Por Helio Carpintero

En su Bélgica natal, entre Namur y Lieja, en un pequeño y plácido lugar, ha fallecido el pasado 6 de enero el profesor Marc Richelle, uno de los grandes psicólogos europeos que teníamos, amigo y conocedor de la psicología española.

Lo encontré a finales de los años 80 del siglo pasado, en una reunión de decanos de psicología de varios países europeos que él organizó en Luxemburgo, y revalidamos la amistad cuando tomó la decisión singular de aprovechar un año sabático en su cátedra de la Universidad de Lieja, para venir a conocer de cerca a los psicólogos españoles, cuyo espectacular crecimiento por aquel tiempo le había sorprendido e interesado. Estuvo principalmente en Madrid, viajó a Facultades de psicología de otros lugares, pasó un tiempo en Granada, con el grupo de jóvenes profesores que allí se habían reunido, y estuvo incluso en el II Congreso de psicología que organizó de modo perfecto el Colegio Oficial de Psicólogos, en Valencia, en 1990.

Marc Richelle

 

Richelle, nacido en 1930 en una pequeña ciudad de provincias belga, persona amable y generosa, ha cumplido un sorprendente proyecto intelectual, que le permitió tener una visión amplia, sin fisuras, del mundo que le tocó vivir.  Se había licenciado, primero, en literatura románica, pero luego, influido por un filósofo con intereses múltiples, el profesor Jean Paulus, decidió dedicarse a la psicología, y pudo hacerlo en Ginebra, estudiando con Jean Piaget y André Rey. Durante esos años universitarios, trabajó en temas de aculturación de niños de origen judío que desde Marruecos aspiraban a trasladarse a Israel, y así hizo su primera experiencia del mundo no europeo; después, trabajó en un centro rural piloto en Katanga, en el Congo, estudiando los problemas migratorios de los campesinos que emigraban a la ciudad.  Y desde allí, con una oportuna beca, pasó a estudiar en Harvard con B.F. Skinner, completando así su visión del mundo psicológico de aquel momento.

Sin terminar aquella estancia, fue llamado a Lieja donde empezaban los estudios de psicología, y allí creó la cátedra y laboratorio de psicología experimental, uniendo una metodología conductista con temas que iban desde la psicofarmacología a la percepción del tiempo. Su centro ha sido sin duda uno de los más sobresalientes en Europa, si no el que más, dedicado al estudio sobre condicionamiento y aprendizaje, animal y humano, a nivel de lo que en aquellos mismos años se hacía en los Estados Unidos. Ello le ha permitido ser un singular pionero en la tarea de integrar las dos más importantes secuelas psicológicas contemporáneas en que se había formado:  el conductismo y la psicología cognitiva. En lugar de mantener ambas enfrentadas, supo reunir muchos de sus hallazgos complementarios en una visión que integra los procesos complejos de los sistemas de aprendizaje con aquellos otros que en el hombre hacen posible el conocimiento, la conciencia y el lenguaje.

Allí creo un grupo de investigadores, algunos de los cuales, como el Prof. Xavier Seron, o Françoise Parot, son hoy figuras distinguidas de la investigación en lengua francesa.

En su haber cuenta, además, con la edición de manuales muy importantes, como el M.Richelle y R. Droz, Manual de psicología, (Herder, 1982) o el M.Richelle, J. Requin y M. Robert, Traité de psychologie experimentale (PUF, 2 vols. 1994),y estudios como B.F.Skinner: a reappraisal, (1993), La adquisición del lenguaje (1975), o Du Nouveau sur l’esprit (1993), entre otros; numerosos trabajos en revistas y libros colectivos, y una interesante reflexión sobre el sentido de la profesión psicológica, en su pequeño libro  Los psicólogos, ¿para qué? (1973). Y no se puede olvidar la labor que ha hecho dirigiendo y asesorando a la editorial Pierre Mardaga en la edición de libros de psicología y ciencias humanas, enriqueciendo la literatura psicológica en lengua francesa.

Richelle ha sido experto en numerosos comités internacionales sobre análisis de la conducta, cerebro y conducta, percepción temporal en el animal, etc.; ha organizado y dirigido grupos de una red Erasmus en psicología, y ha sido galardonado con premios, como el Quinquenal Premio Solvay (en Bélgica, 1990), o los doctorados Honoris Causa  de Lille, Coimbra, Ginebra, Lisboa o Lérida. Era miembro de la Academia Real de Bélgica, y miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Lisboa, y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España. Fue también el primer presidente del Grupo Compostela de Universidades, que reúne numerosas instituciones de Europa y América.

Ahora, calladamente, desde su retiro, se nos ha ido. Queda su obra, sus discípulos, y su voluntad de hacer de la psicología una ciencia del hombre integral, social e histórico.