Miguel Ángel Carrasco y Victoria del Barrio

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

La agresión infantil y juvenil es un problema creciente tal y como se ha constatado en estudios procedentes de diversos países (Olweus, 2003; Tremblay, 2003). Los factores de riesgo implicados en este hecho se agrupan en dos factores: sociales y personales; los primeros tienen una solución política y los segundos psicológica. En este trabajo nos vamos a centrar en estos últimos (del Barrio, 2006).

Existen dos modelos básicos de estructura de la personalidad: el de los tres factores de Eysenck: psicoticismo, extraversión y neuroticismo (PEN) y el de los cinco grandes (Big-Five) de McCrae y Costa, (1985): amabilidad, apertura, neuroticismo, extraversión y conciencia. En el caso de los factores del modelo PEN, el psicoticismo y neuroticismo correlacionan con agresión (Myrnard y Joseph, 1997), mientras que la extraversión lo hace más débilmente (Kerr, Au, Lindner, 2004; Hampson y Goldberg, 2006). Esto mismo se ha podido constatar en población española (del Barrio, Moreno y López, 2001).

 

Desde el modelo Big-Five, la relación es más compleja. El neuroticismo continúa comportándose de la misma manera (Caprara y Pastorelli, 1993; Kroes, Veerman y de Bruyn, 2005), mientras que el factor conciencia presenta una clara correlación negativa con agresión (Heaven, 1996; Jonh, 1994). Sin embargo, otros factores positivos, apertura, amabilidad y extraversión crean unas fronteras más difusas en la relación con agresión. De todos ellos, amabilidad es el más constante (Heaven, 1996; Loeber, Stouthamer-Loeber, Van Kammern y Farrington, 1989; Barbaranelli et al.1998; Victor, 1994; Graciano et al., 1996, 1997; Shiner, 2000).

Por otra parte, la extraversión no se comporta tan uniformente; en unos casos se puede apreciar una relación clara entre extraversión y agresión (Kirkcaldy y Mooshage, 1993; Victor, 1994), y en otros, sólo con la agresión verbal (Caprara, Barbaranelli y Zimbardo, 1996). Este mismo patrón se encuentra en población juvenil española (Lemos, Fidalgo, Calvo y Menéndez, 1992).

La apertura, por su parte, pocas veces se relacionada con la agresión y siempre asociada al rendimiento escolar (Loeber et al., 1989; Shiner, 2000).

Se han estudiado también las combinaciones de estos factores. Normalmente amabilidad y conciencia actúan asociados: los jóvenes violentos presentan niveles más bajos de conciencia y amabilidad (Miller, Lynam y Leukefeld, 2003; Shiner, 2000; Tur et al., 2004). Además, se han hallado asociaciones entre neuroticismo y baja amabilidad (Steiner, Cauffman y Duxbury, 1999), extraversión y neuroticismo (Yamagata et al., 2006), o de estas dos dimensiones con baja conciencia (Hart, Hofmann, Edelstein y Keller, 1997) o baja amabilidad (Caprara et al., 1996). Incluso asociaciones entre alto neuroticismo, alta extraversión, alto psicoticismo y alta sinceridad (Lemos et al., 1992).

Un estudio de meta-análisis reciente encuentra que la asociación entre baja amabilidad y alto neuroticismo es la combinación más habitualmente asociada a los problemas exteriorizados (Saulsman y Page, 2004).

En un reciente trabajo (Lynam, Caspi, Moffit, Raine, Loeber, Stouthamer-Loeber, 2005) sobre adolescentes, se compara dos tipos de conducta agresiva en diferentes edades y se encontró que la amabilidad es fundamental en la explicación de la agresión y la manipulación en todas las edades y la conciencia sólo explica agresión y más cuanto más edad .

El propósito de este trabajo es comprobar, en una muestra de niños y adolescentes españoles, cómo se comporta el modelo de los cinco grandes en relación con la agresión. Dado el carácter diferencial de la agresión en ambos sexos, se ha analizado el valor predictivo de los cinco grandes sobre agresividad en chicos y chicas separadamente.

Se evaluaron 686 sujetos (62% varones y 38% mujeres) entre 8 y 15 años con el Cuestionario de los Cinco Grandes para niños (BFQ-N; Barbaranelli, Caprara y Rabasca, 1998, en adaptación de del Barrio, Carrasco y Holgado, 2006), y la Escala de Agresividad Física y Verbal (AFV, Caprara y Pastorelli, 1993, en adaptación de del Barrio, López-Martínez, Moreno-Rosset, 2001).

Los resultados obtenidos han mostrado que la agresión, tanto física como verbal, está ligada significativamente a los cinco factores, pero especial y negativamente con conciencia y positivamente con neuroticismo. Es decir, los niños conscientes y responsable son poco agresivos, mientras que aquellos que tienen un escaso control emocional si lo son. Los varones obtienen unas puntuaciones significativamente más altas que las chicas.

Los análisis de regresión múltiple han permitido establecer que los factores de personalidad explican un 27% de la agresión, tanto física como verbal. La extraversión ha resultado ser superior en la predicción de la agresión verbal. La combinación baja conciencia y elevado neuroticismo predice más potentemente la agresión física, mientras que la elevada extraversión combinada con baja amabilidad predice mejor agresión verbal.

