La IASC, que es foro de coordinación humanitaria de más alto nivel de la Organización de las Naciones Unidas, ha lanzado un mensaje de preocupación sobre el cambio climático, la acción humanitaria y la COVID-19. Se trata del Comité Permanente entre Organismos encargado de garantizar la coherencia de los esfuerzos de preparación y respuesta humanitaria, formular políticas y acordar las prioridades para fortalecer la acción humanitaria.

En noviembre de 2020 ha elaborado un documento que recoge una serie las preocupaciones relacionados específicamente con la COVID-19 y el cambio climático, identificando una serie de riesgos actuales y ofreciendo recomendaciones para paliar esta situación.

Fuente: www.pexels.com Artista:
Pixabay Fecha descarga: 11/11/2020

En relación con los desafíos a los que se enfrenta la humanidad, la IASC ha lanzado los siguientes mensajes clave:

No podemos permitirnos desviar la atención de la creciente crisis climática

El cambio climático es un problema humanitario. La atención del mundo se centra en la respuesta a la pandemia mundial de COVID-19; pero no podemos permitirnos apartar la vista de la crisis climática que se está desarrollando

El cambio climático ya está teniendo impactos masivos

El cambio climático repercute en todos los aspectos de la vida y los medios de subsistencia, especialmente en los grupos marginados, y es cada vez más un factor de desplazamiento. No sólo está amenazando la seguridad alimentaria y aumentando la probabilidad, la recurrencia y la intensidad de los desastres climáticos y meteorológicos, sino que ya está socavando la preparación y la capacidad de respuesta humanitaria, así como la capacidad de recuperación general de nuestros sistemas de soporte vital, incluidos la agricultura, la salud, el agua y la infraestructura.

Decenas de millones de vidas y medios de subsistencia ya están siendo sacudidos por desastres relacionados con el clima en todo el mundo. Desde el Afganistán hasta Zimbabwe, el cambio climático está afectando a personas que ya son vulnerables debido a las crisis existentes y en curso. Ante los múltiples conflictos y crisis relacionadas con el clima, el sistema humanitario ya está luchando por satisfacer las crecientes necesidades. Al mismo tiempo, no se ha invertido lo suficiente en la gestión y la prevención de los riesgos climáticos para crear una capacidad de recuperación del clima a gran escala y en todos los sectores.

Sin esfuerzos drásticos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (mitigación del cambio climático), en particular si pasamos el umbral de 1,5°, los impactos humanitarios del cambio climático serán mucho peores.

Riesgos conjugados de la pandemia COVID-19 y la crisis climática

Los países de todo el mundo se enfrentan a los riesgos agravados de la actual crisis climática y la pandemia de COVID-19. Es probable que los más vulnerables a las crisis climáticas, en particular las comunidades pobres y marginadas, las mujeres y las niñas, las personas de edad, las personas con discapacidad y las personas desplazadas, también se vean afectados de manera desproporcionada por el brote de COVID-19.

Por ejemplo, miles de mujeres, hombres y niños desplazados por el clima y los fenómenos extremos relacionados con el clima (como sequías, olas de calor, inundaciones y tormentas) y por los efectos del clima a más largo plazo (como el aumento del nivel del mar y la desertificación) viven ahora en lugares de asentamiento con poca o ninguna capacidad para practicar el distanciamiento físico y un acceso inadecuado al agua potable, el jabón y otros materiales de higiene.

Además, es posible que se reduzca la capacidad de los gobiernos para prever los desastres climáticos, prepararse para ellos y responder a ellos, especialmente en los servicios de salud pública y de emergencia, ya que es posible que los sistemas de evacuación y refugio no funcionen, que los hospitales estén llenos y que la asistencia internacional sea muy limitada.

Sólo somos tan fuertes como nuestros eslabones más débiles

La pandemia COVID-19 es un recordatorio de lo interconectados que estamos, tanto en las crisis como en las soluciones. Somos tan fuertes como nuestros eslabones más débiles, y no llegaremos a ninguna parte sin solidaridad. Apliquemos estas lecciones a la crisis climática. El cambio climático y la COVID-19 requieren una prevención de riesgos de ámbito mundial a local, respuestas y soluciones coherentes con los derechos de los afectados, sin dejar a nadie atrás.

