El 14,4% de los adultos entre 18 y 74 años presta cuidados informales a familiares dependientes de manera habitual a la semana, lo que corresponde a 52 millones de europeos, siendo en su mayoría mujeres. Estos cuidados conllevan una enorme carga con el consiguiente impacto en la salud mental de los cuidadores. Estas son algunas de las conclusiones del informe de la Comisión Europea titulado Study on exploring the incidence and costs of informal long-term care in the EU (Estudio sobre la incidencia y los costes de los cuidados informales de larga duración en la UE).

El informe advierte que la demanda de servicios de asistencia de larga duración para personas dependientes va a ir en aumento en los próximos años y, sin embargo, los Estados miembros no están a la altura de poder responder a esta demanda, al evidenciarse un panorama de dificultades de acceso a servicios de cuidados de larga duración (debido a la falta de recursos) y una ausencia de normas de calidad que regulen esta asistencia.

Foto: Andrea Piacquadio Fuente: pexels Fecha descarga: 04/03/2021

Una situación preocupante teniendo en cuenta que el derecho a unos cuidados de larga duración asequibles y de calidad es uno de los 20 principios del Pilar de Derechos Sociales de la Unión Europea.

Los cuidados de larga duración, al no poder prestarse desde los servicios formales y las infraestructuras disponibles, se trasladan a la propia población civil, de forma que la tendencia que se observa es un aumento de la prestación de “cuidados informales”, pero que, como señala el documento de la Comisión Europea, “esto conlleva sus propios retos”, como los problemas de conciliación entre la vida familiar y laboral, con la consiguiente pérdida de empleo de las personas dedicadas al cuidado de sus familiares y el agravamiento de la salud mental del cuidador.

De ahí el interés de la Comisión Europea por llevar a cabo este estudio, elaborado con la finalidad de conocer el panorama europeo de prestación de cuidados informales (conocer su alcance, el perfil y los costes asociados para los individuos y países).

Según se establece en el texto, se entiende por cuidados informales de larga duración “los cuidados prestados a las personas que necesitan ayuda debido a una discapacidad o a la vejez. Los cuidados pueden consistir en ayuda para las actividades de la vida diaria (por ejemplo, bañarse, vestirse y comer) y las actividades instrumentales de la vida diaria (por ejemplo, hacer la compra, preparar las comidas, las tareas domésticas o las administrativas)”. Para la consideración de cuidador informal, el estudio de la Comisión Europea ha considerado el estar prestando cuidados “durante al menos tres meses consecutivos por una persona del entorno social del beneficiario (por ejemplo, un familiar, un amigo o un vecino)” sin contrato a título profesional.

De acuerdo con los datos obtenidos, del total de personas en Europa que se dedican a este tipo de cuidados informales, el 90% dedica más de tres meses a esta tarea y 80% más de un año.  Se evidencia, además, un desequilibro respecto al género del cuidador, de forma que 6 de cada 10 son mujeres. Este desequilibro es especialmente notable en España y en Bélgica, donde entre el 25 y el 30% de las mujeres de 45 a 64 años prestan cuidados informales, frente a entre el 10 y el 15% de los hombres de 45 a 64 años, según informa el documento.  Otros datos respecto al perfil europeo del cuidador informal, es la mayor presencia de trabajadores del sector de servicios y ventas (26%), frente a otras profesiones y cargos, que se sitúan en el extremo opuesto, como directivos de empresas (tan sólo el 3%).

En cuanto a la dedicación semanal, teniendo en cuenta al total de la muestra de cuidadores informales, el 80% está dedicado “a tiempo completo” a esta labor y un 10% presta una ayuda intensa, conllevándole más de 40 horas semanales.

Asimismo, si bien el texto advierte que no se puede establecer una relación causal, se observa una relación inversa en los países entre las tasas de cuidados formales e informales, de manera que, a menor número de servicios de asistencia formales de larga duración, se observa una tasa mayor de cuidados informales. En general, el 70% de las personas dependientes utiliza únicamente los cuidados informales, de forma que los cuidados informales constituyen actualmente la principal vía de atención en Europa, y sólo el 10% de los receptores de cuidados combinan tanto los cuidados formales como los informales.

