La Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversos organismos internacionales han dado la voz de alarma sobre la necesidad urgente de considerar el Alzheimer y otras demencias como una prioridad en las políticas sanitarias a nivel mundial.

El envejecimiento progresivo de la población y el aumento de la esperanza de vida han precipitado el incremento de los casos de demencia, lo que supone un importante desafío para las sociedades actuales. En concreto, se estima que cada 7 segundos una persona es diagnosticada de esta condición.

La Psicología se ha adaptado también a esta creciente necesidad y cada vez son más los psicólogos que trabajan en el campo del envejecimiento y de la prevención y tratamiento del deterioro cognitivo.

 

Durante estos días (21, 22, 28 y 29 de noviembre), el Centro Asociado de Madrid de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) está impartiendo un curso titulado "Envejecimiento cognitivo y enfermedad de Alzheimer: pautas de evaluación e intervención".

Con el objetivo de ahondar en este tema, Infocop Online ha querido entrevistar para sus lectores a Ana Isabel Silva, psicóloga y tutora del Centro Asociado de Madrid, que participa como docente en este curso con el taller "Intervención dirigida a personas con quejas de memoria".

ENTREVISTA

El deterioro cognitivo es un problema que cada vez más preocupa a los ciudadanos, ¿cuál es el papel del psicólogo en este área de intervención?

Uno de los retos que se plantea actualmente a la sociedad es atender el proceso de envejecimiento de la población en todas sus facetas, tanto físicas, como psicológicas y sociales. Desde esta óptica, el trabajo con los mayores, debe abordarse desde una perspectiva multidisciplinar, que tenga en cuenta todas estas facetas.

El papel del psicólogo en este campo es básico, ya que su labor abarca diferentes formas de actuación. Una las funciones primordiales del psicólogo es la evaluación neuropsicológica y conductual de la persona mayor, con el fin de valorar los aspectos intelectuales y funcionales que pudieran estar mermados como resultado del proceso normal de envejecimiento, o por problemas más importantes, como trastornos psiquiátricos o alguna enfermedad neurodegenerativa. Junto a esta función de valoración, se encuentran las de intervención, prevención y mantenimiento de las capacidades a través de programas integrales, con el objetivo de mantener al máximo la capacidad funcional del mayor.

La actuación del psicólogo no termina con la evaluación y la psicoestimulación, sino que cubre también aquellos aspectos psicosociales que proporcionan un mejor ajuste de las personas mayores a su medio ambiente más próximo (familia, municipio, redes sociales, etc.). El asesoramiento y formación en la solución de problemas de la vida diaria, el tratamiento de problemas psicológicos como la ansiedad, la depresión - que en muchos casos tienen que ver con situaciones de aislamiento social -, son también objetivos del profesional de la Psicología.

Un cometido no menos importante es la atención a las familias y/o cuidadores informales de las personas mayores, en cuanto a orientación y atención psicológica.

¿Cuáles son las primeras manifestaciones del deterioro cognitivo asociado al envejecimiento y/o a la aparición de algún tipo de demencia?, ¿estos problemas están asociados a otras complicaciones psicológicas o físicas?

En general, con la edad hay una disminución en el rendimiento cognitivo, que en la mayoría de la población comienza a observarse entre los 50 y los 60 años, aunque este declive no sucede en todas las personas ni en todas las áreas por igual. En el envejecimiento normal, aún en el caso de que no exista deterioro alguno, suele haber determinadas alteraciones leves de memoria episódica, de atención y de acceso al léxico y, en general, una mayor lentitud en ejecución y solución de problemas, dificultades para el recuerdo de nombres, etc. Sin embargo, con el paso del tiempo, se observan pocos cambios y, además, no suponen un deterioro funcional.

En la mayoría de los casos, las dificultades cognitivas van acompañadas de complicaciones físicas y psicológicas. El incremento de enfermedades como hipertensión, artrosis, diabetes, etc., que merman la calidad de vida, con frecuencia producen depresión, ansiedad, y alteraciones en las relaciones sociales. Estos problemas en muchos casos pueden ser tratados y reversibles, mientras que en otros, son el indicio del comienzo de una demencia, generalmente de tipo Alzheimer, por lo que lo más importante es la evaluación temprana y, por supuesto, un seguimiento para ver la evolución de los cambios.

Sin embargo, hay otro tipo de envejecimiento patológico que se produce como consecuencia de enfermedades, hábitos no saludables y un déficit mental más acusado, que impide que la persona mayor pueda realizar las actividades de la vida diaria de una manera normal e independiente. Este tipo de deterioro puede evidenciarse en una disminución del rendimiento respecto a un nivel previo de la persona que, además, interfiere en su capacidad funcional. Las manifestaciones que pueden hacer sospechar que el inicio de una demencia son problemas de orientación espacial, dificultades en el recuerdo inmediato, olvidos frecuentes y, en general, conductas que interfieren en el desenvolvimiento normal de la persona en su medio habitual. Una valoración exhaustiva por parte del neurólogo y neuropsicólogo es crucial para detectar aquellos casos susceptibles de ser diagnosticados de demencia.

De acuerdo a su experiencia, ¿cuáles son las principales necesidades que presentan las personas que están sufriendo las consecuencias del deterioro cognitivo?

Las necesidades de las personas con deterioro cognitivo abarcan diferentes facetas: médicas, psicológicas, legales y asistenciales.

Una necesidad prioritaria es la evaluación de su estado de salud, así como la presencia de posibles enfermedades que provoquen un deterioro funcional. Este deterioro incapacita en muchos casos el desarrollo normal de las actividades básicas de la vida diaria. Las revisiones periódicas desde las consultas de Atención Primaria, -con el objetivo de establecer diagnósticos, acciones preventivas, adecuación de los tratamientos farmacológicos, etc.-, son básicas para el seguimiento de la evolución de estos pacientes.

Junto a la valoración del estado físico, se deben realizar también periódicamente evaluaciones neuropsicológicas, con el fin de detectar las áreas que presentan déficit, así como aquellas que están conservadas, y plantear cuanto antes programas de psicoestimulación cognitiva. Es muy importante también examinar los trastornos psicológicos que pueden estar influyendo en su capacidad funcional, como la depresión, la ansiedad, problemas conductuales, etc.

No menos importante es la necesidad del establecimiento de una red de apoyo social, ya que en algunas personas lo que subyace es una situación de aislamiento social que por sí mismos no pueden afrontar.

En lo que respecta a las familias, las necesidades son básicamente asistenciales y de orientación, formación en la prevención y solución de problemas relacionados con los cuidados de los mayores: habilidades para la mejora de la calidad de los cuidados, apoyo psicológico, estrategias de afrontamiento de los problemas suscitados por la propia convivencia, etc.

El asesoramiento legal es fundamental, tanto a la persona en concreto como a sus familiares, en cuestiones relacionadas con problemas de incapacidad, herencias, situación de dependencia y demás aspectos de tipo jurídico, ya que, en muchos casos, su desconocimiento puede acarrear problemas mayores.

Por último, e integrando a todas las facetas anteriores, se encuentra la necesidad del establecimiento de toda una red asistencial, que le ayude, de forma práctica y flexible, a llevar una vida activa y lo más independiente posible, así como a la agilización de los trámites de cara a la atención adecuada de los casos de dependencia.

En definitiva, las necesidades de los mayores con deterioro cognitivo requieren toda una labor multidisciplinar en aras a conseguir una mejor calidad de vida en aquellas personas que tienen mermada de alguna forma su capacidad de adaptación a la vida diaria.

 

¿Existen rasgos clínicos que puedan ayudar a predecir la evolución del deterioro cognitivo leve a demencia? ¿En qué momento es mejor iniciar una intervención para tratar los aspectos asociados a la pérdida de memoria y capacidades intelectuales?

Como decía anteriormente, el envejecimiento sano supone algún pequeño déficit en diversas capacidades funcionales y cognitivas, sobre todo, una mayor lentitud en el procesamiento cognitivo, pero en general no supone una merma en las actividades cotidianas.

El concepto de deterioro cognitivo plantea muchos interrogantes en cuanto a su definición, manifestaciones clínicas y diagnóstico, y cada vez interesa más el conocer cuáles son los límites entre las personas con un envejecimiento saludable y las que presentan problemas de funcionamiento cognitivo y funcional. Esta delimitación de los síntomas es importante de cara a un diagnóstico etiológico precoz, un pronóstico y un tratamiento adecuado.

