Rosa J. Molero, Mª José Moral, Paz Albiñana, Yolanda Sabater y Rocío Sospedra

Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia (E.M.A.F.I., Coop V)

El acogimiento en familia extensa es un recurso de protección del menor que desde mediados de los noventa ha crecido sustancialmente en España, y que a partir de 1998, junto al acogimiento en familia ajena, supera en número al acogimiento residencial.

A pesar de su importancia como medida en el sistema de protección, el acogimiento en familia extensa suele ser el que menos atención y recursos recibe por parte de las políticas de servicios sociales. La concepción de "los lazos de sangre como suficiente garantía" ha sido argumento sostenido para considerar que los menores en este tipo de recurso tenían cubiertas todas sus necesidades. Sin embargo, la investigación fuera y dentro de nuestro país, nos muestra que esto no es así y que la problemática en este tipo de acogimientos es un hecho, que todos los profesionales de servicios sociales conocen.

 

El perfil de las familias acogedoras nos señala una serie de debilidades del propio recurso a tener en cuenta, ya que éstas suelen estar formadas por los abuelos, sobre todo abuelas, de unos 60 años de edad, pensionistas con bajos ingresos, que acogen durante largos periodos de tiempo a menores de una media de edad de 11 años, con problemas de adaptación y bajo rendimiento escolar, y donde las relaciones entre padres biológicos, con problemáticas relacionadas generalmente con drogodependecias, y familia acogedora no suele ser fluida.

Todo ello, se traduce en una sobrecarga familiar que afecta directamente a los acogedores, existiendo una relación positiva entre la tensión y el estrés derivados del acogimiento y la manifestación de afectación emocional como depresión y ansiedad.

Además, se suma que el acogimiento en familia extensa no suele tener el mismo tipo de apoyos profesionales ni económicos, como por ejemplo el acogimiento en familia ajena.

El estudio que hemos llevado a cabo, pretendía conocer y analizar la situación del recurso en la ciudad de Valencia, para lo que realizamos una investigación descriptiva que comprendía un amplio espectro de variables, desde el perfil sociodemográfico de los acogedores y acogidos, estructura y dinámica familiar, habilidades de los acogedores, situación de los padres biológicos, características del propio acogimiento y ámbito escolar, hasta la visión de los profesionales relacionados con el acogimiento.

La muestra fue la población total de familias acogedoras y menores acogidos, registrados en los centros municipales de servicios sociales del municipio de Valencia a fecha de mayo de 2002 (343 familias y 444 niños acogidos de edades de entre 0 y 17 años).

En general, nuestro estudio coincidía tanto con los trabajos de otros países como con los realizados en el nuestro: acogedores abuelos (fundamentalmente abuelas) de los menores, de alrededor de 60 años de edad, jubilados, con pocos recursos económicos y de vivienda, con un nivel de estudio bajo, con problemas de salud propios de la edad, con estilos educativos poco adecuados y con una sobrevaloración de sus propias características, así como de la situación del menor, es decir, con un ajuste equivocado en sus expectativas. Las ayudas que reciben son, en su mayoría, de tipo económico y en un 10% de tipo de apoyo técnico (orientación psicológica…).

Por otra parte, los menores acogidos son, mayoritariamente, preadolescentes o adolescentes en acogimientos de larga duración, cuya relación con sus padres, cuando existe, resulta muy inestable. En el ámbito escolar son menores de rendimiento escolar bajo, con un 10% de absentismo escolar y que suelen presentar problemas de desadaptación personal.

Por todo ello, podemos considerar que siendo el acogimiento en familia extensa el recurso de protección más natural, utilizado desde la propia existencia de los colectivos humanos (ya que no produce desarraigo), priorizado por las legislaciones y que da respuesta a los niños de manera más permanente y estable, con mayores posibilidades de contacto tanto con padres como con hermanos, en la realidad encontramos asociado al mismo, una problemática que debería ser tenida en cuenta.

En un principio, consideramos que para la elección de este recurso no sólo debe tenerse en cuenta la consanguinidad, disponibilidad y buena voluntad de los familiares, ya que analizandolo observamos que existen dificultades que en nada favorecen el bienestar tanto de los acogedores como de los acogidos.

Además de un proceso de selección que optimice y asegure este entorno como protector para el menor, el apoyo al recurso del acogimiento en familia extensa debe abarcar los procesos de formación y seguimiento por parte de profesionales expertos.

Primero, hay que asegurar la existencia o la ayuda de recursos básicos y económicos. En segundo lugar, es esencial la formación para ayudar a elaborar una decisión responsable y sin presiones sociales o familiares, explorar las motivaciones, ajustar expectativas, así como adquirir las habilidades que les permitan afrontar la educación de los niños, los procesos de adaptación, la gestión de relaciones entre los diferentes miembros de la familia, y para la resolución de conflictos.

En tercer lugar, asegurar recursos de seguimiento y atención psicosocial para prevenir o, en su caso, paliar las situaciones de crisis y para ayudar a los menores a asumir su situación; así como una atención a los progenitores bien para que se produzca el retorno, bien para que no vivan el acogimiento como una amenaza. Es fundamental también optimizar las relaciones entre las partes en las visitas de los menores con sus progenitores, y finalmente elaborar un plan de trabajo o intervención dónde se trabaje en el retorno y por la reunificación familiar o, por el contrario, para que los implicados lo asuman, sin que ello suponga la desconexión del menor con sus progenitores.

Es imperativo que los profesionales de los servicios sociales dispongan de la formación adecuada, tanto para la valoración de la idoneidad de la familia, a través de indicadores consensuados, como para poder ayudar a las familias en los procesos de adaptación y a lo largo del desarrollo del acogimiento.

El artículo original en que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Anales de Psicología: Molero, R.J., Moral, M.J., Albiñana, P., Sabater, Y. y Sospedra, R. (2007). Situación de los acogimientos en familia extensa en la ciudad de Valencia. Anales de Psicología, 23, 2, 193-200.

Sobre las autoras

Rosa J. Molero es Doctora en Psicología, terapeuta familiar y mediadora. Así mismo es profesora asociada de la Universidad de Valencia y componente del Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia.

Mª José Moral es Psicóloga, terapeuta familiar y mediadora. Trabaja en el Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia.

Paz Albiñana es Doctora en Psicología, terapeuta familiar y componente del Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia.

Yolanda Sabater es trabajadora social y mediadora en el Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia.

Rocío Sospedra es trabajadora social y mediadora en el Equipo Multidisciplinar de Atención a la Familia e Infancia.

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