Una de cada 100 muertes ocurridas durante el año 2019 fue por suicidio, lo que implica 700.000 fallecimientos y sitúa al suicidio como una de las principales causas de fallecimiento en el mundo. La cifra de fallecimientos por suicidio supera a la de muertes por VIH, paludismo, cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios, de forma que la Organización Mundial de la Salud (OMS) está impulsando acciones para concienciar a los líderes mundiales para situar la prevención del suicidio como una línea estratégica de acción.

La OMS es clara y tajante: el mundo no está en vías de alcanzar la meta establecida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de reducir la mortalidad por suicido a un tercio para el año 2030. Por este motivo, y para acelerar la adopción de medidas eficaces en esta dirección, la OMS acaba de publicar una guía con el título Vive la vida: una guía de implementación de prevención del suicidio en los países (Live fife: an implementation guide for suicide prevention in countries).

 

 

En la guía, la OMS aboga por que los países adopten medidas para prevenir el suicidio, idealmente mediante una estrategia nacional integral de prevención del suicidio. No obstante, “la guía es para todos los países tengan o no una estrategia nacional de prevención del suicidio en la actualidad”, advierten los autores.

El documento se divide en dos bloques. El primero establece los pilares fundamentales en los que se fundamenta la propuesta de prevención del suicidio impulsada por la OMS. El segundo, señala las intervenciones eficaces que constituyen la clave para reducir la incidencia del suicidio en los países y prevenir este grave problema.

En relación con los pilares principales señalados en la guía, se incluyen los siguientes: análisis de la situación, colaboración multisectorial, sensibilización y promoción, creación de capacidades, financiación y vigilancia, seguimiento y evaluación. Estos pilares son analizados planteando las preguntas básicas "¿Qué?", "¿Por qué?", "¿Dónde?", "¿Cuándo?", "¿Quién?" y "¿Cómo?", estableciéndose los elementos que se deben incluir en cada uno de ellos para su adecuada implementación, junto con una serie de recomendaciones.

De esta manera, el análisis de la situación acerca del problema del suicidio constituye una pieza angular sobre la que articular las acciones preventivas, en la medida en que proporciona los antecedentes y el perfil actual del suicidio y servir de punto de referencia para evaluar los progresos o la eficacia de las intervenciones implementadas. Según indican los expertos, el análisis puede llevarse a cabo a nivel nacional, regional o local, y debe ser realizado al comienzo de las actividades de prevención del suicidio por un grupo de trabajo dedicado a ello, compuesto por especialistas, partes interesadas y personas afectadas. Este grupo de trabajo sería el encargado de recopilar datos (como las tasas de suicidio y autolesiones, los métodos utilizados, los factores precipitantes o de protección, los servicios y los recursos disponibles a nivel local, regional o nacional), realizar el análisis de la situación, elaborar un informe y trasladarlo a los responsables de la toma de decisiones, los responsables políticos para movilizar la implementación de recursos o estrategias de acción.

Asimismo, en la prevención del suicidio es fundamental establecer una colaboración multisectorial, ya que el suicidio es un fenómeno complejo, multicausal y relacionado con muchas esferas de la vida de la persona. De esta forma, se precisa un enfoque integral que abarque todos los sectores (sanitario, laboral, educativo, financiero…) a través de una estrategia nacional que incluya a los diferentes ministerios y asociaciones no gubernamentales. “El suicidio no es únicamente un problema de salud”, recuerda la guía.

La OMS también señala la necesidad de mejorar las estrategias de sensibilización de la población y de promoción de la salud. Estas campañas de comunicación deben de estar dirigidas a públicos específicos y establecer claramente cuál es el mensaje que se desea transmitir a la población, adaptarlo al público al que va dirigido, seleccionar los medios de comunicación por los que se va a transmitir y comprobar previamente la aceptabilidad y el impacto potencial del mensaje. Además, tal y como recomienda la OMS, estas campañas deben tener un enfoque claro y estar orientadas a la acción, como, por ejemplo, indicar las vías para poner en contacto a las personas en riesgo con los servicios de apoyo en lugar de abordar el suicidio en general.

Además de estos pilares, la OMS subraya la importancia de desarrollar una comunidad de personas competentes en la identificación y manejo de las personas con ideación suicida. Para ello, es necesario que la formación y la capacitación sobre el suicidio y su prevención sea accesible tanto a los trabajadores sanitarios, como al personal de los servicios de emergencia, a los profesores y a los educadores, y a otros agentes que están en contacto directo con una gran parte de los miembros de su comunidad.

