En los últimos 30 años, se ha producido un movimiento de niños y niñas no acompañados y separados desde los países en vías de desarrollo a los países europeos para escapar de situaciones difíciles (vinculadas a conflictos, desastres naturales, crisis sociales y económicas o circunstancias familiares complicadas) y en busca de una vida mejor y un mejor futuro. Este fenómeno ha obligado a los sistemas europeos de protección de infancia a sobrecargarse y tratar de adaptarse a las necesidades específicas de protección de estos niños y niñas. Estos esfuerzos no siempre han tenido éxito o se han llevado a cabo en beneficio del interés superior de los/as niños/as. Los y las menores no acompañados/as y separados/as suelen quedar fuera del sistema de protección debido a la falta de respuestas adaptadas a sus necesidades. No obstante, se han probado algunos modelos de intervención, y pueden tener éxito.

Con esta introducción, UNICEF presenta su informe titulado “Más allá de la supervivencia”, un documento a través del cual se propone un modelo de intervención integrativo para el cuidado y protección de niños y niñas no acompañados y separados que viven en la calle, proporcionando ejemplos de prácticas positivas en varios países europeos, y proponiendo la construcción de una nueva narrativa con y sobre ellos. 

Autor: Windo Nugroho Fuente: pexels Fecha descarga: 05/11/2020

El informe recoge las conclusiones principales del taller internacional 'Niños y niñas no acompañados y separados que quedan fuera del sistema de protección, en especial los que viven en la calle', que se celebró en Madrid en diciembre de 2019, organizado por UNICEF España y UNICEF Francia.

Tal y como señala el documento, para que las acciones para proteger a estos niños y estas niñas vulnerables sean efectivas, primero debe cambiarse el relato que los rodea, así como la forma en que los ve la sociedad.

Recordando que el hecho de que haya “niños viviendo en la calle no es una característica natural ni social, y no se debe aceptar nunca esa situación”, pone de relieve la trascendencia de verlos y tratarlos como niños, manifestando que son menores con derecho a sentirse acompañados emocional, física y socialmente, especialmente durante su adolescencia, y son víctimas a las que no se les puede culpar por vivir en la calle, que viven en un entorno aterrador y temen por sus vidas.

De acuerdo con UNICEF los niños y niñas no acompañados y separados que viven en la calle deben afrontar innumerables riesgos y/o necesidades no satisfechas, algunos de ellos son tan básicos para la supervivencia, que viven en un estado de miedo permanente. Este miedo puede conllevar que los y las menores hagan cosas que dan miedo, desarrollando patrones de comportamiento peligrosos para ellos y para otras personas. En muchas situaciones pueden convertirse en infractores desde el punto de vista jurídico, pero se suele olvidar que esas infracciones se derivan de una negligencia grave, e incluso de la explotación, y que es fundamental realizar un análisis sólido desde la perspectiva de derechos de la infancia.

En sus vidas confluyen múltiples factores que afectan a su comportamiento diario y a su desarrollo como seres humanos, tales como la falta de documentos legales/de identidad, la discriminación, la trata y la explotación, el choque cultural, el sentimiento de desarraigo, los efectos del trauma en la capacidad cognitiva (que afecta a su capacidad de aprender nuevos contenidos y habilidades, así como a su autoconciencia a la hora de tomar decisiones), la falta de adultos que sean referentes afectivos y la ausencia de amistades normalizadas.

El informe alerta también de los problemas de salud que sufren los niños y niñas que viven en la calle, tanto físicos como psicológicos. A nivel físico, suelen sufrir enfermedades que no reciben tratamiento durante largos períodos, así como lesiones que no reciben los cuidados adecuados. A nivel psicológico, su situación implica una constante ausencia de seguridad, lo que les genera ansiedad, y esas experiencias se suman a los problemas psicológicos sin diagnosticar y sin tratar, principalmente el trauma y sus consecuencias. Con respecto al consumo y abuso de sustancias por parte de estos menores, UNICEF lo entiende “como una forma de hacer frente a la dureza de la vida en la calle”, una “automedicación informal”, para sobrevivir al miedo y el trauma. Sin embargo, esta práctica ya de por sí grave para su salud, se está volviendo más perjudicial en los últimos años, siendo las sustancias consumidas cada vez más dañinas y adictivas, por lo que es trascendental que sigan un programa de desintoxicación.

