La pandemia actual de la COVID-19 está suponiendo un grave retroceso en la situación escolar de una parte importante del alumnado gitano. Su impacto ha sido mayor en aquellas personas y colectivos en situación más vulnerable y vulnerada y en el alumnado menos vinculado escolarmente. De estar todos escolarizados desde Educación Infantil hasta los 16 años, se ha retrocedido muchísimo en estos meses de confinamiento y ahora de “nueva normalidad”.

Así lo advierte la Asociación de Enseñantes con Gitanos -entidad que lucha desde la educación formal, no formal e informal por conseguir una educación inclusiva real, y eliminar las desigualdades en la educación, especialmente las relacionadas con el pueblo gitano-, en un documento de posición a través del cual pone de manifiesto las consecuencias de la crisis de la COVID-19 entre el alumnado gitano y sus familias.

Tal y como señala la Asociación, la pandemia ha tenido -y está teniendo- un impacto importante en el absentismo, aumentando en los que ya eran absentistas, y cronificándose en aquellos casos de absentismo puntuales. 

Foto: Julia M Cameron Fuente: pexels Fecha descarga: 21/01/2021

Desde que comenzara la pandemia, las administraciones con mucha frecuencia han planificado sin una hoja de ruta clara, cambiando continuamente de instrucciones; han tenido mucha exigencia documental y no han facilitado la gestión que -globalmente- ha sido difícil y compleja; por ejemplo, para la elaboración de los planes de refuerzo. Si bien se realizaron cursos de formación (solo) para el personal docente, las plataformas llegaron tarde y eran complejas. Asimismo, se contrató personal docente, en su mayoría para sustituciones y no para duplicar y bajar la ratio.

Según expresa el documento de posicionamiento, se han acentuado la brecha académica, la brecha social y el desencuentro convivencial entre las familias gitanas y las de los grupos sociales mayoritarios, resurgiendo prejuicios hacia el Pueblo Gitano “como despreocupados de la educación de sus hijos e hijas y como pésimos estudiantes”. En ocasiones se ha enfriado y a veces incluso empeorado la relación profesorado-familias. El escepticismo, así como las ideas estereotipadas entre el profesorado puede aumentar su incomprensión hacia ellos sin saber diferenciar la cultura de la pobreza-marginalidad de la cultura del Pueblo Gitano.

En la misma línea, se ha producido una brecha digital por la falta de acceso a las tecnologías y como fruto de la brecha social, dado que es preciso tener las competencias digitales necesarias para su correcto uso. A los problemas de conexión y de acompañamiento se añade el no contar con espacios adecuados (tipo centros cívicos) ya que hay hogares “que no reúnen condiciones idóneas y eso ha dificultado que el alumnado, sobre todo el adolescente y juvenil, siguiera la enseñanza en línea”.

La Asociación alerta de cómo el impacto del cambio metodológico implementado desde la pandemia ha alejado a las personas del centro educativo, principalmente al alumnado gitano en exclusión social, “por la enorme regresión en las didácticas”. En este sentido, manifiesta que se está centrando la educación y transmisión de contenidos conceptuales en los pupitres (clase magistral, libro, ejercicios, trabajo individual, metodología pasiva y sin interacción) “olvidando la implicación emocional, la educación en valores, la relación humana y cercana, la construcción de los saberes mediante la interacción en grupo, marginando las áreas que requieren movimiento y expresión artística… “, sin tener en cuenta la posibilidad de reconstruir una escuela transformadora.

A este "retroceso metodológico" se añade la pérdida del vínculo con el centro. Tras meses sin acudir a la escuela, el alumnado en general pierde nivel de conocimientos, pero especialmente, pierde el vínculo con el centro escolar, con sus docentes y compañeros/as. Este vínculo, afirma, “será más difícil de recuperar que los conocimientos”.

De acuerdo con la Asociación, las familias menos vinculadas social y escolarmente (las más guetizadas urbanística y escolarmente, aquellas cuyos hijos e hijas van peor en el centro escolar) han sido las primeras en resentirse: implicándose menos, tolerando más el absentismo, y con menos esperanzas en que el sistema educativo pueda mejorar sus vidas, etc., ante una situación de partida de más alejamiento escolar, por conductas de absentismo previo, descompensación educativa y falta de formación y de materiales, que fomenta esta desconexión.

Dado todo lo expuesto, afirma que sin acompañamiento no hay reincorporación, es imposible el retorno, aún más en los centros segregados, donde es mayor la presión entre las familias gitanas y en cuyos entornos “han calado más los llamados a no llevar a los hijos al colegio”.

Sin un seguimiento cercano y continuo y la posibilidad contar con materiales (y saber utilizarlos), se incrementarán exponencialmente los problemas. Por el contrario, cuanto más elevado es el curso de escolarización y/o mejores resultados académicos y mayor relación social con el resto de alumnos y alumnas, más se incrementa la probabilidad de continuar con la escolarización.

Un factor muy presente y que se ha revelado como nueva causa del absentismo es el miedo. Este miedo está fundamentado en las muertes y contagios, y en el hecho de que en muchas familias conviven personas mayores y en riesgo, nutriéndose a su vez de informaciones confusas y contradictorias que emiten los medios y las redes sociales. El miedo conlleva nerviosismo, estrés, desconcierto, aislamiento, dificultad para gestionar las emociones, etc., unas consecuencias que afectan a toda la población, y a toda la comunidad educativa.

La Asociación lamenta la existencia de una serie de contradicciones tanto por parte de las familias -que han aumentado el absentismo escolar por miedo pero a su vez, han permitido en muchos casos que los y las jóvenes pasen mucho tiempo en la calle con otros y otras jóvenes-, como por parte del profesorado, “participante también del estado general de confusión”, que conlleva que se dejen llevar por los impulsos y que no se detengan a valorar los factores que van más allá de la seguridad sanitaria, preocupándose más de reivindicar el distanciamiento físico, que, por ejemplo, de plantear las posibilidades y condiciones para funcionar con grupos burbuja.

Algunas de las recomendaciones expuestas en su documento de posición son las siguientes:

  • Reivindicar la necesidad de más recursos, más participación en las dinámicas de los centros, más preparación profesional, continuidad y permanencia en los programas.

  • Que el alumnado cuente con dispositivos en sus domicilios, conexión a internet y la formación necesaria para utilizarlo en caso de volver a un confinamiento, y espacios dignos para su uso.

  • Un enfoque de la educación más inclusivo y cooperativo, que promueva actuaciones educativas de éxito para el alumnado más vulnerable, subrayando aquí la creatividad y apuesta por una educación para todas y todos, a recuperar la confianza en las metodologías no tradicionales, a incorporar nuevas formas de agrupamientos a la organización escolar (grupos burbuja, trabajo por ámbitos…).

  • Una mayor coordinación interinstitucional y comunicación centro-familias.

  • La eliminación de “centros guetizados” y de las organizaciones escolares segregadas, para reducir la posibilidad de absentismo escolar entre su alumnado. En esta línea, lamenta que las administraciones no hayan emprendido las acciones necesarias, pese a que Europa lleva un tiempo notificando la necesidad de erradicar este tipo de centros. En palabras de la Asociación, la segregación “es lo contrario a la inclusión educativa y tiende a rebajar las expectativas académicas, imposibilita la convivencia interétnica y el mutuo conocimiento y contribuye a reforzar el escepticismo hacia las instituciones sociales y hacia la posibilidad de que los estudios constituyan una vía eficaz para la promoción personal y la inserción social en la población más vulnerada”.

  • Dotar de más personal a los centros educativos (personal docente, de educación social, de mediación, de promoción, de sanidad, etc.), y establecimiento de cauces de trabajo  interdisciplinar desde un enfoque global y socio-afectivo, preocupándose por las familias y sus circunstancias actuales, en aras de evitar que el alumnado pierda aprendizajes, reforzando su vinculación académica, su sentido de pertenencia al centro y de cooperación con el resto de compañeras y compañeros.

La Asociación finaliza su documento de posición manifestando que, si bien su valoración no es el resultado de una investigación exhaustiva, "sino fruto de la cercanía a los diferentes pueblos y barrios donde desarrollan su tarea -como personal docente, personal del ámbito socioeducativo, promoción o mediación- en coordinación con otras entidades del Tercer Sector", los puntos comunes de sus observaciones en nueve comunidades autónomas les permiten afirmar que sus conclusiones trazan un panorama bastante completo del estado de la cuestión.

Se puede acceder al informe a  través del siguiente enlace:

Impacto del COVID-19 en los centros educativos con alumnado gitano

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