La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES) ha publicado el informe “Buenas prácticas, aprendizajes y retos de entidades sociales que desarrollan programas de educación y empleo con jóvenes vulnerables". El documento tiene como objetivo difundir programas y proyectos para la inserción sociolaboral de jóvenes entre 16 y 29 años de entornos desfavorecidos en nuestro país, así como ofrecer recomendaciones para el trabajo en este campo.

Tal y como se señala en la introducción, “el hecho de pertenecer a una etnia minoritaria, haber nacido en determinados países (especialmente extracomunitarios) o tener una discapacidad, entre otras situaciones, hace que las dificultades a las que se enfrenta una persona joven para conseguir un contrato de trabajo aumenten exponencialmente”. Una situación, que se ha visto más oscurecida por la actual pandemia sanitaria. Según los datos recogidos en el informe, la tasa de desempleo juvenil en España, se ha alejado drásticamente de la media europea durante los peores momentos de la anterior crisis económica y esta brecha “ha vuelto a aumentar a raíz de la actual pandemia”.

En el documento se analiza el impacto de diferentes acciones de formación ocupacional para jóvenes, de forma que sirvan de guía y recomendaciones para proyectos de desarrollo en el ámbito laboral con jóvenes en situación de exclusión. “El acceso a un trabajo digno es clave para poder huir de las situaciones de vulnerabilidad, pobreza y exclusión social”, se señala en el texto, por lo que el desarrollo e impulso de este tipo de iniciativas es fundamental para potenciar las posibilidades de desarrollo de estos jóvenes.

De acuerdo con las conclusiones del estudio, el éxito de estos programas no se debe al desarrollo de una determinada formación técnica sino a que se han centrado también en la adquisición de competencias y habilidades transversales para el mundo laboral, a través de una formación integral.

Asimismo, el informe destaca la importancia de determinadas estrategias como la tutorización o el acompañamiento de estos jóvenes. “La tutorización es mucho más que el mero seguimiento de las actividades realizadas y el correspondiente feedback. Se trata de una intervención basada en el fomento de la autoestima de las personas con las que trabajan, potenciando su motivación y creando el clima de confianza que necesitan para obtener el apoyo que, muchas veces, no tienen en su propio entorno familiar o social”, indica el informe.

Otros aspectos esenciales a tener en cuenta tienen que ver con la necesidad de formación en género de los equipos de profesionales que trabajan en estos programas, con el fin de eliminar las barreras de género en el ámbito laboral y potenciar la transmisión de valores de igualdad de oportunidades, así como la importancia de establecer un estilo de liderazgo participativo, que tenga en cuenta en todo momento la opinión y criterios de los propios jóvenes en el proceso para aumentar su motivación hacia el programa.

Se puede acceder al informe en el siguiente enlace:

Buenas prácticas, aprendizajes y retos de entidades sociales que desarrollan programas de educación y empleo con jóvenes vulnerables

 

Artículos Relacionados
El acceso a la educación en las poblaciones desplazadas por el cambio climático, informe de la UNESCO
Se crea el Observatorio de Pobreza y Exclusión Social en España
FEAFES pone en marcha un programa para la Promoción de la Salud Mental y Prevención de la Exclusión
Conversar con adolescentes en dificultad social, guía
La educación socio-emocional debe formar parte del desarrollo de competencias académicas de los niños durante la pandemia