Patricia Acinas

 

Aunque nadie piensa que le puede ocurrir nada, las situaciones de emergencia se pueden producir inesperadamente, y pueden convertirse en una situación difícil si hay un elevado número de personas implicadas, o si no se cuenta con una previsión o un esquema de actuación claro.

Aunque se ha producido una evolución en este campo, queda avanzar más en aspectos psicosociales de la información (Muñoz y Álvarez, 2000): qué información dar, o tomar la decisión acertada, pueden tener consecuencias favorables a nivel de gestión y de asistencia a los afectados.

Recientemente el Huracán Nagir en Birmania y el terremoto de China, que han arrojado un elevadísimo número de muertos, con menos de una semana de diferencia, han puesto de manifiesto estos aspectos. Cuando la situación es grave las autoridades suelen tomar medidas en los primeros momentos, pero muchas veces se hace a posteriori, y cuando los daños han sido cuantiosos. En una emergencia el acceso a los recursos de ayuda debe ser rápido, para minimizar daños y situaciones que pueden evolucionar desfavorablemente.

En España, la gestión informativa influyó en la percepción de la población, en incidentes como el de la central nuclear de Vandellós I en 1989, o en el naufragio del Prestige en aguas gallegas en 2002. Ahora, en 2008, se ha vuelto a reabrir el debate en relación a la energía nuclear, con la central de Ascó también en Tarragona tras la detección de partículas radioactivas en las proximidades de la misma.

¿Qué es una situación de emergencia colectiva?

Cuando se ha estudiado el comportamiento en emergencias se ha visto que cuanto mayor es el número de personas que presencia una situación de emergencia, menor es la probabilidad de que cada uno de ellos ayude. Cuando la persona es víctima directa, no observadora, debe tener indicios de que se puede "hacer algo" para salir de la situación, y evitar estados emocionales de bloqueo y agresividad. El pánico en las situaciones de emergencia sólo se da en una minoría, entre el 10% y el 20%. Las dos reacciones más frecuentes son: ignorar e investigar, que luego van seguidas de otras acciones como evacuación, avisar a otros y afrontar la situación de peligro.

Pero también hay conductas colectivas que ejercen influencia en todos los implicados, llegando a contagiarse en eventos como conciertos o partidos de fútbol. Este tipo de comportamientos (no seguir o no querer recibir indicaciones, minusvalorar riesgos, no dar la alerta o considerar que el control de la situación es de otros, cuestionar decisiones de expertos o establecer culpables, ayudar a otros asumiendo riesgos personales, etc), se pueden minimizar, controlar o canalizar con un adecuado manejo de la información.

Las situaciones en que puede plantearse la necesidad de dar mensajes a la población, son muy variadas (naturales o producidas por el hombre, intencionada o no intencionadamente). También hay que tener en cuenta que hay lugares /situaciones con riesgos específicos: salas de espectáculos, estadios deportivos, grandes locales, manifestaciones, disturbios callejeros… La prevención debe ir encaminada a la preparación de la población ante posibles amenazas, y por otro lado, a la formación de los profesionales intervinientes.

¿Cómo transmitir información a la población?

Se ha constatado que cuando hay una preparación previa es más fácil que las personas adopten las medidas sugeridas y confíen en la entidad gestora. Además, el uso de modelos de actuación (como el Modelo de Intervención Psicosocial para la información telefónica en situaciones de emergencia de Muñoz y Álvarez, 2000), pueden facilitar la gestión de las necesidades informativas. También influye la coordinación interinstitucional y la necesidad de información que tiene la población en cada momento sobre los riesgos que supone, y qué hacer para afrontarlos.

La información es una herramienta fundamental pero no se puede dar toda la información: por seguridad, porque sería inoperativo, consumiría tiempo innecesariamente… Los mensajes deben ser simples, breves y deben transmitir seguridad, de manera objetiva y desdramatizante, indicando lo que puede y no puede hacerse, evitando contradicciones, con credibilidad, claridad, continuidad, coherencia, adecuación, viabilidad, accesibilidad, comprensividad, coordinación y familiaridad.

 

A medida que avanza la emergencia es necesario que el manejo informativo siga las siguientes pautas (Pérez de Tudela, 1994; Muñoz 2000):

  1. Realizar los cambios en los mensajes periódicos que se da a la población.

  2. Informar con la mayor antelación posible a los intervinientes y a la población general (al mismo tiempo y dar toda la información repitiendo si es preciso).

  3. Favorecer el acceso a los cambios y actualizaciones en la información.

Conclusiones

  1. Proporcionar información antes de la emergencia favorece comportamientos más adaptados.

  2. El manejo de la información justo después de la emergencia influye en los resultados.

  3. Un plan de actuación coordinado y el diseño previo de modelos de mensajes que podrían difundirse facilita la gestión en la situación real.

  4. Pueden minimizarse conductas de riesgo mediante un manejo certero de la información que se proporciona y de los momentos en los que se facilita.

Referencias

Acinas, M.P. (2007). Gestión de la información y mensajes a la población en situaciones de emergencia, evacuaciones y simulacros. Emergencia, 19, 88-95.

Muñoz, F.A. (2000). Aspectos psicosociales, de la información a la población en emergencias. Revista Intervención Psicosocial, 9 (3), 371-377.

Muñoz, F.A. & Álvarez A.J. (2000). Programa de intervención psico-social para la información a la población en emergencias masivas y catástrofes. Emergencias, (12), 42-46.

Pérez de Tudela, C. (1994). La información en las catástrofes. Madrid: Fundación MAPFRE.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede consultarse en la revista Intervención Psicosocial: Acinas, M.P. (2007) Información a la población en situaciones de emergencia y riesgo colectivo. Intervención Psicosocial. 16 (3), 303-321.

Sobre la autora:

Patricia Acinas es Psicóloga, Supervisora Nacional de la IPSE - Intervención Psicológica Especializada, que realiza labores de consultoría en crisis y emergencias para diversas organizaciones. Es docente en másteres y cursos de postgrado en universidades, entidades públicas y privadas, en temas relacionados con Psicología de emergencias.

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