“El dolor crónico impacta negativamente tanto en la funcionalidad como en la dimensión emocional y calidad de vida de la persona que lo padece y sus familias o personas cuidadoras, además de generar insatisfacción respecto al tratamiento recibido para paliarlo. En este sentido, resulta imprescindible la incorporación de la figura del psicólogo/a en los equipos de abordaje multidisciplinar del dolor crónico y el fomento de la derivación a este/a profesional con el fin de reducir el impacto en las diversas dimensiones de la vida diaria en el mayor grado posible”.

Así lo afirma un informe publicado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), cuyo objetivo es el de definir un modelo de atención centrada en la persona (ACP) desde la perspectiva de los pacientes con enfermedad y dolor crónicos, con la finalidad de que sea tenido en cuenta en la toma de decisiones de planificadores y gestores públicos.

Tal y como señala la Plataforma de Organizaciones de Pacientes en su documento, son varios los organismos a nivel internacional -entre ellos la OMS-, los que han instado a los países a incluir el abordaje del dolor entre sus prioridades políticas, en aras de que su población reciba un tratamiento de calidad adecuado.

Foto: Karolina Grabowska Fuente: xxx Fecha descarga: 30/09/2021

En España, concretamente, el dolor crónico afecta aproximadamente a 7 millones de personas mayores de 16 años de las que un 11% tendría dolor crónico discapacitante y un 6% padecería dolor crónico no discapacitante. De hecho, el 19% de las personas entre 15 y 24 años y el 30% de entre 25 y 64 años sufren la interferencia del dolor en su vida diaria. A este respecto, la POP considera prioritario el abordaje del dolor crónico en nuestro país “debido al considerable volumen de población que se encuentra afectada y al impacto que genera en la calidad de vida de quienes lo sufren”.

El informe advierte del impacto psicológico y social del dolor crónico en las personas que lo padecen, señalando que la propia experiencia física del dolor y la pérdida de funcionalidad que en ocasiones conlleva, “contribuyen a la pérdida progresiva de la calidad de vida en forma de deterioro de las relaciones sociales y familiares, impacto en las esferas laboral y educativa y en la autonomía personal, principalmente”.

Según la experiencia de las organizaciones de pacientes, el impacto global en la calidad de vida “representa en sí mismo un tipo de dolor que puede desencadenar un sufrimiento emocional incluso mayor que la experiencia del dolor, que varía en función de la situación de la persona que lo experimenta”. Así, de acuerdo con los datos, el 74% de las personas con dolor crónico en España manifiestan que se encuentran entre moderadamente y muy ansiosas o deprimidas como consecuencia de este.

El documento subraya también la insatisfacción de las personas con dolor crónico con respecto al manejo de su enfermedad o dolor, debido en parte, a la percepción de una falta de reconocimiento del dolor crónico entre sus profesionales de referencia.

Teniendo en cuenta el impacto negativo del dolor crónico, tanto en la funcionalidad como en la dimensión emocional y calidad de vida de la persona que lo padece y sus familias o personas cuidadoras, además la insatisfacción con respecto al tratamiento recibido para paliarlo, la Plataforma considera imprescindible la incorporación de la figura del/de la psicólogo/a en los equipos de abordaje multidisciplinar del dolor crónico y el fomento de la derivación a este/a profesional, de cara a reducir el impacto en las diversas dimensiones de la vida diaria en el mayor grado posible. En la misma línea, plantea la conveniencia de implicar en el tratamiento psicológico a la familia de las personas con dolor y de desarrollar campañas de visibilización del dolor crónico.

El dolor constituye uno de los principales motivos de consulta médica y representa un problema de salud pública debido a su impacto socioeconómico (se estima que el coste total (directo e indirecto) que genera el dolor crónico en nuestro país es de 16.000 millones de € anuales (el 2,5% del PIB)). Sin embargo, pese a  la magnitud del problema y el interés profesional, científico y social que supone la atención y el tratamiento de la persona con dolor crónico, se considera que hoy en día, este problema está infravalorado o inadecuadamente tratado.

Todo lo anterior, junto con el aumento de la esperanza de vida, pone de manifiesto la trascendencia de transformar el actual modelo a través de un proceso de humanización de la asistencia sanitaria, que contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas con dolor crónico en España, planteándose el reenfoque el modelo tradicional basado en la interacción paciente-profesional hacia modelos de atención centrados en el paciente (ACP).

Estos modelos reconocen el papel central de la persona usuaria en su atención, proponiendo estrategias para que sea ella misma quien realmente ejerza el control sobre los asuntos que le afectan, participando activamente en una toma de decisiones compartida con el/la profesional y prevaleciendo sus preferencias por encima de los criterios técnicos y organizativos. Los familiares y cuidadores/as informales son aquí agentes claves, en aquellos casos en que se precisan sus cuidados y ayuda.

En España, aún está limitada la presencia de la perspectiva de la ACP, “dado que los recursos continúan orientándose desde los modelos asistenciales tradicionales que priorizan los cuidados sanitarios frente a los cuidados integrales”. Actualmente solo el 36% de las personas que padecen dolor crónico en España son tratadas de esta condición por su médico/a de AP.

Con el propósito de materializar este modelo de atención centrada en el paciente, la Plataforma propone en su informe crear una Estrategia nacional común para la mejora del abordaje del dolor crónico y dotar la estructura organizativa e infraestructura que garantice su despliegue, presentando una serie de propuestas de acción para hacer posible la trasformación del modelo actual de atención al dolor crónico en nuestro país hacia este  modelo, que debería responder a una serie de características, entre ellas las siguientes:

  • Estar formado por un equipo multidisciplinar compuesto por profesionales de diferentes servicios asistenciales que cuenten con capacitación certificada en manejo del dolor complejo (psicólogo, anestesiólogo/a, médico/a rehabilitador/a o fisioterapeuta, etc.) y liderado por la figura del coordinador/a clínico.

  • Contar con una cartera de servicios definida, pública y común en todas las CC.AA. y regiones/zonas sanitarias. La acreditación de las unidades de dolor facilitaría la homogeneidad de servicios y calidad de la atención.

  • Incorporar los servicios de rehabilitación (fisioterapia, terapia ocupacional…) en la cartera de servicios del SNS para el manejo del dolor de forma continuada. En este punto, las organizaciones de pacientes que representan a personas que viven con dolor crónico resaltan el papel clave de la terapia física y el tratamiento psicológico.

Se puede acceder al informe directamente a través del siguiente enlace:

Modelo de atención centrada en la persona con enfermedad y dolor crónicos 

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