Otros datos preocupantes que arroja el informe de la Comisión Europea señalan que, a pesar del volumen de cuidadores informales, muchas personas en situación de dependencia siguen desatendidas. De hecho, sólo el 20% de las personas necesitadas afirma recibir cuidados y el 50% de los encuestados informa que necesitaría más cuidados (formales o informales). En consecuencia, aunque la tasa de cuidadores informales es muy elevada en Europa, dentro de la población mayor de 65 años, tan sólo el 8% (lo que equivale a 7,1 millones de personas) recibe este tipo de asistencia.

Más allá de las cifras, los cuidados informales tienen un impacto negativo en otros aspectos. Específicamente, el informe subraya el coste que suponen para la salud mental de los cuidadores.Hay pruebas sustanciales de que la prestación de cuidados informales afecta a la salud mental, especialmente en el caso de los cuidados del cónyuge”, señala el texto. Estas personas, que cuidan informalmente de su cónyuge, sienten que están solas con su carga y presentan un mayor malestar psicológico por ello.

El dedicar tiempo al cuidado de personas dependientes tiene, asimismo, otros costes, sobre todo, para las mujeres de 45 a 64 años, que son las más propensas a dejar de trabajar para poder llevar a cabo las tareas de atención al familiar que lo necesita. En concreto, el 5,6% de las cuidadoras informales abandonó su empleo.

La pérdida del empleo o la reducción de las horas de la jornada de trabajo para poder atender a personas dependientes, supone una pérdida de ingresos importante en los cuidadores. En el caso de las mujeres de entre 45 y 64 años que sacrifican su puesto de trabajo, el estudio estima una media de pérdida de 18.000 euros al año o de unos 100.000 euros a lo largo de una duración media de 6 años. En relación con la pérdida de horas de trabajo por tareas de prestación de cuidados, para las mujeres de entre 18 y 44 años que prestan cuidados informales intensos, la reducción media de horas de 38 a 29 horas provoca una reducción de ingresos netos de entre el 20 y el 25% en todos los países de la UE.

Esta pérdida de ingresos también tiene un impacto en los presupuestos del Estado debido a la pérdida de ingresos procedentes de los impuestos sobre la renta y las cotizaciones a la seguridad social y por los gastos en diversas prestaciones a los cuidadores informales. Según estima el informe de la Comisión Europea, “si sólo se tiene en cuenta la pérdida de ingresos debida a que las mujeres de entre 45 y 64 años dejan de trabajar cuando prestan cuidados informales, el impacto en el presupuesto del Estado sería ya de aproximadamente el 0,5% del PIB de la UE”. Si se incluyen los gastos invisibles en forma de pérdida de ingresos fiscales, se llega al 1,05% del PIB de la UE (1.460 millones de euros en 2019).

En conclusión, la Comisión Europea señala que el estudio realizado confirma la elevada prevalencia de los cuidados informales en Europa y el desequilibrio de género en la prestación de este tipo de ayudas. En este sentido, los expertos subrayan la necesidad de incentivar a los hombres a asumir más responsabilidades de cuidado, así como abogan por un reconocimiento formal de los cuidados informales en la promoción laboral, lo que podría contribuir a un mejor reparto de las responsabilidades de cuidado entre hombres y mujeres y también a que haya más hombres entre los cuidadores formales.

Asimismo, se precisa una mayor inversión por parte de los países para la ampliación de los servicios formales de ayuda, lo que facilitaría que el cuidado informal fuera una opción tanto para el cuidador como para el receptor de los cuidados. “Además, dadas las numerosas consecuencias negativas de los cuidados intensivos sobre el empleo, la salud y los ingresos, quienes ayudan a las personas con graves necesidades de cuidados o prestan ayuda durante más de 20 o 40 horas a la semana necesitan claramente apoyo, no sólo económico, sino también en forma de descansos y reparto de la carga con los cuidados formales”, concluye el documento.

Se puede acceder al informe en el siguiente enlace:

Study on exploring the incidence and costs of informal long-term care in the EU

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