¿Sabías que el deterioro cognitivo no es irreversible? Una revisión reciente publicada en el APA Monitor, revista de la American Psychological Association (APA), recoge las formas en que las personas pueden proteger su cerebro del paso de los años.

Un amplio cuerpo de investigaciones sugiere que se puede prevenir el deterioro cognitivo producido por el envejecimiento a través del aprendizaje a lo largo de la vida y de la realización de ejercicio físico moderado.

Un estudio de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), dirigido por los investigadores Willis y Schaie, ha evaluado el rendimiento cognitivo de una muestra de adultos saludables a lo largo del tiempo. Sus resultados muestran que, si bien la mayoría de los adultos presentaron un rendimiento cognitivo estable, entre un 10-15% de los participantes obtuvieron, por el contrario, mejoras significativas en su rendimiento cognitivo a partir de los 50 años.

En esta investigación se ha analizado también el tamaño de la masa cerebral observando diferencias entre ambos grupos de individuos al alcanzar la vejez, en concreto, los individuos que mostraron un deterioro cognitivo temprano presentaron una disminución de su tamaño cerebral. Tener control

Mientras tanto, un estudio dirigido por Lachman de la Universidad de Brandeis (Massachussets, EEUU), ha demostrado que el deterioro en la memoria y otras capacidades cognitivas no es inevitable o irreversible y que hay un rango de variación en la magnitud de los patrones de cambio. Su estudio, basado en resultados de una amplia muestra de personas de mediana edad, sugiere que aquéllos que creen que tienen un gran control sobre sus vidas y sobre sus funciones físicas y mentales son más propensos a sentirse felices y a ser más saludables. Este sentimiento de control está relacionado con una mejora en memoria y rendimiento intelectual- especialmente en adultos mayores.Pero, ¿cómo puede el locus de control afectar al deterioro cognitivo? Según este equipo de investigación, los adultos mayores que experimentan pérdidas de memoria o deterioro físico pueden creer que ya no tienen control sobre estos procesos. Este sentimiento de pérdida de control va acompañado, a menudo, de estrés y ansiedad, lo que interfiere con su rendimiento y les dificulta para buscar y usar estrategias alternativas que puedan ayudarles a compensar estas pérdidas.

En este línea, la evidencia existente sobre los factores protectores frente al envejecimiento muestra una clara relación entre un mayor rendimiento cognitivo y un alto nivel educativo y actividad física. Las personas con un nivel educativo superior son más propensas a usar estrategias alternativas para compensar el deterioro. Por otro lado, algunas investigaciones previas con animales han mostrado que el ejercicio físico puede producir nuevas conexiones neuronales. Un estudio de 2007 publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (Vol. 104, No. 13) ha encontrado que el ejercicio estimula las conexiones neuronales en una región del cerebro dentro del hipocampo – conocida como giro dentado- que es la responsable de el deterioro en la memoria que se produce con el envejecimiento. Así mismo, estudios preliminares sugieren que las personas con un bajo nivel educativo pueden ser capaces de mejorar su funcionamiento cognitivo a través del ejercicio físico y a través de la participación en actividades de estimulación mental.

Reserva cognitiva

Otro estudio de la Universidad de Columbia también proporciona más evidencias sobre la forma en que el nivel educativo protege al cerebro. Según Yaakov Stern, las personas con altos niveles de Cociente Intelectual, mayor nivel educativo, que participan en actividades que implican destrezas mentales complejas o en actividades de ocio, tienen un riesgo menor de desarrollar Alzheimer. En una revisión del 2006 en Alzheimer's Disease and Related Disorders (Vol. 20, No. 2), Sterns sugiere que estos factores pueden proporcionar una cantidad de "reserva" cognitiva, entendida como la capacidad de adaptarse al daño cerebral mediante el uso de mecanismos de afrontamiento que trabajen sobre el deterioro o, incluso, implicando a distintas áreas del cerebro para realizar las funciones que solían asociarse a las áreas cerebrales dañadas.

Dicha reserva cognitiva puede provenir de una diferencia en el tamaño cerebral o en el número de neuronas, aportando una capacidad extra al individuo para soportar un mayor nivel de daño cerebral antes de comenzar a mostrar signos de Alzheimer u otras formas de demencia.

Las actividades de estimulación mental y el ejercicio físico pueden también producir nuevas neuronas, anota Stern. Existen evidencias que sugieren que involucrarse en estas actividades puede prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Artículo adaptado del APA Monitor que puede encontrarse pinchando aquí.

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