Analizada esta predicción separadamente en varones y mujeres, se observó que el neuroticismo es mejor predictor de agresión física y verbal en varones; mientras que el bajo nivel de conciencia lo es en mujeres. La baja amabilidad es predictor de agresividad (especialmente la física) en chicos, pero no en chicas.

Considerando el valor predictivo global de los factores de personalidad, éstos explicaban un 24,7% de agresión física y un 23,3% para la agresión verbal en los varones; en las mujeres un 28% de agresión física y 30 % de agresión verbal.

 

En resumen, podemos afirmar que la estructura de personalidad, especialmente conciencia y neuroticismo, predicen la agresión tanto física como verbal. Parece que la reflexividad, responsabilidad y control funcionan como inhibidores de la agresión, mientras que la inestabilidad, impulsividad e ira, actúan como potenciadores de la misma. Otros estudios han encontrado resultados paralelos (Loeber et al., 1989; John et al., 1994; Shiner, 2000; Tur et al., 2004; Caprara et al, 1993; Kroes et al., 2005; Martín et al., 1999). La amabilidad, la extraversión y la apertura tienen un papel secundario, como también consta en otras investigaciones (Graciano et al., 1996; Miller et al., 2003; Shiner, 2000).

Esto alerta hacia la conveniencia de tener en cuenta los diferentes tipos de conducta agresiva en su relación con los factores de personalidad (Carrasco et al, 2006; Lynam et al., 2005; Miller et al., 2001). Así como también el funcionamiento diferencial de los mismos en los distintos sexos, puesto que en los chicos el neuroticismo es el factor personal que mejor predice la agresión física, y la conciencia lo es entre las mujeres, tanto en la dimensión física como verbal.

De lo anteriormente expuesto, se puede concluir que hay dos estilos favorecedores de la conducta agresiva que agrupan distintos factores: uno vinculado al neuroticismo, de carácter emocional y otro, a baja conciencia o ausencia de cognición. Se podría sostener que en los varones hay un peso mayor de lo biológico y en las mujeres juega un papel más importante lo cultural en la explicación de la violencia. Ambas cuestiones han de ser tenidas en cuenta en los programas de intervención

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la Revista de Psicopatología y Psicología Clínica: Carrasco, M. A. y Barrio, Mª V. del (2007). El modelo de los cinco grandes como predictor de la conducta agresiva en población infanto-juvenil. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, Vol. 12 (1), 23-32.

Sobre el autor y autora:

Miguel Ángel Carrasco Ortiz es Profesor Contratado Doctor de Evaluación Psicológica en la Facultad de Psicología de la UNED y Coordinador del Servicio de Psicología Clínica de esta misma universidad. Junto con su dedicación a la docencia en el área de la evaluación psicológica y a la clínica infantil y adulta, su actividad investigadora se ha centrado en el estudio de las emociones infantiles, especialmente de la depresión y la agresión infantil.

 

Victoria del Barrio es Profesora Evaluación Psicológica en la Facultad de Psicología de la UNED. Es especialista en emociones infantiles tales como depresión y agresión. Entre sus publicaciones sobre el tema, destacan Problemas infantiles (Santillana, 1997), Emociones Infantiles (Pirámide, 2002), Evaluación Psicológica de la Infancia y la Adolescencia (dir.,UNED, 2002), Evaluación Psicológica en Diferentes Contextos" (dir.,UNED, 2003), Depresión Infantil (Ariel, 2007), y Cómo evitar que un niño se deprima Síntesis (2007). A su dedicación académica se une su experiencia en Psicología Aplicada: ha trabajado en el Hospital general de Valencia (1975-1986), ha sido directora del Gabinete Municipal de Torrente (1977-1984) y del Servicio de Psicología Aplicada de la UNED (1999-2004).

 

Artículos Relacionados
CARACTERÍSTICAS DE LOS ÍTEMS Y TIEMPO DE RESPUESTA EN MEDIDAS DE PERSONALIDAD
CONSUMO DE ALCOHOL Y TABACO, VARIABLES DE PERSONALIDAD Y PATRONES DE INTERACCIÓN SOCIAL EN LA ADOLESCENCIA
LA EVALUACIÓN DE LOS CINCO FACTORES DE LA PERSONALIDAD EN ADOLESCENTES
VARIABLES TEMPERAMENTALES Y DE PERSONALIDAD EN LA SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA INFANTIL Y ADOLESCENTE
TERAPIA DIALÉCTICO-COMPORTAMENTAL PARA EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD
ESTRUCTURA FACTORIAL DEL PACL EN UNA MUESTRA DE ADOLESCENTES
LA PERSONALIDAD COMO FACTOR DE VULNERABILIDAD A LA CONDUCTA ANTISOCIAL DURANTE LA ADOLESCENCIA
EVALUACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD: ¿ENTREVISTAS O CUESTIONARIOS?
EL ABORDAJE DE LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD - ENTREVISTA A DOLORES MOSQUERA
LA EVALUACIÓN EN LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD - ENTREVISTA A JOSÉ MUÑIZ
RELEVANCIA DE LA EMPATÍA EN EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD DURANTE LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA