Cada vez está más extendida entre políticos, profesionales y gestores de la salud la idea de que la atención sanitaria no sólo se plantea como principal objetivo la lucha contra las enfermedades y la curación de los pacientes; sino también, y en el mismo plano de importancia, la mejora de la calidad de vida de las personas en las que la curación ya no es posible, la reducción al máximo del dolor y el sufrimiento y, en última instancia, la muerte en las mejores condiciones posibles.

Desde que se empezara a fraguar a finales del siglo XIX y principios del XX lo que se ha venido a llamar la filosofía de los cuidados paliativos, y se configurara como modelo de atención a finales de los años 60 en Inglaterra el St. Christopher Hospice por parte Cicely Saunders, el avance de la atención integral a los pacientes al final de la vida y sus familiares ha ido en progresivo crecimiento, desarrollándose diferentes modelos de

Por otra parte, cada vez está más consolidado el reconocimiento a nivel internacional, tanto por parte de las autoridades políticas y sanitarias, como de la sociedad en general, de la importancia de la atención en cuidados paliativos, el tratamiento del dolor y la necesidad de incorporar unidades de esta naturaleza en las estructuras sanitarias públicas. Una atención que, en opinión de un buen número de asociaciones y organizaciones de ámbito nacional, regional e internacional, como son, por ejemplo, la International Association for Hospice & Palliative Care o la Asociación Latinoamericana de Cuidados Paliativos, debe encuadrarse dentro del marco de los Derechos Humanos. Así, para estas entidades, que acaban de elaborar recientemente la Declaración y Compromiso Conjunto sobre los Cuidados Paliativos y el Tratamiento del Dolor como Derechos Humanos, la atención en cuidados paliativos y el tratamiento del dolor deben ser considerados Derechos Humanos Fundamentales y, como tales, los gobiernos tienen la obligación de comprometerse a garantizarlos a través de la creación y puesta en marcha de los mecanismos necesarios que permitan sin más dilación "el acceso a todos los componentes que contribuyan al ejercicio pleno del derecho a la salud".

No obstante, a pesar de estos cambios en la manera de entender la atención sanitaria y las reivindicaciones como la aquí recogida, que evidencia la pertinencia de ofrecer respuestas en este campo, es sobradamente conocido que la atención psicosocial a enfermos terminales y a sus familiares es una necesidad aún no cubierta de manera adecuada en nuestro país.

Al menos, así parecen reflejarlo los datos de los que disponemos oficialmente. En España, cada año fallecen unas 385.000 personas, de las cuales, unas 150.000 son pacientes terminales necesitados de atención integral en cuidados paliativos; una cifra que aumenta considerablemente si tenemos en cuenta a familiares y personas del entorno próximo de estos enfermos que también requieren atención. Pues bien, de estas 150.000 personas, tan sólo 40.000 están recibiendo una adecuada atención en cuidados paliativos (el 75% por enfermedad oncológica y el 25% por el resto de enfermedades crónicas). Del total de pacientes atendidos en cuidados paliativos, se calcula que aproximadamente el 40% se encuentra en su domicilio y el 60% restante en hospitales.

En lo que a dotación de recursos en cuidados paliativos por millón de habitantes se refiere, España ocupa el onceavo lugar dentro de un grupo de veintidós países de la Europa occidental, tal y como se recoge en la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud de 2007.

En este mismo texto se señala que en nuestro país se estiman unas 2 ó 3 camas de cuidados paliativos por cada 100.000 habitantes, una cifra muy por debajo de los países con mayor número de camas específicas para pacientes con enfermedad terminal, que se sitúan en torno a 5 (Reino Unido, Islandia, Polonia, Holanda, Luxemburgo y Noruega). Islandia y Reino Unido, con 20 y 15 servicios de cuidados paliativos por millón de habitantes respectivamente, contrastan con las cifras españolas, ya que en la actualidad el Sistema Nacional de Salud (SNS) ofrece 6 servicios específicos por millón de habitantes.

Un panorama el aquí esbozado aún más grave si tenemos presente los cambios sociodemográficos actuales y a los que los estados y sus diferentes sistemas sanitarios tienen que hacer frente en la actualidad: el envejecimiento paulatino de la población en los países llamados desarrollados, el aumento en la incidencia y prevalencia de enfermedades de tipo crónico, el número de pacientes en situación de terminalidad, etc., son sólo algunos de los fenómenos que caracterizan a la sociedad de los países industrializados occidentales.

Reconociendo la escasez de recursos existentes en nuestro país, las distintas autoridades nacionales y autonómicas han puesto en marcha en los últimos años diversas medidas y acciones con el objeto de revertir en el menor tiempo y en las mejores condiciones posibles esta situación. Tales son los casos, por ejemplo, de las acciones contempladas, por ejemplo, en la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud de 2007 que antes se apuntaba, o el Plan Integral de Cuidados Paliativos 2005-2008 para la Comunidad de Madrid.