Uno de los principales obstáculos que identifica la OMS en el ámbito de la prevención del suicidio es la escasez de financiación de los países hacia este tipo de medidas y la falta de concienciación de los líderes y responsables políticos de que el suicidio se puede prevenir y evitar. Por tanto, para lograr objetivos en esta dirección es necesario que se destinen los fondos adecuados.

Además, el último pilar en la prevención del suicidio debe enfocarse en la evaluación y seguimiento de los datos sobre suicidio y autolesiones, a través de registros nacionales de calidad y representativos del país. Esta información es crucial para orientar las siguientes acciones en materia de prevención, mejorar las estrategias llevadas a cabo y evaluar su impacto.

La segunda parte de la guía de la OMS está dedicada a la descripción de las intervenciones eficaces en prevención del suicidio. Tras la revisión de la literatura existente, la OMS señala las siguientes intervenciones como buenas prácticas a implementar:

  • Limitar el acceso a los medios para cometer suicidio. Dependiendo del país, esto puede significar la prohibición de la venta de pesticidas altamente peligrosos, la restricción de las armas de fuego, la instalación de barreras en los "lugares de salto", la limitación del acceso a los puntos de peligro o la adopción de otras medidas para dificultar el acceso a los métodos de suicidio. La mayoría de las personas que tienen un comportamiento suicida experimentan una ambivalencia sobre la vida o la muerte, y muchos suicidios son una respuesta a factores de estrés agudos, de forma que, según la OMS, hacer que los medios letales de suicidio sean menos accesibles, proporciona tiempo para que se superen las crisis agudas en las personas en riesgo.
  • Interactuar con los medios de comunicación para que informen de forma responsable sobre el suicidio.  Los medios de comunicación tienen un papel protagonista en la medida en que se ha comprobado que las noticias sobre suicidio pueden incitar al mismo a personas en riesgo por imitación, especialmente si la noticias es sobre una persona famosa o se describe el método de suicidio. A este respecto, la guía aconseja vigilar la información sobre el suicidio y propone ofrecer ejemplos de personas destacadas que compartan sus historias de recuperación exitosa de problemas de salud mental o de superación de pensamientos suicidas. También propone trabajar con las empresas de redes sociales para aumentar su concienciación y mejorar sus protocolos de identificación y eliminación de contenidos perjudiciales.
  • Fomentar las habilidades socioemocionales para la vida en los adolescentes. En lugar de centrarse explícitamente en el suicidio, los programas que funcionan son aquellos que adoptan un enfoque positivo de adquisición de competencias socioemocionales en jóvenes entre 10 y 19 años, al ser el periodo crítico en el que suelen comenzar los problemas de salud mental.  Asimismo, la guía de la OMS, señala otras intervenciones eficaces como la formación del personal educativo en identificación de alumnos en riesgo, las iniciativas para garantizar un entorno escolar seguro (como los programas contra el acoso escolar), el refuerzo de los vínculos con los servicios de apoyo, la mejora de la legislación y el desarrollo de protocolos claros para el personal cuando se identifique el riesgo de suicidio, así como mejorar la concienciación de los padres sobre la salud mental y los factores de riesgo en sus hijos. “Hay que recordar a los profesores o cuidadores que hablar del suicidio con los jóvenes no aumentará el riesgo de suicidio, sino que los jóvenes se sentirán más capacitados para acudir a ellos en busca de apoyo cuando lo necesiten”, recuerda la OMS.
  • Identificar, evaluar, gestionar y hacer un seguimiento temprano de cualquier persona afectada por comportamientos suicidas. Este tipo de intervenciones están dirigidas a garantizar que las personas que corren riesgo de suicidio, o que han intentado suicidarse, reciban el apoyo y la atención que necesitan. La tarea de vigilancia no sólo debe establecerse por parte del personal sanitario, sino por cualquier persona del entorno cercano, por lo que una adecuada psicoeducación de estas personas puede tener un gran impacto. Más allá y tal y como señala la guía, los sistemas sanitarios deben incorporar la prevención del suicidio como un componente básico para intervenir de forma temprana cuando se detecta que las personas están en riesgo de suicidio. Además, debe ofrecerse apoyo a las personas que han intentado suicidarse y a los familiares de las personas que han perdido la vida por este motivo.

Dado que la prevención del suicidio no suele ser una prioridad de la sanidad pública, la guía recomienda abogar por la prevención del suicidio ante los responsables políticos, sensibilizar a la comunidad y destinar esfuerzos para evaluar la eficacia de las intervenciones y su relación coste-beneficio de manera que se pueda justificar la financiación de este tipo de medidas.

La guía está disponible en el siguiente enlace:

Live fife: an implementation guide for suicide prevention in countries

 

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