El progresivo envejecimiento de la población es una de las principales características de nuestra sociedad actual. Este envejecimiento obliga a entender y atender las nuevas necesidades sociales, económicas, políticas, etc., que se están generando, así como a poner la mirada en los aspectos preventivos. En este marco, la Psicogerontología se configura hoy día como un campo aplicado de gran relevancia para poder contribuir, desde el conocimiento psicológico, al bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos.

Dos de los grandes retos a los que tiene que hacer frente la Psicología actual, con la puesta en marcha de la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia, son la promoción del envejecimiento activo y la atención a la dependencia al colectivo de personas mayores.

Reconociendo tanto la importancia que la psicogerontología adquiere dentro del marco de la nueva Ley de Dependencia y la labor que la Psicología como profesión puede desempeñar con colectivos de las personas mayores, en los próximos días Infocop Online recogerá varios trabajos de destacadas especialistas en esta área de trabajo.

En este primer trabajo introductorio, con el que se abre este monográfico, Rocío Fernández Ballesteros ofrece las principales características y define el campo de actuación de la Psicogerontología, enfatizando así mismo, la importancia de los profesionales de la Psicología en este ámbito.

Rocío Fernández-Ballesteros

Universidad Autónoma de Madrid

Vivimos en el continente más envejecido del mundo y España es uno de los países que cuenta con mayor población de personas mayores. En la Unión Europea de los 25, aproximadamente 75 millones de habitantes tienen más de 62 años. Así mismo, en nuestro país, casi uno de cada cinco españoles puede considerarse dentro de esa franja de edad. Es más, en 50 años, alrededor de 300 millones de Europeos y el 40% de españoles tendrá más de 60 años (UN, 2005). Este envejecimiento poblacional se debe a la más importante revolución demográfica ocurrida hasta la fecha: el incremento de la esperanza de vida (próxima a los 80 años en España) y a una disminución drástica de las tasas de fecundidad (próxima a 1,4 hijos por mujer en edad fértil).

Rocío Fdez-Ballesteros 

La Psicología emerge como disciplina científica a fines del XIX. Si examinamos los principales índices demográficos de principios del siglo XX, la esperanza de vida no llegaba a los 40 años y la fecundidad ascendía a 3,7 hijos, y no más de un 5% de habitantes tenía más de 65 años. En esa época, la Psicología del desarrollo -llamada entonces "Psicología evolutiva del niño y del adolescente"- ya era una de las más importantes subdisciplinas de la Psicología y a ella se dedicaba una gran proporción de psicólogos/as. En la actualidad, podríamos decir que el siglo XXI demanda a los psicólogos y psicólogas nuevas especialidades, nuevos retos y, por tanto, la actualización de los conocimientos y habilidades que den respuestas oportunas a esos desafíos.

El envejecimiento de la población es el resultado del desarrollo de la humanidad, de sus avances educativos, científicos, tecnológicos y socio-políticos; pero este mismo hecho exige también reajustes en muchos planos. El que más nos interesa en esta ocasión hace referencia a nuestra profesión como psicólogos/as y a las necesidades que emergen de un mundo envejecido. En otras palabras, la Psicogerontología es un ámbito aplicado de suma importancia en el siglo XXI (Fernández-Ballesteros, 2006, 2007).

Uno de los psicólogos padres de esta disciplina, el Prof. James Birren, establece que la gerontología se ocupa del "envejecimiento", "la vejez" y de "el viejo" (Birren, 1996). Por tanto, la Psicología del envejecimiento se ocuparía del estudio de los procesos que ocurren a lo largo del ciclo de la vida, así como de la estabilidad y los cambios (crecimiento y declive) que se producen en las variables motoras, cognitivas y emocionales. Además, la Psicología de la vejez se centra esencialmente en las diferencias psicológicas interindividuales atribuibles a la edad. Finalmente, el estudio de "el viejo" está dedicado a la atención de aquellas personas mayores que requieren asistencia (tanto psicológica como de otro tipo), contribuyendo a su bienestar y su salud.

Pero, para dar cuenta cumplida de cualesquiera de esos objetos de conocimiento, se requiere dedicar especial atención a las interacciones que ocurren entre el individuo envejeciente en sus distintos contextos, teniendo en cuenta que el ser humano es un individuo activo (y no sólo respondiente) en un ambiente activo. Así, las relaciones entre la persona y su ambiente (a los niveles de complejidad necesarios: macro, meso o micro) son también un objeto importante de estudio para el psicólogo que se ocupe de las personas mayores. En definitiva, el estudio del envejecimiento, la vejez, y de la persona mayor con necesidad de atención ha de realizarse teniendo en cuenta el contexto familiar, comunitario, y social.

