En las últimas décadas se ha producido un cambio de paradigma con el surgimiento de un nuevo enfoque que, frente al modelo tradicional y psicopatológico existente, pone el énfasis en las competencias más que en los déficits, persigue el florecimiento adolescente y considera a las chicas y los chicos como un recurso con importantes potencialidades a promover: un Modelo de Desarrollo Positivo Adolescente. Desde este enfoque del desarrollo, la conducta individual no puede reducirse a influencias genéticas y se enfatiza que la potencialidad para el cambio en la conducta es una consecuencia de las interacciones entre la persona en desarrollo, con sus características biológicas y psicológicas, y su familia, su comunidad y la cultura en que está inmersa.

Con esta introducción se presenta un estudio publicado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (FAD), bajo el título “Bienestar y desarrollo positivo adolescente desde una perspectiva de género. Un estudio cuantitativo”, a través del cual se abordan los elementos que integran el modelo del desarrollo positivo adolescente desde una perspectiva de género.

Autor: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 11/12/2020

El estudio ha contado con la participación de 13 centros escolares de Andalucía, con parte de su profesorado, del alumnado y sus familias, para conocer cuáles son las características positivas o deseables de los y las adolescentes, de la familia y de la escuela ideal, así como el grado de satisfacción de cada uno/a con todo ello.

A continuación, recogemos las principales conclusiones del estudio:

  • El alumnado adolescente está altamente sensibilizado hacia valores como la responsabilidad, la prosocialidad o el respecto a la diversidad.

  • Tanto el alumnado como los y las docentes y progenitores sitúan el respeto a la diversidad como la competencia más valorada, lo que sugiere que se trata de “un valor muy arraigado en la comunidad y que trasciende los muros de la escuela”.

  • Se detecta una ligera discrepancia entre el “yo real” y el “yo ideal” que, a juicio de los autores del estudio, no debe ser considerada negativamente dado que puede estimular a chicos y a chicas a esforzarse para mejorar sus competencias.

  • Según el género, se observa que en las chicas hay una mayor diferencia entre importancia y autovaloración en competencias del área personal, como la autoestima. Por el contrario, los chicos discrepan más en aspectos académicos, como llevar bien los estudios o sacar buenas notas. Tanto ellos como ellas también muestran discrepancias en la responsabilidad para compaginar estudios con diversión. En este sentido, “parece que las chicas ya han interiorizado un modelo de perfección que les exige la sociedad y que se ve reflejado en su baja autoestima”.

  • El nivel de autoexigencia parece incrementarse de forma directamente proporcional con la edad (según aumenta la edad, disminuye la satisfacción vital y con las propias competencias).

  • Para los y las jóvenes, los aspectos más valorados en la familia ideal son los referentes a la importancia de ser aceptados, las muestras de afecto y cariño, el respeto y la comprensión, otorgando menos importancia al control y la supervisión. Para padres y madres, además del apoyo, la aceptación y el afecto, la comunicación con sus hijos e hijas es uno de los aspectos más destacados, y el respeto y la aceptación de sus gustos, amigos y decisiones son los menos valorados.

    A pesar de la aparente distancia emocional con respecto a sus progenitores, los y las jóvenes necesitan aún de su comprensión y apoyo para sentirse satisfechos y madurar, y reclaman una comunicación más adecuada al nivel madurativo que viven.

    Estos datos ponen en evidencia la importancia de que padres y madres incorporen una nueva forma de comunicarse con sus hijos e hijas, teniendo en cuenta que ya han abandonado la infancia y se incorporan al mundo adulto con muchas dudas, miedos e inseguridades, siendo el apoyo, el afecto y la comunicación aún más importantes que en etapas previas, pero desde una nueva mirada.

  • Con respecto al ámbito educativo, los alumnos y las alumnas, en línea con el profesorado, otorgan la mayor importancia a aspectos relacionados con el trato -respetuoso- recibido, valorando también la transmisión de conocimientos (que el profesorado explique bien o que ayude a sus alumnos/as a conseguir mejores resultados académicos). Por el contrario, la relación entre familia y escuela es el área menos valorada por el alumnado.

