Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Europa es el continente con la población más anciana del mundo. Además los cálculos apuntan a que en el año 2025 una tercera parte de la población europea tendrá más de 60 años. Estos datos explican, en gran parte, el creciente interés y desarrollo de la Neuropsicología y el estudio de las demencias que se está produciendo en los últimos años a nivel mundial.

 

Para hacer frente a este desafío, diversas organizaciones internacionales, como Las Naciones Unidas (NU) o la OMS, han desarrollado importantes planes de acción, donde la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y la prevención de las alteraciones neuropsicológicas que acompañan al envejecimiento juegan un papel prioritario.

Los psicólogos tienen mucho que aportar en este sentido, y cada vez se hace más necesaria su presencia en los equipos de intervención especializados. Con la intención de profundizar en este tema, Infocop ha querido entrevistar a Herminia Peraita, psicóloga del departamento de Psicología Básica de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y una de las coordinadoras del curso Aspectos Clínicos y Psicosociales de las Demencias Degenerativas, que oferta la UNED entre los días 15 y 18 de septiembre de 2008.

ENTREVISTA

¿Qué enfermedades se engloban bajo el término demencias degenerativas y qué suponen éstas para la salud?

Bajo el término de demencias degenerativas se engloba un número bastante amplio, más de lo que se piensa habitualmente, de enfermedades debidas a diversos tipos de deterioro y daños cerebrales en diferentes centros y estructuras neuronales del Sistema Nervioso Central (SNC), de etiologías distintas y que, como su nombre indica, son evolutivas. Citaremos algunas de las más frecuentes: enfermedad de Alzheimer (EA), demencia con Cuerpos de Lewy, Fronto-temporal, vascular, etc.

Las implicaciones que estas enfermedades tienen para la salud son enormes, no sólo para el propio afectado, que es el que principalmente las padece, sino también para todo su entorno familiar y social. Por decirlo brevemente (lo cual no puede dar una idea exacta de toda su gravedad e importancia): el deterioro empieza por problemas de tipo cognitivo (de memoria, de orientación espacial y temporal, de aprendizaje, de lenguaje –principalmente en el componente léxico-), al menos en las más frecuentes de ellas, por ejemplo la EA, y va evolucionando hasta afectar gradualmente a toda la esfera cognitiva y conductual de la persona, llegando hasta la muerte de la misma.

Indudablemente este decurso que hemos descrito tan brevemente, es diferente en cada una de las demencias, e incluso en una sola de ellas. En la EA, la evolución puede ser bastante distinta en unos casos y en otros. Además, este panorama se complica porque hay un alto porcentaje de demencias mixtas, por ejemplo, la EA y demencia con Cuerpos de Lewy, la EA y la vascular, etc.

¿Cuál es la prevalencia de estos trastornos en la población mayor? ¿Podemos hablar de un incremento de este tipo de enfermedades en los últimos años?

En mayores de 65 años la prevalencia de demencias (considerando todas ellas conjuntamente) debe estar entre los 700.000 y los 800.000 casos, es decir, alrededor del 11%-12% de la población de esa edad. La prevalencia de la Enfermedad de Alzheimer se sitúa entre los 400.000 y los 450.000 casos (6%-7% de la población de mayores de 65 años).

Teniendo en cuenta que la EA por sí misma supone el 60% de los casos de demencia, los demás tipos de demencia representarían un 40%. Así, la Demencia con Cuerpos de Lewy está presente en un 10%-15% de la población y la Fronto-temporal, alrededor de un 5%-7%1.

El tratamiento de este tipo de problemas requiere un abordaje multidisciplinar, donde participen neurólogos, psicólogos, logopedas, etc. ¿Cuál es el papel que juega el neuropsicólogo en estos equipos? ¿Qué funciones específicas desempeña en la prevención y el tratamiento de las demencias degenerativas?

Efectivamente el abordaje debe ser absolutamente multidisciplinar y, por supuesto, el papel del neuropsicólogo y del psicólogo son totalmente básicos. Su función empieza en el mismo momento en que se pretende detectar y diagnosticar una posible enfermedad de origen neurodegenerativo, generalmente en la consulta de neurología, aunque a veces antes de llegar a ella, por ejemplo, en Atención Primaria o incluso en la consulta del psicólogo o psiquiatra.

Tras la ineludible entrevista y realización de la historia clínica, es necesario aplicar un conjunto de pruebas neuropsicológicas cuya adecuada selección es muy importante. Estas pruebas están más o menos integradas en forma de baterías de evaluación, pueden ser específicas o generales, y proporcionan información sobre el alcance de los déficits cognitivos y práxicos que tienen estas personas casi desde el principio (aunque siempre dependiendo del tipo de patología, pues en algunos casos estos problemas son de aparición más tardía). Estas pruebas deberían ser no sólo aplicadas y valoradas, sino también seleccionadas y establecidas por el neuropsicólogo o, en su caso, por el psicólogo cognitivo.

