La crisis Covid-19, cuando escribo este texto, sigue afectando a todo el mundo y, especialmente, a España. Algo esperable y previsible, puesto que la comunidad científica lo venía advirtiendo. Ya tenemos algunos datos del impacto psicológico en nuestro país: algunos estudios permiten estimar, que, al menos un 9,5% de la población en España (4.370.000 personas), sufrirán efectos emocionales negativos con un nivel moderado-grave, produciéndose el incremento del malestar psicológico en alguna medida en el 45,7% de la población (21.022.000 personas); se sabe que afectará algo más a las mujeres que a los hombres, a las personas más jóvenes que a las más mayores, y que aumentarán los sentimientos depresivos, de irritación, enfado, problemas de sueño y síntomas de estrés y ansiedad.

Las instituciones vienen debatiendo cómo afrontar esta crisis, entre ellas, el Congreso de los Diputados, donde se constituyó una Comisión para la reconstrucción económica y social. En sus trabajos, los grupos parlamentarios solicitaron la comparecencia de numerosas personas y entidades expertas. Sin embargo, nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de no haber sido tenido en cuenta en esos debates, a pesar de haber solicitado por escrito nuestra comparecencia, mientras Consejos Generales de otras profesiones sí fueron invitados directamente. Desgraciadamente, se ha vuelto a constatar que la dimensión psicológica sigue siendo minusvalorada por los poderes públicos, cuando juega un papel esencial en el bienestar humano.

Cuidar de los aspectos económicos y sociales, así como prestar una atención sanitaria que atienda la dimensión biológica de las personas, es imprescindible, pero insuficiente para lograr un bienestar y una salud plena. La crisis que estamos viviendo motivada por la Covid-19 es una prueba evidente de ello. Las personas afrontamos mejor o peor, situaciones similares, en función de nuestros recursos psicológicos personales y, a veces, se hace necesaria una intervención psicológica profesional que ayude a superar las dificultades y tragedias que nos toca vivir, así como favorecer cambios de comportamientos que pueden estar en la raíz de los males que se sufren, como pueden ser, por ejemplo, las agresiones, los comportamientos de riesgo o las adicciones.

Pero en este caso, el impacto de la pandemia incide no sólo en la salud de los ciudadanos, sino en todos los ámbitos de nuestra sociedad: educación, empresa, ámbito social, etc., y parece ser que los poderes públicos aún no se han enterado de que los únicos profesionales capaces de implementar un cambio actitudinal, tanto a nivel individual como de grupo u organizacional, son los profesionales de la Psicología y, más aún, con la grave crisis social y laboral que viene.

Hay que tener en cuenta que las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica, tanto internacionales como nacionales (en especial, del National Institute for Health and Clinical Excellence–NICE), recomiendan las terapias psicológicas como el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, el trastorno de angustia, trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias específicas.

Desde el Consejo General de la Psicología vamos a seguir trabajando para que los resultados científicos y el esfuerzo de la profesión se traduzcan en políticas públicas que cuiden mejor la salud y bienestar de las personas y de la sociedad. Vamos a seguir trabajando para que la reconstrucción de nuestro país se haga con Psicología. Más allá de intereses de alguna industria o de inercias de otros colectivos profesionales, las personas tenemos derecho al mejor cuidado de nuestra salud, y seguiremos exigiendo a las autoridades que así sea; y que no olviden que las variables sociales, laborales y educacionales, forman parte de la salud de los ciudadanos y que en todas ellas los psicólogos tienen una labor esencial e insustituible. Afrontar este reto con el buen hacer de los profesionales de la Psicología en su día a día, demostrando la eficiencia de nuestra profesión, es el mejor aval para lograr que finalmente la Psicología ocupe el lugar que le corresponde en nuestra sociedad. Esperamos seguir contando con el compromiso y la complicidad de todas y todos para lograrlo.

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