Como saben nuestros lectores, el próximo mes de marzo, tendrá lugar una nueva edición del Encuentro Hispano Luso de Psicología, un evento que se celebra con el objetivo de trasladar a los y las profesionales y a la comunidad las nuevas aportaciones que desde la Psicología Hispano Lusa se vienen aplicando a la solución de problemas actuales, que afectan en los contextos de infancia, adolescencia, edad adulta y durante los procesos de envejecimiento.

En el marco de este importante encuentro, se hará entrega del Premio Ibérico de la Psicología, un galardón que, en esta IV Edición, el Consejo General de la Psicología de España -COP y la Ordem dos Psicólogos Portugueses (OPP) han decidido otorgar a José Manuel Sabucedo Cameselle, catedrático de Psicología Social de la Universidade de Santiago de Compostela, por su contribución al desarrollo de la Psicología de España.  

José Manuel Sabucedo es Catedrático de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela y miembro del Centro Interdisciplinar de Investigación en Tecnologías Ambientales (CRETUS) de la USC.

Foto: José Manuel Sabucedo Cameselle

Primer decano de la Facultad de Psicología de la USC entre 1991 y 1998, organizó las Primeras Jornadas de Decanos de Psicología de España. Sabucedo fue editor del International Journal of Social Psychology entre 2010 y 2017. Asimismo, fue el impulsor y primer presidente de la Sociedad Científica Española de Psicología Social (SCEPS) entre 2012 y 2020.

A lo largo de las cuatro décadas de su dilatada carrera, ha dirigido 22 tesis doctorales -cinco de ellas con premios extraordinarios- y liderado o participado en 21 proyectos de investigación, así como un gran número de proyectos y contratos de investigación con empresas o instituciones, recibiendo varios galardones por su contribución, entre ellos, el Premio Eugenio Montero Ríos de Investigaciones Sociales (Premio Galicia de Investigación) en 2006 y el Domingo García-Sabell Medalla Rivas de Investigación en Ciencias Económicas y Sociales de la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC) en 2020.

Con motivo de la entrega de este premio, Infocop Online ha querido entrevistar para sus lectores a José Manuel Sabucedo Cameselle. En la siguiente entrevista, nos habla de lo que ha supuesto este galardón en reconocimiento a su contribución y nos hace un balance de la Psicología Social en España.

ENTREVISTA

En primer lugar, nos gustaría felicitarle por la distinción que institucionalmente se le ha hecho con el Premio Ibérico de la Psicología, en el marco del V Encuentro Hispano Luso. ¿Qué supone para usted que se le haya concedido este reconocimiento?

Cuando me comunicaron la concesión del premio mi primera reacción fue de agradecimiento. En primer lugar, de agradecimiento al Consejo General de la Psicología por haber pensado que era merecedor de ese reconocimiento. Porque, sin falsa modestia, afortunadamente en España hay muchas personas con méritos suficientes para poder haber recibido también esa distinción.

En segundo lugar, agradecimiento hacia las numerosas personas con las que tenido el honor y el placer de trabajar durante más de cuarenta años en las diferentes tareas de la actividad académica: docencia, investigación, transferencia y gestión. Sin duda alguna, a ellas les debo todo lo que hecho en esta disciplina.  

A mi generación le tocó el reto apasionante de impulsar la creación y consolidación de las facultades de Psicología, de elaborar los nuevos planes de estudio y de defender la unidad e identidad de nuestro ámbito académico y profesional frente a presiones centrífugas.  La primera conferencia de Decanos de Psicología, celebrada en Santiago de Compostela en noviembre de 1990, en la que también participaron miembros del Colegio Oficial de Psicólogos, supuso, a mi entender, un punto clave para crear sinergias frente a los retos que la Academia y la Profesión enfrentábamos en aquel momento. Personas como Amalio Blanco, José María Arredondo, Manuel Martínez, Luís Montoro, Iñaki Albistur, entre otros, desempeñaron un papel clave en esa reunión y en lo que después fue ese ámbito de representación de las facultades de Psicología en España. 

Como uno de los impulsores y primer decano de la Facultad de Psicología de la USC, tuve la suerte de contar con unos compañeros y compañeras en los equipos de gobierno con una gran capacidad de trabajo, gestión y firmeza reivindicativa ante las autoridades académicas. Porque a la Psicología nunca nos pusieron las cosas fáciles, más bien al contrario. Pero sabemos cómo afrontar esas situaciones: con argumentos, visibilizando nuestras posiciones y siendo consistentes, algunas de las claves que Moscovici atribuía al éxito de los grupos innovadores. Y en esa tarea Fernando Cadaveira, José Cuba, Marina Rodríguez, Constantino Arce e Hipólito Merino, desempeñaron un papel fundamental.