Después de esta valoración inicial, pero básica, entran en juego otros profesionales de la Psicología, como son los psicólogos conductuales, los logopedas, etc.

Bajo su experiencia, ¿qué aporta la Psicología en este campo?

Insisto en la respuesta anterior, su papel es básico. Sin su colaboración, cooperación e integración en el equipo médico de diagnóstico y tratamiento, la evaluación neurocognitiva o neuropsicológica, decisiva para detectar e identificar los problemas o trastornos de tipo cognitivo, no puede hacerse debidamente. El deterioro de uno o más procesos cognitivos (atención y función ejecutiva, memoria, percepción visual y auditiva, razonamiento, etc.), constituye un marcador de enorme importancia, aunque obviamente no el único, pues actualmente están cobrando un protagonismo decisivo algunos biomarcadores del tipo de imágenes por Resonancia Magnética y otros.

A la luz de los últimos estudios, ¿cuáles son o deben ser las principales líneas de actuación de las intervenciones psicológicas en el tratamiento de las enfermedades degenerativas?

Se puede decir que existen dos líneas de tratamiento o abordaje terapéutico: el farmacológico, que está reservado a los médicos, y el no farmacológico, que debería estar reservado a los psicólogos con formación neuropsicológica preferentemente y a los psicólogos conductuales (para los trastornos específicos de conducta que surgen en muchos casos según avanza la enfermedad). Esta línea de actuación no farmacológica se realiza siempre dentro del marco de una estrecha colaboración interdisciplinar, pero debería ser llevada a cabo específicamente por psicólogos. La intervención psicológica en demencias degenerativas gira en torno, entre otras, a la modalidad de programas de intervención cognitiva, rehabilitación cognitiva, estimulación cognitiva, los -mal llamados- talleres de memoria, etc.

 

En este sentido, hay datos muy relevantes de equipos científicos internacionales consolidados que demuestran la importancia de un tratamiento conjunto farmacológico y no farmacológico (del tipo citado) en el enlentecimiento de los síntomas y en la demora en el tiempo del surgimiento de los trastornos cognitivos y conductuales más agudos. La neuroplasticidad y la regeneración neuronal, que, aunque estudiadas en modelos animales hoy no discute nadie, están en la base de estos resultados.

Lo que sí existe es un debate intenso en estos momentos sobre si este tipo de programas de intervención deben estar centrados básicamente en un proceso cognitivo específico, por ejemplo, la memoria o la función ejecutiva, o si por el contrario deben ser más globales, en el sentido de abordar todos los procesos cognitivos conjuntamente: memoria, lenguaje, atención y función ejecutiva, etc.

Por regla general, a pesar de ser un campo de creciente interés y gran desarrollo, la Neuropsicología no es considerada en los programas de licenciatura en Psicología de nuestro país, ¿qué alternativas de formación se le ofrecen al psicólogo/a interesado en este área de trabajo?

Efectivamente, por increíble que parezca, en el año 2008 todavía no hay una formación específica reglada en Neuropsicología en nuestro país. Se ha dejado a las iniciativas personales de determinados profesores o equipos docentes que, con mayor o menor acierto, han puesto en marcha o bien asignaturas obligatorias u optativas, o bien Másters y programas de postgrado de muy diferentes tipos, configuraciones y calidades. Cataluña ha sido pionera en este campo, en el sentido de que ha implantado Másters hace bastante tiempo. Sin embargo, en el momento actual, aunque existe una amplia oferta de estos Másters en varias universidades, ninguno de ellos está ligado a materias troncales de formación básica que hayan tenido que conocer todos los alumnos de las licenciaturas. Incluso en algunas facultades se ha preferido poner en marcha una optativa de historia de la Psicología española antes que una de neuropsicología cognitiva. Los alumnos son los que pierden.

Para terminar, ¿desea añadir alguna cuestión más relativa al tema que nos ocupa?

Me gustaría añadir que los neurólogos y neurólogas que trabajan en los hospitales son totalmente conscientes de la necesidad de contar con un/a neuropsicólogo/a en las unidades o secciones específicas de demencia, pero hasta donde yo puedo conocer, los puestos de plantilla o contratos estables para este tipo de profesionales brillan por su ausencia. Por ello, y ante esta necesidad ineludible, ha surgido la figura del neuropsicólogo "precario", que sirve de soporte al neurólogo en lo que se refiere a evaluación y a veces intervención, pero de una manera absolutamente transitoria por regla general. Otras veces, el mismo neurólogo realiza, en la medida en que puede, las funciones que deberían corresponder al neuropsicólogo.

Me gustaría también añadir que en el Reino Unido se están introduciendo como técnica de tratamiento obligatorio en las residencias de la tercera edad los programas de estimulación/intervención cognitiva.

Nota:
Datos amablemente cedidos por el Dr. Martínez Martín, neurólogo epidemiólogo del Instituto de Salud Carlos III y de la Fundación CIEN.

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