Rosario Ortega 1, Javier Ortega-Rivera2 y Virginia Sánchez2
(1) Universidad de Córdoba y (2) Universidad de Sevilla

Los estudios realizados sobre violencia escolar y bullying en España, y en el resto de países europeos, han confirmado que a lo largo de la adolescencia se produce un descenso en la implicación directa en este tipo de comportamientos violentos entre iguales (Ortega y Mora-Merchán, 2000). Sin embargo, tanto a nivel popular (creencias sociales) como a nivel científico, el análisis de la adolescencia como etapa evolutiva, y de forma más específica, en relación al estudio de los cambios que se producen tanto desde un punto de vista físico como psicológico y social (especialmente en las relaciones interpersonales), ha favorecido un cierto giro en la mirada con la que muchos psicólogos y psicólogas estaban abordando el análisis de los fenómenos de violencia durante los años de la adolescencia. Dicho giro, podría llevarnos a una más precisa exploración científica y consecuentemente a una mejor comprensión de dichos fenómenos.

Como es sabido, los cambios físicos que acompañan al adolescente conllevan una transformación cualitativa tanto en sus procesos identitarios como en sus relaciones sociales, pues en éstas aparece un nuevo componente que poco a poco adquirirá mayor importancia: la atracción sexual y el consiguiente desplegar del mundo erótico-sentimental. Así, los grupos de adolescentes que hasta ahora estaban formados de forma mayoritaria por chicos o chicas comienzan a mezclarse, a veces sólo en algunos contextos (como el instituto o el barrio), o para determinadas actividades, configurando las pandillas mixtas. En estas pandillas, que suelen ser bastante numerosas, los adolescentes comienzan a desplegar conductas de cortejo e interés por otros chicos y chicas, iniciándose así las primeras relaciones sentimentales hetero u homosexuales.

 

Los estudios que han analizado los comportamientos violentos de contenido sexual que acontecen entre los y las adolescentes han revelado, por un lado, que la violencia no desaparece homogéneamente con el transcurso de la adolescencia, sino que adquiere formas distintas y se despliega en escenarios diversos, como es la violencia sexual verbal y física tanto en el contexto de los iguales como dentro de las primeras parejas; y por otro, que la prevalencia de este tipo de fenómenos, en chicos y chicas es sorprendentemente alta (Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido, 2006; Ortega, Ortega-Rivera y Sánchez, 2008;) alcanzando tasas cercanas al 50%.

Algunos autores (especialmente los que trabajan desde una perspectiva de género) consideran que la raíz de esta violencia se encuentra en las actitudes sexistas y en el desequilibrio de poder social existente entre hombres y mujeres en una sociedad claramente machista como es la actual todavía, mientras que desde otras perspectivas ajenas a los estudios de perspectiva de género se apunta hacia la transmisión entre contextos sociales que incluyen comportamientos violentos (Pepler et al., 2006). Desde este punto de vista, creemos que el modelo de coerción social que caracteriza a los fenómenos de malos tratos entre iguales (bullying) al que denominamos esquema dominio-sumisión (Ortega, 2000), es probable que esté presente también en el tránsito de las relaciones entre iguales a las primeras relaciones sentimentales, como modelos o patrones rígidos que pasan desapercibidos a sus protagonistas.

Desde esta última perspectiva, y adoptando una visión evolutiva del problema, hemos realizado un estudio con 490 adolescentes españoles de edades comprendidas entre los 14 y 20 años con el objetivo de conocer su experiencia como agresores y víctimas de sus compañeros/as y sus parejas sentimentales en lo que se refiere a comportamientos violentos con contenido sexual (insultos sexuales, rumores sexuales, comportamiento exhibicionista y acercamientos físicos no deseados).

Los resultados más importantes que se han extraído de este trabajo pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Hemos encontrado que más de la mitad de los adolescentes están implicados, como agresores o víctimas –con distinto grado de persistencia- en comportamientos violentos con contenido sexual, hacia sus compañeros y parejas, tales como hacer comentarios o lanzar rumores con contenido sexual sobre otros.

  • Existen importantes conexiones entre los contextos (iguales versus parejas) en los que se produce la violencia sexual. Así, cuanta mayor es la implicación en violencia sexual entre iguales, mayor lo es en el interior de la joven pareja y viceversa.

  • Las diferencias entre chicos y chicas se encuentran en la agresión pero no en la victimización, esto es, los chicos agraden más que las chicas, pero ambos sufren en los mismos porcentajes las agresiones de sus parejas y de sus iguales.

  • La implicación en este tipo de violencia sexual es mucho más frecuente en las parejas más estables.

  • Existe un porcentaje muy elevado de chicos y chicas que sufren, y a la vez agreden a sus parejas.

De estos resultados pueden extraerse algunas conclusiones que tienen importantes implicaciones para la intervención y actuación psicológica y educativa con los y las adolescentes. Por un lado, los resultados indican que el fenómeno de la violencia sexual entre iguales y en la pareja se encuentra muy presente entre los adolescentes. Esta alta prevalencia nos obliga a reflexionar sobre algunos aspectos; en primer lugar, nos posiciona ante una tipología de comportamientos violentos muy extendida entre los y las adolescentes. Esta alta implicación es reconocida tanto en estudios internacionales como nacionales, por lo que no sólo es propia de chicos y chicas españoles ya que los datos internacionales (Espelage y Holt, 2007; McMaster y cols., 2002; Menesini y Nocentini, 2008) muestran las mismas tendencias porcentuales.

Dado que la mayoría de las investigaciones sobre conflictividad y violencia en los centros educativos, muy extendidas en nuestro país desde hace varias décadas, no incluyen en sus análisis este tipo de comportamientos, consideramos que este estudio puede estimular el interés por el desarrollo de programas educativos focalizados en la mejora de la calidad del cortejo juvenil, en orden a prevenir y reducir la violencia sexual más presente de lo que socialmente se supone.