En la labor investigadora, durante muchos Constantino Arce y Gloria Seoane han sido compañeros indispensables en muchos de los proyectos y trabajos realizados. Y en los últimos años, he tenido la suerte de formar y trabajar con magníficos estudiantes de doctorado y buena gente, características ambas indispensables para que un grupo funcione. Y ahí están Idaly Barreto, Mónica Alzate, Diana Rico, Cristina Gómez-Román, Marcos Dono, Sergio Vila, Andrea Correa, algunas profesoras ya reconocidas en el ámbito académico y otras que pronto lo serán. Con ellas sigo disfrutando, casi siempre y a pesar de una universidad cada vez más burocratizada, del trabajo académico.

En este listado de deudas y complicidades, no pueden faltar los nombres de los fundadores y equipos de dirección de la Sociedad Científica Española de Psicología Social (SCEPS): Armando Rodríguez, Esther López-Zafra, Nekane Basabe, Marisa Salanova, Álvaro Rodríguez Carballeira, Pablo Briñol y Victoria Ferrer. Crear la SCEPS fue una aventura apasionante y de equipo. Y fue posible gracias al talento, esfuerzo y generosidad de esos compañeros y compañeras que, por otra parte, son referentes académicos en nuestra disciplina.

No puedo acabar este agradecimiento sin mencionar a Amalio Blanco y Paco Morales. Dos de las personas que son parte muy importante de la historia reciente de la Psicología Social española y que desde siempre me han brindado su apoyo, generosidad y amistad.

Con este premio se reconoce su contribución en el desarrollo de la Psicología en España. ¿Podría hablarnos brevemente de sus trabajos en todos estos años? ¿Cómo vincularía sus trabajos con la sociedad actual?

Durante todos estos años he trabajado fundamentalmente en temas relacionados con las problemáticas sociales y ciudadanas.  Las diferentes líneas de investigación se agrupan en dos grandes ámbitos: la Psicología Política y la Psicología Social del medio ambiente.

En el primero, nos hemos centrado en tres aspectos: la participación y acción colectiva, la violencia política y las actitudes extremistas y el populismo.

El funcionamiento de una democracia exige la participación activa y responsable de los ciudadanos en la toma de decisiones políticas. En la década de los 80 del siglo pasado en algunas comunidades españolas, especialmente Galicia, existía un bajo porcentaje de participación electoral.  Uno de los casos más sangrantes tuvo lugar con motivo del referéndum de aprobación del estatuto de Galicia: la participación electoral no llegó al 30%. Por tanto, era una exigencia analizar qué factores psicosociales estaban influyendo en un comportamiento que dañaba la propia esencia del sistema democrático.

Pero la participación política en una democracia no se limita al voto. En una sociedad cada vez más formada e informada, la ciudadanía reivindica un papel más activo en la toma de decisiones que afectan a sus vidas. De esta manera, la acción colectiva reivindicativa forma parte ya de los usos políticos habituales de las sociedades democráticas. Analizar las razones que favorecen o impiden esa participación fue el objetivo de una parte importante de nuestros trabajos, en los que destacamos el papel de las emociones positivas y dónde planteamos una vía axiológica hacia la participación, la obligación moral, como complemento a las más clásicas que se basan en la identidad y la eficacia.

El estudio de los procesos de legitimación de la violencia política, del terrorismo, para ser más exactos, se originó a partir de la preocupación al comprobar cómo las acciones terroristas de ETA no provocaron durante mucho tiempo el rechazo social que cabría esperar. La construcción de un discurso victimista del verdugo, de deshumanización o despersonalización de la víctima, la valoración asimétrica del sufrimiento, el uso de eufemismo, etc. formaban parte de ese discurso que había que cuestionar. Nuestro trabajo también es útil para identificar cuál es el estado de evolución de un conflicto. Analizando el discurso que se construye sobre el adversario puede conocerse que probabilidades tiene ese conflicto de convertirse en violento.

Finalmente, en el ámbito de la Psicología Política, en otros estudios hemos analizado las dinámicas psicosociales que facilitan la aparición de movimientos extremistas y populistas, de sigo político diferente, en épocas de crisis sociales, económicas y sanitarias como las vividas en estos últimos años.

En el ámbito de la Psicología Social aplicada a cuestiones ambientales, nuestro trabajo se remonta a los años 90 del siglo pasado, cuando desde la administración autonómica gallega nos solicitaron nuestra colaboración para evaluar la percepción social ante diferentes problemas ambientales.  En los últimos años hemos retomado esa línea de trabajo.  Junto a otros grupos de investigación de la Universidad de Compostela (USC) pertenecientes a ámbitos de la ingeniería ambiental, Química analítica, Biología, etc., participamos en 2015 en la creación de un Centro Interdisciplinar de Investigación en Tecnologías Ambientales (CRETUS), que ahora está reconocido como Centro Singular de Investigación de la USC.