Para poder ofrecer una respuesta a esta grave situación, la IASC añade los siguientes puntos clave de actuación:

Empoderar e invertir en la acción local

El apoyo humanitario internacional se está agotando más que nunca y la movilización de fondos para nuevas crisis será un verdadero desafío, mientras que COVID-19 está limitando el acceso humanitario a las personas vulnerables y afectadas que necesitan asistencia.

Sólo podremos satisfacer la totalidad de las necesidades humanitarias si la comunidad humanitaria y los donantes internacionales invierten en el apoyo y la potenciación de la gestión de los riesgos de desastres y climáticos a nivel local y nacional, así como en la acción humanitaria local para crear capacidad de recuperación antes de las posibles crisis.

Esto significa encontrar nuevas formas de asegurar que una financiación adecuada, oportuna, accesible y flexible llegue a los agentes locales, y que se dispongan de medios eficaces para garantizar la participación de la comunidad local en la gestión de los desastres y los riesgos climáticos, en particular en lo que respecta a la preparación, la alerta temprana y la acción temprana sobre el clima.

Invertir en el clima y la gestión del riesgo de desastres

Muchas crisis climáticas y meteorológicas son predecibles, y los expertos prevén que aumentarán y se intensificarán en los próximos años. Adelantarse a las crisis actuando con prontitud salva vidas, reduce el sufrimiento y disminuye los costos. Debemos estar preparados para la escala y el alcance de estas crisis futuras invirtiendo en una mejor acción temprana, preparación y reducción del riesgo de desastres, basada en sólidos sistemas de previsión y alerta temprana. Los proyectos relacionados con la financiación basada en las previsiones y la acción anticipada proporcionan una red de seguridad a los gobiernos que han establecido sistemas y pueden activar la financiación anticipada ante un peligro climático inminente.

La inversión en la reducción y gestión de los riesgos de desastres, incluida la preparación, debe tener en cuenta la inversión en bienestar social y en una atención de la salud que sea accesible para todos. Unos sistemas de salud bien dotados de recursos, equitativos e informados sobre los riesgos que protejan a los más vulnerables son esenciales para protegernos de las amenazas a la seguridad sanitaria, incluidas las relacionadas con el cambio climático y su conjunto de fenómenos extremos y lentos.

La recuperación económica de la pandemia debe implicar construir un futuro más resiliente y ecológico

Los gobiernos no deben permitir que las medidas climáticas cruciales se conviertan en otra víctima de la pandemia. Por el contrario, deben aprovechar la oportunidad de la crisis de COVID-19 para hacer la transición y la transformación mediante el fomento de la recuperación económica en fundamentos ecológicos, resistentes y sostenibles que se alinean con los marcos mundiales como el Acuerdo de París, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Las inversiones en la adaptación al cambio climático (CCA) y la reducción y gestión de riesgos de desastres (DRR/DRM) ayudarán a mitigar el impacto de futuros desastres y pandemias, lo que supone una clara ventaja para la salud de las economías, las mujeres, los hombres, los niños y el planeta.

El apoyo a los países en desarrollo con la financiación para el clima les ayudará a adaptarse y a reducir la necesidad de asistencia humanitaria.

La protección del medio ambiente, así como la mitigación y la adaptación al cambio climático son fundamentales para la prevención de las enfermedades infecciosas

La transmisión de enfermedades entre animales y humanos (zoonosis) es responsable de hasta el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes. Esto se ve agravado por el cambio en la distribución de las poblaciones animales y el aumento de la interacción entre el hombre y la fauna, ambos exacerbados por la degradación del medio ambiente y la crisis climática.

La protección del medio ambiente -enfrentando las amenazas a los ecosistemas y la vida silvestre, incluida la deforestación, la pérdida de hábitat, el comercio ilegal, la contaminación, etc.- y la mitigación del cambio climático y la adaptación a éste, así como asegurando el acceso al agua y el saneamiento adecuados y a los servicios de salud comunitarios, son fundamentales para prevenir y reducir al mínimo el riesgo de enfermedades infecciosas, reducir la probabilidad de zoonosis y, de ese modo, asegurar la aplicación plena y efectiva de los derechos humanos básicos, como los relativos a la salud y a un medio ambiente saludable

Se puede acceder al documento en el siguiente enlace:

IASC

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