La cafeína se ha convertido en un elemento habitual de nuestra alimentación: se encuentra en las bebidas refrescantes, en el café... etc. Sin embargo, raramente nos paramos a pensar que se trata de una droga que altera el estado de ánimo.

El aumento de la ingesta de bebidas cafeinadas se ha visto acompañado al mismo tiempo de una proliferación de estudios psicológicos sobre los efectos de esta sustancia. Según muestra una revisión de Monitor on Psychology, revista de la American Psychological Association (APA), los estudios recientes se han centrado en el análisis de los efectos de expectativa de resultado, mostrando que tras la ingesta de una sustancia placebo las personas manifiestan síntomas asociados a la cafeína.

En concreto, en un estudio realizado en la Universidad de Washington (EEUU), se invitó a los participantes a tomar una taza de café por la mañana indicándoles la prohibición de comer o beber otros alimentos con cafeína hasta la conclusión del experimento. Los investigadores separaron a los participantes en 4 grupos:

  • Grupo 1: personas a las que se les indicó que iban a tomar café y, de hecho, así lo recibieron.

  • Grupo 2: personas a las que se les informó que recibirían café, pero se les administró placebo (café descafeinado).

  • Grupo 3: personas a las que se les dijo que recibirían café descafeinado, pero a las que se les dio café con cafeína.

  • Grupo 4: personas a las que se les indicó que tomarían café descafeinado y así lo recibieron.

Transcurridos 45 minutos tras la ingesta de la bebida, los participantes completaron un cuestionario sobre la presencia de síntomas de abstinencia de cafeína como dolor de cabeza, fatiga, disminución de la alerta, irritabilidad, etc. Al finalizar el día, de nuevo, los participantes volvieron a completar dicho cuestionario.

Sorprendentemente, las personas que pensaban que no habían consumido cafeína a pesar de que sí lo habían hecho (Grupo 3), mostraron las puntuaciones más altas en síntomas de abstinencia, incluso por encima de las personas que no tomaron bebida cafeinada (Grupo 4), lo que pone de manifiesto que el hecho de creer que no se ha tomado cafeína puede provocar sensaciones similares a los síntomas de abstinencia a la misma (dolor de cabeza, etc.).

No obstante, estos resultados no se mantuvieron en el tiempo. Al finalizar el día, los participantes a los que se les indicó que tomarían una bebida descafeinada pero a los que se les suministró café normal (Grupo 3) mostraron congruentemente niveles más bajos en los síntomas de abstinencia, al igual que los participantes del Grupo 1 (personas a las que se les indicó que tomarían café y así lo hicieron).

Otros investigadores de la Universidad de Siracusa (EEUU) evaluaron si la expectativa de tomar cafeína producía también el mismo efecto estimulante que el tomarla realmente.

En este caso los participantes, que fueron divididos en los mismos grupos que el estudio anterior, realizaron una prueba de atención sostenida. Los resultados mostraron que tal y como se esperaba las personas que habían ingerido cafeína mostraron mejores resultados que las que no, independientemente de si pensaban que habían recibido una bebida cafeinada o descafeinada. Sin embargo, a los participantes a los que se les indicó que recibirían cafeína pero que, en realidad, se les suministró placebo (Grupo 2) informaron que sentían los efectos beneficiosos de la cafeína, y se percibieron a sí mismos como más atentos durante la ejecución de la tarea (a pesar de que las puntuaciones en la tarea de atención fueron más bajas).

Estos resultados son similares a otros estudios en los que se ha analizado la respuesta a la ingesta de alcohol. A los individuos a los que se les informaba de que iban a recibir una gran cantidad de alcohol pero a los que se administró una bebida placebo mostraron síntomas de consumo de alcohol a nivel conductual (mareo, etc.), pero no mostraron sus efectos a nivel cognitivo.

 

Por último, un tercer estudio realizado por la Universidad de Xi’an (China) ha analizado los efectos del consumo de cafeína y de placebo sobre la deprivación de sueño. Sus resultados muestran que una dosis inicial de cafeína seguida de la ingesta de placebo favorece el mantenimiento del rendimiento cognitivo a lo largo de 28 horas de deprivación de sueño.

Según el estudio, parece que el placebo seguido de la ingesta de café, es capaz de prolongar los efectos estimulantes de la cafeína a nivel cognitivo sin dar lugar a la manifestación de síntomas negativos asociados a la misma como son el aumento de la presión sanguínea y la aceleración cardíaca.

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