Precisamente, el pasado mes de julio, esta publicación tuvo noticia de algunas de las medidas que las autoridades han puesto en marcha o tienen previsto implementar en los últimos meses en materia de cuidados paliativos. En esta línea, el pasado 3 de julio, el ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, y el presidente de La Caixa y de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé, firmaron un convenio de colaboración, con el que pretenden paliar, al menos parcialmente, esta situación, mediante la puesta en marcha de un programa de ámbito nacional de atención integral a personas con enfermedades terminales y sus familiares.

Como parte de la Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud, aprobada por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS) el pasado 14 de marzo de 2007, este acuerdo permitirá, concretamente, la creación de una veintena de equipos de apoyo psicosocial que desempeñarán su labor en el total de las 17 Comunidades Autónomas de nuestro territorio.

Los equipos de apoyo psicosocial serán multidisciplinares y estarán formados por un psicólogo, un trabajador social, una enfermera y voluntarios, tal y como establece el protocolo elaborado por la Fundación La Caixa y el Instituto Catalán de Oncología en colaboración con el Ministerio de Sanidad y Consumo. Estos profesionales trabajarán coordinadamente tanto en el ámbito hospitalario como a domicilio.

Los responsables de la iniciativa que ahora se pone en marcha prevén la incorporación de, al menos, 60 profesionales, y estiman que se podrán atender a unos 23.000 usuarios durante el primer año, de los cuales, 10.000 corresponderán a enfermos y el resto a sus familiares. La previsión, a medio y largo plazo, es poder contar con unos 300 profesionales distribuidos en 75 equipos por todo el territorio español.

De manera paralela al abordaje integral que se brinde a pacientes y familiares, la Fundación La Caixa formará a especialistas en este campo, en colaboración con el Instituto Catalán de Oncología y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. Además, se editarán materiales de apoyo dirigidos tanto a las familias como a los profesionales que trabajen en el ámbito de los cuidados paliativos.

Tal y como se recoge en la nota de prensa emitida por el Ministerio de Sanidad y Consumo, esta iniciativa supone un complemento a las acciones y protocolos incluidos en la mencionada Estrategia de Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud y reconoce explícitamente la importancia que los profesionales de la Psicología tienen en el ámbito de los cuidados paliativos. En este sentido, el acuerdo recién firmado viene a añadir al modelo sanitario que actualmente se viene ofreciendo "una perspectiva integral que tenga en cuenta los aspectos psicológicos, especialmente el del apoyo emocional".

De esta manera, se pone de manifiesto una de las deficiencias que aún se encuentra en los servicios que se les brinda a las personas con enfermedad terminal y sus familiares, a pesar de estar contrastada su eficacia y eficiencia: el abordaje de los aspectos psicológicos en relación con el resto de necesidades. El manejo emocional, los aspectos comunicacionales, el afrontamiento de la enfermedad, la atención de posibles psicopatologías asociadas, el manejo del dolor, la elaboración adecuada del duelo, etc. son sólo algunos de los aspectos a los que nos estamos refiriendo. Y es que, hoy en día nadie cuestiona la relevancia del papel y las funciones que el profesional de la Psicología desempeña en los equipos y las Unidades de Cuidados Paliativos de hospitales y centros sanitarios. Otra cosa bien diferente es el número de estos profesionales que serían necesarios para cubrir la gran demanda que actualmente existe.

Por otra parte, dentro de las acciones contempladas en el Plan Integral de Cuidados Paliativos 2005-2008, el pasado 14 de julio, el consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, presentó la Guía de Cuidados Paliativos, un texto con el que se pretende asegurar la calidad de la atención a los pacientes y sus familiares en todos los niveles del sistema sanitario. Lo que se quiere conseguir con esta guía es establecer la homogeneidad de los criterios de actuación que puedan seguir todos aquellos profesionales sanitarios que trabajen en los cuidados paliativos, con independencia de que dicha atención se preste en el ámbito domiciliario u hospitalario.

La primera edición de esta guía, que se complementará con otros textos que traten cuestiones más específicas, recoge aspectos tales como criterios generales de terminalidad; una clasificación de situaciones complejas y no complejas desde las perspectivas física, psicológica, social y ética; información sobre control general de síntomas; y criterios de atención frente a manifestaciones frecuentes de desestabilización del paciente terminal como dolor, disnea, delirios, distrés psicológico, hemorragia y atención a la fase final.

En otro orden de cosas, el pasado mes de junio, la Consejería de Sanidad presentó un balance de su Plan Integral de Cuidados Paliativos 2005-2008, ofreciendo algunos de los datos más significativos de las acciones puestas en marcha en el marco de este Plan Integral.