Hasta aquí, las distintas facetas de interés para el psicólogo que esté interesado en el envejecimiento y la vejez, pero, ¿cuáles son las características más esenciales de esos objetos de conocimiento?. Tratando de sintetizar, podríamos decir que son dos: la plasticidad y la variabilidad.

En primer lugar, uno de los programas de investigación más importantes en las últimas décadas, en el que los psicólogos han hecho importantes contribuciones, enfatiza la extraordinaria plasticidad del organismo humano y de su sistema nervioso central (SNC), el cual se expresa a través de su capacidad de aprendizaje a todo lo largo del ciclo de la vida (plasticidad cognitiva). Así, en total contraposición con los estereotipos sociales que postulan que la gente mayor no es capaz de aprender, se han puesto de relieve las posibilidades de modificación y cambio de los sistemas motor, cognitivo y neuro-fisiológico. Todo ello es coincidente con los hallazgos de la más reciente investigación biomédica sobre reserva cerebral y plasticidad neural.

 

Esto es de extraordinaria importancia si tenemos en cuenta que el individuo envejeciente (agente de su propio desarrollo) puede optimizar sus capacidades a todo lo largo de su vida (también en la vejez) y que, además, puede compensar aquellas condiciones motoras, cognitivas y emocionales que declinan, o incluso se deterioran, con el paso de la edad, mediante intervenciones ambientales. La intervención en las áreas física (el ejercicio físico regular), cognitiva (mediante tareas y tratamientos de activación cognitiva) y emocional (optimizando los sistemas emocionales-motivacionales) están mostrando su eficacia en la mejora del funcionamiento biopsicosocial de la persona mayor.

La segunda característica esencial del envejecimiento y la vejez hace alusión al hecho de que, en la medida en que se envejece, se incrementa también la variabilidad interindividual. En otras palabras, los procesos de envejecimiento son muy diversos y las formas de envejecimiento tienden al infinito. Los autores tratan de reducir estos tipos de envejecer a tres grupos principales: envejecimiento usual, patológico y óptimo (Baltes y Baltes, 1990). Evidentemente, el objetivo esencial de los expertos en las distintas disciplinas que conforman la gerontología (entre ellas, la Psicología) es el de tratar de reducir el envejecimiento patológico e incrementar el envejecimiento usual y óptimo. Pues bien, el psicólogo tiene un papel esencial en las formas de envejecer. Así, el psicólogo está implicado en el envejecimiento que cursa con enfermedad y dependencia y, desde luego, en su prevención. De igual manera, el psicólogo ejerce un papel esencial en la promoción del envejecimiento usual y satisfactorio.

Estas dos características fundamentales del envejecimiento y la vejez, que emergen del laboratorio, se han plasmado en la vida cotidiana de las personas y en ellas se están basando políticas, proyectos, planes y programas de actuación. Debemos congratularnos por ello, puesto que supone que desarrollos básicos de la Psicología están inspirando actuaciones públicas y, en definitiva, extendiéndose al mundo social para beneficiar al ciudadano y ciudadana.

 

Estos trabajos que recogerá Infocop Online en los próximos días dentro de este monográfico, giran en torno a lo que se ha venido a llamar Psicología de la vejez, un tema extraordinariamente oportuno dado que este año se cumplen cinco años de la aprobación del llamado II Plan Internacional de Acción sobre Envejecimiento (Plan Madrid, NU, 2002) y, en noviembre de 2007, se celebrará en León una Conferencia de la Región Europea para la Revisión y Seguimiento del Plan (que organizarán la UNECE y el IMSERSO).

En el Plan Madrid se establecen las líneas prioritarias, los objetivos y las acciones que deben de ser emprendidas por los gobiernos de todos los países firmantes de este documento y por los agentes sociales implicados, y todo ello para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas que envejecen. El Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (CGCOP) es una organización social comprometida con el bienestar de las personas de todas las edades y, desde luego, con aquéllas mayores. El psicólogo ha de interesarse por las necesidades y demandas de este grupo de edad, y no sólo por las oportunidades de trabajo que va a reportar este sector (con motivo de la Ley de Autonomía Personal y de Atención a la Dependencia). Una formación sólida en las áreas básicas de la Psicología y en la especialidad de la Psicogerontología son necesarias para relanzar este ámbito aplicado para el siglo XXI.

Bibliografía

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