  • El uso educativo de las nuevas tecnologías es el aspecto con el que los/as alumnos/as se muestran más insatisfechos, siendo el menos valorado por los docentes y el que menos satisfacción les genera.

  • ¿Cómo influye el género sobre los niveles de competencia y ajuste adolescente? los chicos tienen una percepción más positiva de sus competencias personales que las chicas. Concretamente, ellos experimentan mayor satisfacción vital, autoestima y afecto positivo, valoran más positivamente el significado de sus vidas y muestran mayor competencia cívica. En el plano intelectual valoran de forma más favorable su inteligencia lógico-matemática y espacial. Sin embargo, las chicas valoran más y mejor su inteligencia lingüística, cenestésico-corporal e intrapersonal. Para los autores del estudio, estos resultados evidencian la necesidad de incorporar la perspectiva de género en la investigación en la adolescencia, así como en los programas de intervención.

  • En términos de problemas de ajuste psicológico, los chicos presentan una actitud más favorable hacia la transgresión de normas, mientras que las chicas destacan por su mayor sintomatología depresiva.

  • La edad se relaciona negativamente con la mayoría de las competencias analizadas e indicadores de ajuste psicológico: a partir de los 14 años se detecta un descenso generalizado en la mayoría de competencias e indicadores de ajuste analizados, entre 15 y 18 años se obtienen puntuaciones más bajas en satisfacción vital, autoestima, afecto positivo, autocontrol, presencia de significado con la vida, competencia cívica y algunas de sus inteligencias múltiples que aquellos con edades comprendidas entre los 12 y los 14 años. De este modo, los y las jóvenes de mayor edad obtienen puntuaciones más altas en afecto negativo, sintomatología depresiva y problemas externalizados.

  • Los chicos y chicas adolescentes pertenecientes a familias con mayor nivel socioeconómico y cuyos padres y madres tienen niveles más altos de formación obtienen puntuaciones más elevadas en varias de las competencias e indicadores de ajuste analizados.

  • La satisfacción con la familia (concretamente con el estilo parental), con la escuela y con sus propias competencias personales, influyen positivamente en los niveles de bienestar y de rendimiento académico, y negativamente en los problemas internalizados y externalizados de los chicos y chicas adolescentes.

    La satisfacción con la familia influye más que la satisfacción con la escuela sobre los niveles de bienestar, rendimiento académico y problemas de ajuste interno y externo. Las puntuaciones altas en las competencias personales se asocian con un mayor bienestar y con una menor sintomatología depresiva. De entre las competencias personales, el autocontrol y la autoestima son las más determinantes.

  • Los resultados del estudio sugieren que los modelos de socialización familiar respecto al género tienden a ser cada vez más igualitarios. Sin embargo, las presiones sociales en medios de comunicación, contextos escolares, comunitarios y virtuales para que los y las jóvenes se comporten de forma acorde al estereotipo heteronormativo y patriarcal siguen siendo muy altas. En este sentido, las chicas requieren intervenciones específicas que potencien sus fortalezas y las ayuden a superar y equilibrar los niveles de exigencia tan altos que encuentran durante esta etapa. Los autores subrayan la trascendencia de incorporar la perspectiva de género en todos los programas de intervención sobre desarrollo positivo durante la adolescencia, que permitan a las chicas acceder a los perfiles de alto bienestar.

    A este respecto, los programas escolares y extraescolares de desarrollo positivo pueden ser una buena estrategia para el fomento de competencias personales y la prevención del desajuste emocional y comportamental.

Fuente: Oliva Delgado, A.; Povedano Díaz, A.; Suárez Relinque, C.; Antolín-Suárez, L.; Rodríguez-Meirinhos y Musito Ochoa, G. (2020). Bienestar y desarrollo positivo adolescente desde una perspectiva de género. Un estudio cuantitativo. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, Fad. DOI: 10.5281/zenodo.3769013  

 

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