Andreu Vigil, Fàbia Morales y Jordi Tous
Universidad Rovira i Virgili

El notable incremento de los problemas asociados a la agresividad y a la violencia en la sociedad actual ha generado un importante interés por el estudio de las distintas variables que se encuentran en la génesis de este tipo de comportamientos. Una de los factores que parece jugar un papel clave en este ámbito, y que en los últimos años ha suscitado un notable interés, es la impulsividad.

Diversos modelos han abordado las relaciones entre impulsividad y agresividad, siendo uno de los más interesantes el propuesto por E. S. Barratt. En dicho modelo, se propone que ciertos estímulos desencadenan sentimientos de ira que pueden llegar a generar conductas agresivas. En muchas ocasiones los procesos de socialización tienen como consecuencia que la conducta agresiva es inhibida. No obstante, una de las principales características de la impulsividad es precisamente que suele estar asociada a déficits en los mecanismos inhibitorios de la conducta, lo cual implicaría que los individuos con niveles elevados de impulsividad presentan dificultades a la hora de inhibir los comportamientos agresivos ante dichos sentimientos de ira.

Diversos estudios han mostrado las relaciones entre medidas de impulsividad y agresividad, especialmente con los aspectos emocionales de esta última. Sin embargo, dichos estudios han sido realizados mayoritariamente en muestras de adultos universitarios, por lo que resulta pertinente analizar hasta qué punto dichas relaciones pueden ser generalizadas a otras poblaciones de adultos y a otros rangos de edad como pueden ser los adolescentes.

 

Con este motivo se analizaron las relaciones entre las puntuaciones de la Escala de Impulsividad Funcional/Disfuncional de S. Dickman y las puntuaciones del Test de Agresividad de Buss y Perry en tres muestras diferentes, compuestas por 216 universitarios, 323 empleados de una factoría y 241 adolescentes, respectivamente (Vigil-Colet, Morales-Vives y Tous, 2008).

En todas las muestras se verificó la relación entre la impulsividad disfuncional (el componente más relacionado con los déficits inhibitorios) y la agresividad, concretamente con los componentes emocional (ira) e instrumental de la misma (agresividad física y verbal), lo cual apoyaría la teoría de Barratt sobre las relaciones entre impulsividad y agresividad. No obstante, existen algunos aspectos diferenciales entre las distintas muestras que aportan evidencias sobre la forma en que evolucionan este tipo de comportamientos.

En primer lugar, la muestra adolescente presentó niveles significativamente superiores en impulsividad disfuncional, ira y agresividad física. Este resultado es lógico si consideramos que el paso de la adolescencia a la edad adulta se caracteriza por un comportamiento más controlado y un descenso en los niveles de ira.

Por otra parte, en la muestra de adolescentes la ira presentó correlaciones mayores con la agresividad física que con la verbal, mientras que en ambas muestras de adultos, la ira presentó una mayor tendencia a manifestarse mediante la agresividad verbal. Diversos modelos evolutivos de la agresividad han planteado que inicialmente la agresividad se manifiesta de forma directa y a medida que avanza la edad y por medio de los procesos de socialización, la agresividad tiende a expresarse por vías más aceptadas socialmente, como pueden ser las formas indirectas de agresión, lo cual podría explicar el distinto patrón de relaciones encontrado en adolescentes y adultos.

Cabe señalar que cuando se eliminó el efecto de la impulsividad en las relaciones entre ira y agresividad, se constató una notable reducción de la interacción entre ambas variables. Sin embargo, las correlaciones parciales entre ira y agresividad aún fueron significativas, lo que indica que aunque la impulsividad juega un papel clave en esta relación, existen otras variables, como pueden ser las habilidades de procesamiento verbal o la capacidad para resolver problemas interpersonales, que deben ser incluidas en cualquier modelo predictivo del comportamiento agresivo.

Finalmente, y al igual que en otros estudios, al analizar los efectos del sexo en la impulsividad y la agresividad, se encontró que para todas las muestras la única variable en la que existen diferencias significativas vinculadas al sexo es la agresividad física. En este sentido, hombres y mujeres presentan los mismos niveles de impulsividad y agresividad, con la excepción de la agresividad física, variable en la cual sistemáticamente los hombres presentan puntuaciones superiores.

El estudio original en el que se basa el artículo puede encontrarse en la revista The Spanish Journal of Psychology:
Vigil-Colet, A., Morales-Vives, F.  y Tous, J. (2008). The relationships between functional and dysfunctional impulsivity and agression across different samples. The Spanish Journal of Psychology, 11, 2, 480-487.

Referencias:
Vigil-Colet, A., Morales-Vives, F., y Tous, J. (2008). The Relationships between Functional and Dysfunctional Impulsivity and Aggression across Different Samples. Spanish Journal of Psychology, 11, 480-487.

Sobre los autores:

 

 

 

Andreu Vigil Colet es profesor titular del área de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y director del Centro de Investigación en Evaluación y Medida de la Conducta. Sus investigaciones se centran en la medida y evaluación de las diferencias individuales en inteligencia, impulsividad y agresividad.

Fàbia Morales Vives es profesora lectora del área de Psicología Evolutiva y de la Educación (Departamento de Psicología) de la Universidad Rovira i Virgili. Ha publicado diversos artículos sobre impulsividad, agresividad y rendimiento académico, tanto en revistas nacionales como internacionales.

Jordi Tous Pallares es Profesor Titular de Universidad en el Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili y coordinador del Máster en gestión de Recursos Humanos de la Fundación URV.

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