construir entornos docentes complejos, participativos y cooperativos.