La pandemia ha alterado negativamente la salud mental de la población española, que ha abandonado los hábitos de conducta saludables. Así lo concluye el estudio titulado Las consecuencias psicológicas de la COVID-19 y el confinamiento, elaborado por un equipo de investigadores de diversas universidades españolas, como la Universidad del País Vasco, la Universidad de Murcia, la Universidad Miguel Hernández, la Universidad de Granada y la UNED.

La investigación, elaborada con la finalidad de evaluar el impacto psicológico asociado a la pandemia por COVID-19 y al confinamiento en la población española, se ha compuesto de dos estudios. El primero de ellos, de carácter cualitativo, ha implicado la aplicación y análisis de 40 encuestas realizadas a personas de la población española y ha servido de base para la elaboración de un cuestionario de evaluación a aplicar a gran escala. En el segundo estudio, de carácter cuantitativo, se aplicó dicho cuestionario a una muestra representativa de 6.789 españoles (51% hombres).

 

Fuente: www.pexels.com Artista:
Engin Akyurt Fecha descarga: 03/03/2021

La mayoría de la muestra final (53%) tenía una edad entre 35 y 60 años y estaba casada (50,3%). Asimismo, el 68% de los participantes se consideró perteneciente a un grupo de riesgo frente a la COVID-19 y un porcentaje similar (62%) convivía con personas pertenecientes a estos grupos de riesgo. En relación con la infección por COVID-19, el 13,8% afirmó haber tenido síntomas compatibles con la infección, pero no haberse hecho un test diagnóstico, mientras que un 0,6% señaló haber dado positivo en COVID-19, pero no haber requerido hospitalización y un 0,2% haber sido hospitalizado por este motivo.

Los resultados del estudio muestran que la pandemia por COVID-19 ha aumentado el malestar psicológico de la población española. En concreto, los datos evidencian que el porcentaje de personas con sentimientos de incertidumbre, preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave o por perder a los seres queridos se ha visto en aumento.

Asimismo, la pandemia y confinamiento han provocado una mayor visión negativa del futuro y han aumentado los sentimientos de desesperanza y la sensación de soledad entre la población española, sobre todo, en las personas que con síntomas de COVID-19 o con diagnóstico de COVID-19, así como en aquellos que viven solos, las mujeres y las personas más jóvenes, con mejor nivel socioeconómico o una situación laboral más precaria. Las personas encuestadas manifestaron también sentirse más irritables y presentar más ira y más cambios de humor que antes de la pandemia, siendo este último síntoma más presente en mujeres y en los grupos de edad más jóvenes.

Alternativamente, los sentimientos de optimismo y confianza se han visto reducidos (especialmente en el grupo de mujeres, en las personas que han sufrido un empeoramiento de su situación laboral o en las que han experimentado síntomas o diagnóstico de COVID-19), así como los sentimientos de vitalidad y energía.

En relación con la salud física, la muestra del estudio informó de una mayor prevalencia de problemas físicos o un agravamiento de síntomas ya existentes, sobre todo, el grupo de mujeres, las personas que viven solas y los más jóvenes.

Más allá, los hábitos saludables también se han visto alterados durante el confinamiento, registrándose, según los datos aportados por los participantes, un aumento del uso de redes sociales, de la televisión, de videojuegos entre los más jóvenes, peores hábitos de alimentación y reducción del ejercicio físico.

Teniendo en cuenta los resultados del estudio, los autores proponen una serie de recomendaciones a nivel individual para reducir el impacto psicológico negativo de la situación de pandemia actual, tales como dosificar la información sobre el COVID-19, evitando la sobreexposición a noticias asociadas y mejorando la consulta de fuentes de información fiables, aceptar las reacciones emocionales que se generan en situaciones de incertidumbre como la que estamos viviendo, potenciar el contacto social y las redes sociales a través del uso de videollamadas si no es posible otra vía, implicarnos en actividades de ayuda a otros o comunitarias, que permitan reducir el aislamiento de personas que viven solas, instaurar una serie de rutinas diarias y mantenerse activos mental y físicamente. Asimismo, la práctica de actividades de relajación puede ser de gran ayuda para la regulación emocional, así como el establecimiento de objetivos y cumplimiento de tareas pendientes. Otras cuestiones, como el autocuidado y la promoción de hábitos saludables deben tenerse presentes para no agravar los problemas de salud física durante este periodo.

Por otro lado, los autores alertan del aumento de problemas de salud mental a corto y a largo plazo entre la población española e instan a los responsables de las medidas de respuesta frente a la COVID-19 a implementar acciones preventivas en esta dirección, tales como:

  • Elaborar planes integrales de actuación.
  • Realizar campañas informativas dirigidas al conjunto de la población, destinadas a enseñar a identificar señales que puedan indicar la necesidad de ayuda psicológica profesional.
  • Llevar a cabo estudios de seguimiento de casos de riesgo que proporcionen información sobre la evolución temporal del malestar emocional y de los síntomas específicos.
  • Implementar acciones preventivas del agravamiento psicológico, a través de programas de prevención secundaria y terciaria, dirigidos a población que presenta indicadores de un deterioro psicológico.
  • Integrar los servicios y recursos del sistema sanitario especializado en salud mental junto a equipos de los centros de investigación.
  • Aumentar el personal para la atención psicológica cualificada en lugares críticos donde se prevé que exista en el futuro próximo mayor necesidad de apoyo psicológico: centros geriátricos, unidades de cuidados intensivos, centros de atención primaria, y centros escolares, entre otros.

Se puede acceder al informe en el siguiente enlace:

Las consecuencias psicológicas de la COVID-19 y el confinamiento

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