Dado lo anterior, UNICEF insta a los Estados y a otros actores que trabajan a nivel local, nacional y europeo, a que se adopten medidas eficaces que aborden las necesidades urgentes de estos niños y niñas vulnerables en cuatro áreas clave:

1) Abordando aspectos jurídicos y de documentación. La documentación es el punto de acceso a la mayoría de los derechos de la infancia (protección, educación, sanidad, residencia…). En muchos países, la ausencia de documentación es uno de los mayores problemas de las intervenciones. En algunos de ellos, se cuestiona la validez de los documentos de los países de origen, en otros, solo los/as niños/as que solicitan asilo pueden recibir protección. Resulta crucial fortalecer las redes de colaboración a todos los niveles.

2) Garantizando entornos seguros y protectores. Todos los niños y niñas necesitan sentir seguridad para desarrollar todo su potencial. Para tal fin, deben entrar en contacto con personas, recursos y situaciones con las que puedan sentirse seguros y protegidos. Esto se puede lograr atendiendo las necesidades básicas a través de programas de ayuda, garantizando espacios seguros a través de soluciones duraderas, y proporcionando profesionales cualificados y en número suficiente en todos los niveles.

Según señala UNICEF, estos profesionales desempeñan un rol clave en la intervención con niños y niñas migrantes que viven situaciones extremas y presentan un comportamiento desafiante. Para continuar con sus vidas, estos niños y niñas necesitan ayuda específica, y los servicios de salud mental solo son eficaces si empiezan a sentir cierto grado de estabilidad. Las intervenciones en las que se toma en consideración el trauma pueden incluir procesos individuales de recuperación del trauma y del consumo de sustancias.

3) Proporcionando referentes afectivos. El hecho de que estos niños y niñas vivan en la calle y no tengan adultos que sean referentes positivos los hace particularmente vulnerables como víctimas. Sin embargo, suelen percibirse como potenciales infractores incluso sin haber hecho nada malo, simplemente porque son niños y niñas migrantes que viven en la calle. Además, cuando son víctimas de un delito, a veces se los ve como responsables de la agresión que han sufrido.

Los niños y niñas migrantes que viven en la calle suelen expresar una profunda soledad y experimentan aislamiento y exclusión. Sienten que los adultos les han fallado por lo que huyeron y, en muchos casos, han sufrido dificultades e incluso daños infringidos por adultos, desde procedimientos fronterizos poco sensibles hasta servicios de protección ineficaces, o incluso trata y explotación de redes criminales. Asimismo, sobreviven en grupo uniéndose a otros niños y otras niñas que viven en la calle, estableciendo relaciones basadas en el dominio y la manipulación y forzando una lealtad al grupo poco sana.

Hasta que estos niños y niñas no sientan que pueden confiar en algún adulto, no pueden decidir continuar un programa y comenzar su proceso dentro del sistema de protección. De modo que es fundamental en cualquier intervención ofrecer referentes afectivos.

4) Creando nuevas narrativas con y sobre los niños y niñas migrantes no acompañados y separados que viven en la calle. Este es un elemento clave en la intervención: estos y estas menores están sujetos/as a narrativas a menudo destructivas y que les deshumanizan. Tampoco ayudan los relatos que estos niños y niñas construyen a su alrededor. Teniendo en cuenta que las narrativas de los niños y niñas migrantes que viven en la calle cambian por las situaciones que sufren, para garantizar el éxito de una intervención, se les debe ofrecer experiencias que les permitan desarrollar perspectivas más sanas y realistas. Es esencial recordar que estas reflexiones no se producirán hasta que los niños y las niñas no se sientan suficientemente seguros/as, una vez que las otras tres áreas estén cubiertas, al menos de forma parcial.

El informe subraya la urgencia de este llamamiento a la acción en el contexto de la emergencia y postemergencia del Covid-19, dada la posibilidad de que, en los próximos años, se incremente la discriminación y marginación social contra los niños y las niñas vulnerables, debido a la crisis social y económica en ciernes.

De hecho, según advierte, la crisis de salud actual ha evidenciado aún más las brechas en términos de respuesta pública y protección social de la infancia y las familias más vulnerables. Y afirma que “esta crisis solo se podrá superar con éxito si ningún menor de edad, y particularmente si es vulnerable, se queda atrás”.

Se puede acceder al informe desde la página Web de UNICEF, o bien directamente a través del siguiente enlace:

UNICEF España, UNICEF Francia (2020). Más allá de la supervivencia. Cómo mejorar la intervención en Europa con niños y niñas migrantes no acompañados y separados que quedan fuera del sistema de protección. Madrid: UNICEF España. 

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