Siguiendo la información facilitada por sus responsables y de la que se hicieron eco los medios de comunicación, en los últimos tiempos, se han creado en la región madrileña cuatro nuevas unidades de cuidados paliativos; una de ellas, pediátrica, en el Hospital Niño Jesús. Esta Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos, tal y como nos confirmaba la psicóloga de la misma, Carola del Rincón, tiene la peculiaridad de ser la primera de estas características en nuestro país, pues hasta la fecha, no se disponía de un servicio específico destinado exclusivamente a la población infantil que se encuentra en situación terminal o con una enfermedad de pronóstico letal.

Igualmente, se han implantado, según los datos facilitados por la consejería madrileña, equipos de soporte hospitalario (ESH) en todos los hospitales de área y se ha incrementado el número de camas de cuidados paliativos en los centros de media y larga estancia, hasta llegar a 90 en estos momentos. También se han creado 5 nuevos equipos de soporte de atención domiciliaria (ESAD), con lo que en estos momentos, todas las áreas sanitarias de la Comunidad de Madrid contarían con alguno de estos equipos. La función de estos equipos es prestar asistencia sanitaria a los pacientes en fase terminal en sus domicilios, en aquellos casos que así lo soliciten.

Tal y como recogen los medios de comunicación, el número total de profesionales que se han incorporado a los diferentes equipos y servicios que ofrecen atención en cuidados paliativos en la zona ha ascendido a 140. De los cuales, 40 puestos han correspondido a médicos, 55 a enfermeras, 42 a auxiliares y tan sólo 3 plazas han sido ocupadas por psicólogos. Las proporciones, como se puede comprobar son, cuanto menos, desiguales, con el consiguiente perjuicio para los pacientes y familiares necesitados de una atención integral en cuidados paliativos.

A pesar de que ya en el primer Manual de Medicina Paliativa elaborado por Saunders se reconociera la importancia de atender los aspectos psicológicos de estos pacientes en la misma medida que las necesidades físicas, sociales y espirituales, la realidad es que, varias décadas después, y a pesar de los grandes avances en esta materia, la presencia de profesionales de la Psicología en los equipos y unidades de cuidados paliativos de nuestro país sigue siendo especialmente reducida, como queda patente en los datos recién aportados. Al respecto, Álvaro Gándara, presidente de la Asociación Madrileña de Cuidados Paliativos, quien participó también en la presentación de la Guía de Cuidados Paliativos el pasado 14 de julio, proponía que para el nuevo Plan Integral de Cuidados Paliativos 2009-2011, se contara con "un psicólogo y un trabajador social en todos los equipos de paliativos de soporte hospitalario y otro en cada área de atención Primaria".

Con el objetivo de cambiar la situación aquí expuesta, muy diversa y desigual en lo que a recursos se refiere, en función de la Comunidad Autónoma a la que hagamos mención, diferentes sectores de profesionales de la Psicología y de la salud en general, han pedido expresamente la incorporación de un mayor número psicólogos, así como la consolidación de la figura de este profesional dentro de las unidades de cuidados paliativos existentes en los hospitales y centros sanitarios públicos de España; pieza fundamental y necesaria si se quiere ofrecer un modelo

En definitiva, podríamos decir que la situación de los cuidados paliativos en España supone un gran reto para el SNS, entre otras razones, por dos cuestiones de peso. Por una parte, nos estamos refiriendo a la desigual distribución de recursos y servicios en cuidados paliativos en las distintas Comunidades Autónomas y, por la otra, al número reducido de algunos profesionales en unas unidades y equipos de atención, ya de por sí escasos: éste es el caso, como venimos indicando, de los psicólogos.

Si se quieren conseguir los objetivos que establece el actual campo de la Salud en el siglo XXI, a los que nos referíamos al principio de este trabajo, partiendo de la tan aludida perspectiva bio-psico-social, la atención de los aspectos psicológicos y emocionales en el proceso de salud/enfermedad en general y, más específicamente, en el contexto de los cuidados paliativos, tiene que pasar a estar en un mismo plano de importancia frente al resto de necesidades. Sin quitarle el valor que, por supuesto, tiene el cuidado de los aspectos físicos o médicos, y más en este contexto, donde la urgencia médica puede adquirir una dimensión especial; nos adscribimos a la paradigmática frase que asentara Cassell hace unos años y que tan popular se ha hecho en el medio sanitario, "los que sufren no son los cuerpos, sino las personas".

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial de los Cuidados Paliativos y con la intención de acercar a nuestros lectores y lectoras el trabajo que los profesionales de la Psicología desempeñan en este ámbito de intervención, Infocop Online ha querido recoger diversos trabajos y entrevistas de especialistas de contrastado prestigio en el campo de la atención psicológica al final de la vida y el duelo, y que se irán publicando en sucesivos días. En esta ocasión, contamos con el trabajo elaborado por el profesor Ramón Bayés, Catedrático de Psicología Básica y Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien encuadra el tema de la relación entre la Psicología y los cuidados paliativos y nos habla de la relevancia de esta disciplina en el campo del sufrimiento y la muerte.

PSICOLOGÍA Y CUIDADOS PALIATIVOS

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