Aunque existe mucha variabilidad en los comienzos, los síntomas iniciales de la persona con deterioro cognitivo leve (DCL) son quejas subjetivas de un bajo rendimiento cognitivo y funcional, verificado por sus familiares o cuidadores más próximos. Estas quejas no se refieren únicamente a la memoria; ya que también manifiestan episodios recurrentes de desorientación y una cierta dificultad de acceso al léxico, más marcada que en el envejecimiento normal. No obstante, existe una gran diversidad, ya que no en pocas ocasiones los síntomas abarcan otras capacidades cognitivas. De hecho, existe constancia de que existen diferentes subtipos de DCL: unas personas presentan problemas de memoria únicamente, otras tienen afectada una función cognitiva distinta de la memoria, (por ejemplo, la atención), y por último, hay personas que presentan un deterioro mnésico y de otras funciones (atención, praxias, etc.).

Hay que subrayar que cada subtipo de DCL puede tener una evolución y un pronóstico diferente, y el tiempo es el factor que indica si un DCL se convierte en demencia. Por todo ello, es muy importante el diagnóstico precoz para distinguir entre aquellas personas en las que el cuadro es "benigno" y aquellas en las que constituye el inicio de un proceso patológico progresivo, con el fin de plantear cuanto antes programas de intervención para tratar de mantener al máximo las capacidades conservadas, así como el planteamiento de planes dirigidos a solucionar, lo antes posible, los problemas derivados de la merma de funcionalidad en la vida diaria.

En el taller que presentará en el Curso sobre "Envejecimiento cognitivo y enfermedad de Alzheimer" va a tratar los aspectos básicos de la intervención psicológica dirigida a personas con quejas de memoria, ¿en que consiste dicha intervención? ¿Cuáles son los componentes básicos del programa? ¿Cuáles son los objetivos de este tratamiento?

El principal objetivo de este programa y, en concreto, de la realización del taller es superar algunos de los problemas derivados de los déficits en las capacidades cognitivas, atención, percepción, lenguaje, función ejecutiva, praxias, y fundamentalmente memoria. Este entrenamiento redunda en una mejora de las habilidades para solucionar problemas diarios, lo que supone una mejor calidad de vida. Además, a través de las sesiones del taller, se contribuye a potenciar las relaciones sociales y a disminuir el riesgo de que surjan otros trastornos asociados con el aislamiento, como puede ser la ansiedad y la depresión. Un aspecto muy importante del programa, que va asociado a estos problemas psicológicos derivados de las quejas cognitivas, es cambiar las actitudes negativas sobre los déficits, aumentar el sentimiento de competencia, mejorar el estado de ánimo y la autoestima de los participantes.

El programa consta de los siguientes objetivos: en primer lugar, la evaluación neuropsicológica, a fin de valorar el estado cognitivo; en segundo lugar, la realización del taller de entrenamiento (en el que se explican de forma general los procesos cognitivos y su relación con la memoria); la realización de actividades prácticas, que consisten en el aprendizaje y entrenamiento de estrategias de memoria encaminadas a la resolución de olvidos frecuentes; y, por último, la valoración de las expectativas previas de los participantes y de los resultados obtenidos, con el fin de evaluar el programa en cuanto a su contenido y estructura por parte de los profesionales que lo imparten.

Siguiendo con su programa de intervención, ¿a quién está dirigido especialmente?

El programa de intervención va dirigido a personas mayores de 60 años que presentan quejas o problemas de memoria, pero que no tienen un diagnóstico de demencia. Este colectivo se beneficia de un entrenamiento en las capacidades intelectuales, así como del aprendizaje y puesta en práctica del uso de estrategias de memoria que le ayudan a mejorar su rendimiento en tareas cotidianas.

Para terminar, ¿desea añadir alguna otra cuestión?

Incidir en que la realización de programas integrales de psicoestimulación de las capacidades cognitivas, así como la participación en actividades sociales, es primordial de cara a que los mayores tengan una vida activa que redunde en una mejor adaptación ante los problemas de la vida diaria.

Por último, desearía añadir que hoy en día tenemos un reto importantísimo en todo lo relacionado con el envejecimiento. La comprensión de los problemas asociados a esta etapa de la vida, tanto de salud como cognitivos, sociales, económicos, etc., requiere un esfuerzo por parte de la sociedad para conseguir una vejez participativa y saludable. En definitiva, requiere una actitud de empatía y un esfuerzo en la solución de los problemas que a veces lleva asociados el envejecimiento.

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