Eduardo Martín y Luz Mª Dávila

Universidad de La Laguna

 

El acogimiento residencial ha venido siendo tradicionalmente el recurso más utilizado dentro del sistema de protección infantil como alternativa convivencial para aquellos niños y niñas que han sido declarados en desamparo. Aunque en los últimos años se han venido potenciado otras medidas protectoras como es el acogimiento familiar, lo cierto es que todavía es muy elevado el número de niños y niñas que viven en residencias y hogares de protección, siendo la cifra superior a los 14.000, según los datos publicados por el Observatorio de la Infancia en el año 2006.

Aunque el acogimiento residencial ha estado siempre rodeado de un halo de sospecha alrededor de los supuestos efectos perniciosos en el desarrollo de los niños y niñas que viven en él, los cambios legislativos producidos en las últimas décadas del siglo XX y los estudios de evaluación de resultados realizados desde entonces, muestran que la realidad es diferente; ya que los programas de acogimiento residencial parecen dar respuesta a la mayoría de las necesidades de los menores, aunque se vienen detectado las mayores carencias en los objetivos relativos a su integración en los contextos escolares y comunitarios.

Puesto que existen investigaciones que afirman que el establecimiento de vínculos con adultos significativos fuera del contexto familiar ayuda a desarrollar comportamientos resilientes en los menores que tienen unas circunstancias familiares adversas, en nuestro estudio nos planteamos como objetivo analizar la relación que guardan las redes de apoyo social de los niños y niñas que viven en hogares de protección con su adaptación personal, escolar y social. Para ello, un total de 102 menores que vivían en residencias y hogares de protección en la isla de Tenerife cumplimentaron el Cuestionario de Apoyo Social y el Test Autoevaluativo Multifactorial de Adaptación Infantil (TAMAI).

Los resultados muestran que los contextos en los que un mayor porcentaje de niños y niñas manifiestan encontrar a sus figuras de apoyo social son el familiar y el residencial, seguidos a bastante distancia por los contextos escolar y comunitario; resultado que corrobora las dificultades de integración en dichos contextos antes mencionada.

A la hora de ver la relación que el apoyo social guarda con la adaptación de los menores, son varios los resultados destacables. En primer lugar, se observa que, aún siendo el contexto familiar el mayor proveedor de apoyo social, éste no mantiene ninguna relación con la adaptación de los menores. Cabe pensar que, aunque los menores sigan muy vinculados a su familia, el apoyo social que ésta pueda dar a los menores no es el más adecuado para una correcta adaptación, hecho que está muy relacionado con los criterios utilizados para la declaración de desamparo, y que imposibilitaron la adopción de otra medida protectora como pudiera ser un acogimiento familiar en familia extensa.

En segundo lugar, hemos comprobado que mientras es el apoyo social recibido de los adultos el que guarda relación con la adaptación, no sucede lo mismo en el caso de los iguales, ya que el apoyo prestado por éstos no mantiene relación con la adaptación. En este sentido, diversos estudios parecen apuntar que estos menores no tienen mayores dificultades para establecer relaciones con los iguales en los diferentes contextos, siendo las causas de sus problemas de integración otros.

Así, cabe pensar que para un colectivo cuya principal característica es no poder contar con un contexto familiar adecuado para su desarrollo, el apoyo que puedan recibir de los adultos en otros contextos parece convertirse en una variable importante de cara a su adaptación. En este sentido, nuestros resultados confirman esta idea.

Se comprueba, por tanto, cómo es el afecto recibido por los adultos de los contextos comunitarios la única variable que mantiene relaciones con la adaptación en los tres ámbitos: el personal, el escolar y el social. En este sentido, cabría decir que es en este contexto, a diferencia del residencial y el escolar, donde los niños y niñas tienen cierta libertad para "elegir" relacionarse con un adulto, por lo que figuras como un monitor, un entrenador, etc. pueden jugar un papel relevante en la adaptación de los niños y niñas en acogimiento residencial.

 

Un último resultado destacable es que el ámbito de adaptación con el que el apoyo social guarda un mayor número de relaciones significativas es la adaptación escolar. En este sentido, la ayuda recibida por los educadores, la confianza y el afecto por parte de los profesores, y el afecto recibido de los adultos de otros contextos, se relacionan positivamente con la adaptación escolar de los niños y niñas en acogimiento residencial.

Este resultado tiene especial interés, ya que la integración en la escuela es uno de los mayores retos de futuro para los programas de acogimiento residencial. Y en este sentido, hay que destacar que la relación de mayor magnitud encontrada en nuestro trabajo es la que mantiene el afecto recibido por parte del profesorado con la adaptación escolar, siendo el profesorado la figura con la que menor vinculación afectiva manifiestan mantener los niños y niñas de acogimiento residencial. Los problemas que este colectivo tiene para ajustarse al perfil de alumno "ideal" para el buen funcionamiento de las dinámicas instruccionales que se desarrollan en el aula, parecen dificultar sobremanera una buena relación con el profesorado.

En definitiva, la integración escolar, sobre todo en lo que se refiere a las demandas instruccionales del profesorado, y una integración comunitaria que posibilite el establecimiento de relaciones con adultos en contextos normalizados, son dos variables que ayudarían a mejorar la adaptación de los niños y niñas que viven en hogares de protección, y su potenciación sigue siendo uno de los mayores retos de los programas de acogimiento residencial.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Psicothema: Martín, E. y Dávila, L. Mª (2008). Redes de apoyo social y adaptación de los menores de acogimiento residencial. Psicothema, Vol. 20 (2), 229-235.

Sobre el autor y autora:

Eduardo Martín Cabrera es Doctor en Psicología y profesor titular (TEU) del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna. Ha sido psicólogo de la Unidad Insular de Infancia y Familia (Tenerife) y educador de menores. Sus líneas de investigación se centran en la intervención psicoeducativa con menores en protección y en conflicto social, y la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje en educación superior.

Luz Mª Dávila Santana es Licenciada en Psicología. Ha sido educadora de menores en un centro de acogida inmediata y monitora del Practicum de Intervención psicoeducativa en contextos no formales y de riesgo. En la actualidad es psicóloga de la asociación Mujeres, Solidaridad y Cooperación, y colabora en varios proyectos de investigación en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna.

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