Las fiestas navideñas son fechas inundadas de contradicciones. Mientras para unos se trata de días de descanso laboral, y sinónimo de felicidad, gozo, celebraciones y encuentros familiares y amistosos, para otros, la Navidad es un preludio de la tristeza, la soledad, e incluso del estrés que está por venir.

 

El continuo bombardeo publicitario contribuye a avivar la sensación de estrés, e incluso de decepción y vacío, que produce la "invitación" al consumo desproporcionado en el que se han traducido, equivocadamente, estas fechas. Nos encontramos con padres que se enfrentan a listas interminables de compras y regalos, y que se sienten obligados a satisfacer las peticiones insaciables de sus hijos, como si el veredicto de su adecuación como padres fuera juzgado en estos días por el grado en que cumplen las expectativas de los más pequeños.

También con personas que se sienten "obligadas" a mostrarse felices en fechas en las que no necesariamente se sienten así, falseando su estado de ánimo o tratando de satisfacer lo que se espera de ellas, así como con personas para quienes la sensación de soledad se ve agudizada por la percepción social que existe de las navidades.

Según el III Informe Internacional del Grupo AXA sobre Jubilación, en el que ha participado población activa y jubilada de 16 países, esta época del año produce, para el 20% de la población activa española, un sentimiento de soledad, lo que sitúa a nuestro país en el primer puesto de la clasificación, seguido de Portugal (19%) e Italia (14%). Además, para un 37%, la Navidad está asociada a una época de estrés. En cuanto a las personas jubiladas, un 32% la percibe como estresante y el 31%, es decir, casi uno de cada tres jubilados, experimenta soledad durante estos días, una cifra muy elevada si se compara con la registrada en otros países, aunque algo inferior a la de nuestros vecinos portugueses (35%).

Así las cosas, unas fechas que socialmente se espera sean de felicidad para todos, lo son sólo para el 64% de la población activa y el 68% de la jubilada de nuestro país. Para otra buena parte de las personas, son días de tristeza, de soledad y de estrés, en los que, tal y como se informa en prensa, aumentan las consultas por problemas emocionales en los centros de atención primaria.

¿Cómo afrontar esa soledad? ¿Cómo pueden los padres reducir la angustia que sienten cuando están tratando de cumplir con las expectativas de sus hijos a la hora de comprar regalos?

La publicidad pretende generarnos a todos, niños y adultos, el convencimiento de que nuestra felicidad se encuentra en el producto que nos tratan de vender. Y, sin duda, hacen muy bien su trabajo. En nosotros está examinar las propuestas con distancia y actitud crítica para evitar la decepción. Pero los niños tienen menos capacidad de distanciamiento y de crítica que los adultos (aunque el objetivo de la publicidad sea lograr que nos comportemos como niños, deslumbrados por las falsas promesas y las apariencias). Una buena estrategia es irles introduciendo a la administración de los recursos, siempre limitados. La práctica de las "pagas" tiene como objetivo que puedan valorar y priorizar lo que quieren, siempre más limitado que lo que pueden.

Comprar a los niños justo los juguetes que les impidan estar frustrados, pero no tantos como para que queden saturados puede ser una alternativa; así como aprovechar estas fechas para comprarles cosas que necesitan, a la vez que también, algunas otras por las que tienen ilusión, pero no más de lo necesario. Los psicólogos expertos en este área aseguran que cuantos más juguetes tengan los niños, menos jugarán con ellos, a la vez que menos ilusión tendrán por los mismos, pues se produce un fenómeno de saturación importante.

Así mismo, indican que es esencial enseñar a los niños que todos somos diferentes, y que no pasa nada porque ellos no tengan ciertos juguetes que otros sí tienen: también ellos pueden tener algo que no tengan los demás.

En cuanto a la soledad, nos encontramos que cada persona tiene una idea de soledad y que esa idea depende, a menudo, de cómo son nuestras vidas. En general, hay cierto acuerdo en considerar que la soledad tiene dos dimensiones: una dimensión objetiva, física o real que nos habla de la certeza de la soledad de una persona, de la ausencia de relaciones y del aislamiento, de estar solo o sola; y otra de carácter subjetivo, psicológica o percibida, que tiene en cuenta la vivencia que tienen las personas de sus relaciones y su situación social. Es la que nos habla de sentirse solo o sola.

En las navidades, se hace presente la idea de familia, reunión, de alegría. Cuando algo es tan patente para todas las personas y nosotros no cumplimos con ello se nos amplifica la percepción, en este caso de soledad. Los medios de comunicación y la publicidad hacen, además, un esfuerzo evidente por intensificar los supuestos aspectos centrales de las fiestas. Distanciarse de esa idea, comprender que no hay una sola Navidad, sino muchas formas de vivirla, es importante para reducir los sentimientos de tristeza que produce la sensación de soledad. Entender también que a veces es más la fantasía que nosotros tenemos acerca de cómo los demás están disfrutando que lo que realmente está ocurriendo, sirve para reducir la distancia entre lo que tenemos y creemos que deberíamos tener o deseamos tener en estas fechas.

Hay muchas formas de transitar estas fechas, tantas como personas existen, y no debemos dejarnos llevar por los modelos que se nos ofrecen como únicos e indispensables. Escuchar lo que verdaderamente necesitamos en cada momento, sin dejarnos llevar por las expectativas externas, puede encaminarnos a sobrevivir las fechas navideñas.