En segundo lugar, cabe reflexionar sobre el significado e impacto, en el desarrollo y la calidad de la vida del tipo de comportamiento violento que estamos analizando, donde la dimensión sexual adquiere un lugar privilegiado en los insultos, comentarios y comportamientos agresivos entre adolescentes. Creemos que estas formas de violencia sexual se alejan de la violencia sexual entendida como agresiones físicas graves dentro y fuera de la pareja. Estamos interpretando (pensando en la vida social de/la joven y del papel central que el mundo erótico-sentimental adquiere), que quizás nos encontramos con una forma de "cortejo" y de inicio de las primeras relaciones sentimentales (en inglés dating) torpe, poco ajustada, ruda y, en definitiva, algo "sucia" (dirty), en la que el interés sexual se expresa de forma violenta, con las lógicas consecuencias de no ser bien recibido por la otra persona a la que va dirigido el cortejo, que naturalmente reconoce el insulto, y se siente ofendida y molestada. Es por ello que hemos denominado a este tipo de comportamientos, molestias sexuales entre adolescentes. La casi homogénea implicación de chicos y chicas, parece confirmar esta interpretación. No estamos hablando de un tipo de agresiones que sólo sufren las niñas y sólo ejercen los chicos; sino de un tipo de comportamiento gratuitamente soez que padecen ambos sexos, tanto en relación a sus iguales como en su incipiente o más consolidada vida de pareja; si bien, como se ha dicho, los varones siguen estando más implicados como agresores de sus compañeros/as y sus parejas.

En nuestra opinión, estos hallazgos deben interpretarse en términos psicoevolutivos, referidos al importante papel que la vida erotico-sexual tiene en el desarrollo de la identidad y las relaciones sociales de los adolescentes, al tiempo que en términos psicoeducativos, dada la importancia que tiene para los adolescentes aprender a gestionar este tipo de comportamientos, siempre desde el significado que ellos les otorgan.

Es por ello que esta visión del fenómeno no debe omitir el riesgo que supone no aprender a regular las interacciones sociales, pudiendo llegar a configurarse como dinámicas conflictivas y coercitivas. Los resultados que hemos obtenido sobre la presencia de molestias sexuales en el interior de las parejas adolescentes así parecen estar indicándolo. Hemos encontrado que en las parejas, las molestias sexuales presentan valores similares a los encontrados en el grupo de iguales, estando además ambos índices correlacionados. En este sentido, el paso del grupo de los iguales al contexto de la pareja, donde existe una mayor intimidad y confidencialidad, no supone un descenso en este tipo de comportamientos. Sucede que los chicos y chicas trasladan al interior de la pareja una serie de conductas que se originaron en el grupo de iguales, y que parecen aumentar a medida que las relaciones de pareja se hacen más estables, existiendo además un porcentaje bastante representativo de adolescentes que adoptan un doble rol, en el sentido de agredir y ser agredidos por sus parejas. Representan un número significativo de chicos y chicas en cuyas relaciones de pareja comienzan a configurarse dinámicas relacionales contaminadas y basadas en los intentos de dominio de unos sobre otros, dinámicas que parecen perpetuarse en el tiempo puesto que es en las parejas de adolescentes más estables donde aparece más incidencia.

Para concluir, estos datos nos han mostrado la necesidad de abordar los comportamientos violentos que ocurren entre los adolescentes desde la propia perspectiva y significado que éstos tienen para los mismos y que parece expresarse e interpretarse de forma distinta a la violencia de género tal y como la entendemos los adultos. Por ello, consideramos que los programas de prevención e intervención con adolescentes deberían abordar las molestias y comportamientos agresivos con contenido sexual entre adolescentes, promoviendo los procesos de enseñanza-aprendizaje de la intimidad en las relaciones amorosas de los adolescentes, desde el cortejo, pasando por la iniciación y consolidación de la relación, sin olvidarnos del afrontamiento de las rupturas y fracasos sentimentales.

Referencias bibliográficas

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en International Journal of Psychology and Psycological Therapy: Ortega, R., Ortega-Rivera, J, Sánchez, V. (2008). Violencia Sexual entre Compañeros y Violencia en Parejas Adolescentes. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, Vol. 8, 1, 63-72.

Sobre las autoras y el autor:

Rosario Ortega Ruiz es catedrática de Psicología en la Universidad de Córdoba. Dirige el Grupo de Investigaciones Psiopedagógicas (HUM-298) y tiene una larga trayectoria investigadora en los problemas de malos tratos entre iguales, así como en el desarrollo de programas de prevención y mejora de la convivencia escolar. Actualmente dirige un proyecto de Excelencia concedido por la Junta de Andalucía para explorar los problemas de violencia existentes en los centros educativos andaluces, así como un proyecto nacional I+D sobre Violencia y cortejo juvenil.

Javier Ortega Rivera es Profesor de Psicología en la Universidad de Sevilla. Pertenece al Grupo de Investigaciones Psicopedagógicas (HUM-298) y dedica su actividad investigadora al análisis de los procesos sociocognitivos de los chicos y chicas implicados de forma directa en los problemas de violencia interpersonal entre iguales, así como a los problemas de violencia sexual entre iguales y en las primeras relaciones sentimentales adolescentes.

Virginia Sánchez Jiménez es profesora de Psicología en la Universidad de Sevilla. Pertenece al Grupo de Investigaciones Psicopedagógicas (HUM-298) y su trayectoria investigadora se ha concentrado en el análisis de la competencia emocional y la violencia interpersonal entre iguales. En los últimos años está investigando la violencia en las relaciones de pareja adolescente y el ajuste psicológico.

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