Uno de los objetivos de CRETUS es el trabajo interdisciplinar en los ámbitos del medio ambiente. Un dato que debe servir para valorizar el corpus de conocimiento de la Psicología es que nuestro grupo es uno de los más solicitados para formar parte de los proyectos de investigación que elaboran colegas de las áreas más técnicas. 

Como experto, ¿podría decirnos en qué situación se encuentra actualmente en nuestro país la Psicología Social y a qué retos futuros se enfrenta?

En mi opinión, y en lo que respecta a la Psicología Social académica estamos viviendo quizá la mejor época de nuestra historia. En primer lugar, entre los que nos dedicamos a ella se ha ido fortaleciendo una mayor identidad como grupo. La existencia de la Revista de Psicología Social, la creación más reciente de la SCEPS, los congresos del área y la escuela de verano para jóvenes doctorandos, ha contribuido a ello. En segundo lugar, hay grupos de investigación españoles que tienen una clara presencia y liderazgo internacional. Y, en tercer lugar, y más importante, hay un número muy importante de jóvenes profesoras e investigadoras que están realizando un trabajo de enorme calidad y relevancia.

Por contra, en el ámbito profesional la Intervención Social se está enfrentando a un momento muy delicado. El tema no es fácil de solventar, pero me consta que tanto el CGPE, la SCEPS y otros colectivos están trabajando en una solución. De forma muy resumida veo dos problemas. Por un lado, y como reflexión epistemológica y conceptual, debemos tener muy claro que la Intervención Social tiene un nivel de análisis de los temas que aborda que no es reducible a enfoques clínicos-individuales. Por otro lado, están los intereses de la Administración y de otros colectivos profesionales que parecen querer desdibujar, cuando no ignorar directamente, las muy valiosas aportaciones de nuestros colegas profesionales de la Intervención Social. 

Nuestra experiencia compartida con experiencias similares del pasado nos señala que para resolver de manera favorable ese problema son necesarios, por lo menos, dos factores: a) alcanzar un diagnóstico, unos objetivos y una estrategia de acción compartidas por el conjunto de la comunidad psicológica, y b) tejer las necesarias complicidades con los agentes encargados de la toma de decisiones.

¿Podría adelantarnos cuáles son los proyectos más importantes que tiene en marcha y cuáles son las líneas de investigación en las que está trabajando?

Como señalé antes, desde 2015 formamos parte de CRETUS.  Tengo que confesar que cuando me invitaron a unirme al grupo fundador tuve algunas dudas. Las resistencias procedían no solo de que tenía que abandonar mi zona de confort, sino también de no saber cómo nuestra aportación desde la Psicología Social sería recibida por colegas de áreas de las ciencias naturales y tecnología, en principio completamente alejados de nuestros intereses. 

La incertidumbre se resolvió en la primera reunión de trabajo de los ocho grupos fundadores de CRETUS. Para nuestra sorpresa, nuestro grupo fue uno de los más demandados por los otros equipos.  

Desde ese momento, estamos implicados en varios proyectos de investigación, algunos europeos, que tratan de conocer cuáles son las resistencias y elementos facilitadores para la aceptación de nuevos usos del agua, de plantas de tratamiento descentralizado de agua residuales, o de productos alimentarios elaborados con nutrientes procedentes de aguas grises o negras. Este es un tipo de investigación que permite analizar la utilidad y eficacia de teorías, conceptos y variables de la psicología, desde el priming hasta la influencia normativa, pasando por la percepción de riesgo, eficacia, atribución, identidad social, etc. en problemas socialmente tan relevantes como la economía circular y la sostenibilidad. 

La otra línea de investigación en la que estamos trabajando en este momento es la polarización política. Creo que no es exagerado afirmar que hoy en día la sociedad abierta, como de denominó Popper, está en peligro. Sí, quizá el estar en medio de la tormenta no nos permite ver con claridad los múltiples fenómenos sociales perversos que están ocurriendo: la deslegitimación, cuando no deshumanización del adversario, la construcción de identidades excluyentes y sectarias, la normalización de la desigualdad social, la intolerancia frente al discrepante, etc. Todo ello es una amenaza real a la convivencia ciudadana.

En este ámbito estamos trabajando con un concepto, al que hemos denominado Monopolio de la Verdad, y que tiene su fundamentación teórica, entre otras, en la formulación del realismo ingenuo. Trabajar sobre este tema, no tiene solo un interés exclusivamente académico, sino que también supone una obligación moral. Es preciso denunciar el peligro de los extremismos y la polarización, identificar sus causas y desarrollar políticas de prevención e inmunización contra ese tipo de discursos y actitudes.  Ese es un compromiso al que en su momento nos convocaron destacadas figuras de nuestra disciplina. 

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