Mientras que la violencia sexual contra las mujeres es un tema que ha recibido una atención creciente en los últimos años, la violencia sexual contra los hombres aún no ha sido suficientemente investigada y tratada con la importancia que se merece. Con el objetivo de dar a conocer el estado de la cuestión y proporcionar recomendaciones para mejorar la investigación y la implementación de programas de prevención e intervención a este grupo se ha publicado el informe The Health of Male and LGBT Survivors of Conflict-Related Sexual Violence (La salud de los hombres y supervivientes LGBT frente a la violencia sexual en zonas de conflicto).

Se estima que la violencia sexual en zonas de conflicto contra hombres y niños es extremadamente alta, sobre todo en determinados países y las consecuencias sanitarias y sociales de este tipo de violencia para la vida de los hombres, los niños y las personas LGBT son graves y a largo plazo. Sin embargo, a pesar de la grave carga sanitaria y social asociada a esta violencia, los estudios sobre intervenciones eficaces para mejorar la salud y el bienestar de este grupo siguen siendo escasos, así como los recursos de apoyo disponibles para atender sus necesidades específicas.

Fuente: www.pexels.com Artista:
Ece AK Fecha descarga: 18/01/2021

Según se describe en el informe, la situación de riesgo de los niños y hombres víctimas de violencia sexual en áreas de conflicto es particularmente grave debido a las dificultades de acceso a atención sanitaria y a la continuidad en su atención: la inseguridad en las zonas de conflicto, la elevada movilidad de la población, las limitadas infraestructuras, unido a las normas sociales, los estereotipos de género y los escasos recursos financieros y humanos en sanidad constituyen unos obstáculos importantes para su atención. Otros factores como la creencia de que los servicios disponibles solo proporcionan atención a mujeres y niñas, la falta de conocimiento de los recursos existentes o la ausencia de preparación y formación del personal sanitario en relación con la violencia sexual ejercida contra hombres pueden dificultar enormemente que estas personas acudan a solicitar ayuda a los servicios sanitarios. A este respecto, según se señala en el informe, los estudios muestran que el temor a reacciones negativas, como la homofobia, la incredulidad y ser culpados por parte de la policía o los proveedores de servicios de salud pueden impedir que los supervivientes varones revelen el abuso sexual y accedan a los servicios oportunos. Asimismo, la actitud negativa de los trabajadores sanitarios puede reforzar la autoculpabilización de los propios supervivientes, lo que dificulta la adhesión al tratamiento y elimina sus posibilidades de recuperación. Los estudios que han analizado el tipo de atención que se presta a los varones víctimas de violencia sexual muestran que los profesionales sanitarios tienden a mostrar menos conductas empáticas en comparación con las víctimas mujeres. Asimismo, los varones LGTB tienen a ser objeto de mayor culpabilización por parte de los profesionales frente a los varones que no se identifican como tales.

De acuerdo con la revisión de la literatura científica realizada, los estudios que han analizado el impacto de la violencia sexual en el colectivo de hombres y supervivientes LGTB en zonas de conflicto son muy escasos, siendo anecdóticas las investigaciones que han desarrollado intervenciones especialmente dirigidas a niños, hombres y supervivientes LGTB de este tipo de violencia. Tal y como señalan los autores de la revisión, no hay estudios que aborden los efectos en la salud física, sexual y reproductiva en esta población, ni las respuestas médico-legales, así como que aborden en detalle los efectos en la salud mental asociados.

La mayoría de los estudios identificados sobre intervenciones de salud mental y apoyo psicosocial a mujeres y hombres víctimas de violencia sexual han mostrado su eficacia en la reducción de los síntomas de depresión, ansiedad, sintomatología postraumática, disfunción o dolor postraumático. Sin embargo, no desglosan los resultados por género, de forma que no se puede determinar si las intervenciones fueron igualmente eficaces para mujeres y hombres, o si no fueron eficaces en absoluto para los supervivientes masculinos.

Según se cita en el texto, esta brecha en el conocimiento sobre el impacto de las intervenciones sobre violencia sexual en el colectivo de hombres frente al de las mujeres es particularmente importante a la luz de las diferencias de género en el acceso, la aceptación y la respuesta a los tratamientos psicológicos o de salud mental. A este respecto, las investigaciones han señalado que los hombres emplean estrategias de afrontamiento más arriesgadas, suelen tener menos éxito en la resolución de los traumas y pueden tener mayores dificultades para compartir sus experiencias y emociones. Por este motivo, los autores del informe apuntan la necesidad de reforzar las intervenciones que se basan en modelos de atención comunitaria, en la medida en que pueden ofrecer alternativas valiosas para todos los supervivientes de violencia sexual, al romper algunas barreras de acceso a la ayuda y acercar los programas a la población.

En el informe también se han analizado las directrices y protocolos internacionales desarrollados hasta la fecha para la protección frente a este tipo de violencia, observando que las necesidades y vulnerabilidades específicas de los supervivientes masculinos y LGBT siguen recibiendo una atención limitada en los documentos internacionales que orientan hacia la elaboración de políticas y prácticas de intervención.

Las iniciativas en materia de salud sexual y reproductiva suelen centrarse exclusivamente en las mujeres y las niñas y se abstienen de dirigirse a los hombres. Sin embargo, los hombres y los LGBT supervivientes víctimas de violencia sexual pueden sufrir, como resultado de la violencia, infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH, disfunciones sexuales, infecciones genitales, impotencia e infertilidad, entre otras consecuencias. Estas posibles consecuencias para la salud afectan no sólo a los propios afectados, sino también a sus parejas, familias y comunidades. De ahí la importancia de integrar a los hombres víctimas de violencia sexual en las estrategias y políticas de salud pública.

En definitiva, tal y como establece el documento, el enfoque casi exclusivo de la investigación y la formulación de políticas sanitarias hacia el riesgo de las mujeres heterosexuales de sufrir violencia sexual en zonas de conflicto, “oscurece la experiencia de los hombres, los niños y los sobrevivientes LGBT” víctimas también de este tipo de delitos. La desatención de las necesidades de los hombres y los supervivientes LGBT puede aumentar aún más los riesgos para la salud y la protección de estos grupos. Por lo tanto, es fundamental que los investigadores, los encargados de formular políticas, los responsables sanitarios y otros interesados clave reconozcan que las necesidades de los hombres y los supervivientes LGBT son reales y requieren una atención urgente.

Se puede acceder al informe en el siguiente enlace:

The Health of Male and LGBT Survivors of Conflict-Related Sexual Violence

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